Más allá de Laura Borràs: la desconexión de Cataluña

Manel Manchón
8 min

El expresidente de la Generalitat Quim Torra no sabe muy bien qué ha pasado en Cataluña en los últimos 25 años. Enfrascado en su idea de la independencia, anclado en los años 30, conversando en sus sueños con sus amigos de Estat Català, Torra ha llegado a decir que la autonomía ha sido un obstáculo insalvable para poder aspirar a la independencia. Ha señalado que las instituciones de autogobierno han limitado las posibilidades para lograr un estado propio y que los propios funcionarios de la Generalitat personifican los límites para autogobernarse y que, incluso, pueden ejercer “la represión” contra el secesionismo. Parece que ha estado ciego a todo lo que ha pasado o que su fanatismo le impide abrir los ojos a la realidad.

Y es que ha ocurrido lo contrario a lo que señala Torra. Por eso lo que ha protagonizado el movimiento independentista en los últimos años se puede calificar de auténtica bendición para los demócratas, porque ha mostrado la cara más cruda del separatismo --ya se sabe qué puede llegar a hacer--, sin tantos subterfugios, los que se han utilizado desde la Generalitat, aprovechando el autogobierno desde la recuperación de la Generalitat. ¿Por qué? Porque han sido leyes aprobadas en el Parlament, a partir de la autonomía de la Generalitat, dentro del estado autonómico de España, las que han buscado la desconexión de Cataluña sin que los gobernantes españoles pusieran el grito en el cielo, porque no lo consideraban ni grave ni un precedente que se debiera combatir.

Se ha visto ahora con el caso de Laurà Borràs, la presidenta del Parlament, que ha obtenido una plaza de titular como profesora de la UB en la Facultad de Educació. Más allá de su particular carrera universitaria, de si se ha creado esa plaza para ella, lo importante es ver qué ha destapado. Borràs ha buscado una plaza como titular de la UB, como funcionaria del Estado, cuando lo que ha alentado la Generalitat, desde la Ley de Universidades de Cataluña (LUC), aprobada en 2003, es que los aspirantes a profesores se acogieran a los nuevos cuerpos que se crearon, como profesores contratados, dentro del Programa Serra Húnter. El nombre lo explica todo, y lo eligió el entonces secretario de Universidades, Andreu Mas-Colell, con quien guarda un parecido físico asombroso. Jaume Serra Húnter (Manresa, 1878-Cuernavaca, 1943) obtuvo en 1913, con solo 35 años, la cátedra de Historia de la Filosofía en la Universidad de Barcelona. Al proclamarse la Segunda República, fue nombrado decano de la Facultad de Letras y un mes más tarde rector de la universidad, entre 1931 y 1933, cuando recibe el nombre de Universitat Autònoma de Barcelona. ¿Qué se quiso cambiar? La universidad dio entrada, entonces, a personas de “mérito singular” para ejercer de profesores e investigadores, con la idea de contratar catedráticos de prestigio y profesionales especializados para que pudieran dar clases en igualdad de condiciones que los funcionarios.

Y es eso lo que se ha hecho desde la Generalitat desde la ley de 2003 y aprovechado lo que permitía la ley estatal del Gobierno del PP en aquel momento, que tenía aires liberalizadores que encajaban con la filosofía de Mas-Colell. La llamada LOU, Ley Orgánica de Universidades, permitía a cada universidad hasta un 49% de profesores no funcionarios. Se establecía, por parte de la Generalitat, y por primera vez desde los tiempos de la Segunda República, categorías laborales estables de profesorado contratado, con las figuras de catedrático, agregado y profesor colaborador permanente.

Hubo objeciones por el conjunto de la ley por parte del Tribunal Constitucional, tras un recurso del Gobierno, pero se acabaron levantando los artículos que se habían considerado más problemáticos. Y ser funcionario del Estado en Cataluña comenzaba a verse como "una disfunción", de la misma manera que se ve el cuerpo de la Guardia Civil, cuando ya están como policía integral los Mossos d'Esquadra.

Las facultades han seguido reclamando plazas de titulares, como funcionarios del Estado, que se conceden, pero con cuentagotas por parte de los rectorados. Laura Borràs ha tenido suerte ahora, después de no obtener una plaza como titular en la Facultad de Filología –la suya— a finales de los 90, y de no lograr otro intento como profesora agregada en los últimos años del procés soberanista.

La indignación entre el profesorado de la UB es manifiesta, más que por la propia figura de Borràs, por la política seguida por la secretaria de universidades de la Generalitat, que ha ido promocionando las plazas del programa Serra Húnter, para dejar la universidad catalana, poco a poco y de forma constante, sin funcionarios del Estado. Con profesores contratados por la Generalitat, con la posibilidad de ser despedidos en función de necesidades financieras de cada universidad, y con la opción también de recibir presiones políticas –los rectores de las universidades públicas han apoyado a Òmnium Cultural para pedir la amnistía de los políticos independentistas presos— la razón de ser histórica de la Universidad pierde peso en Cataluña. Lo que era y podría ser un elemento de modernidad y acercamiento a un modelo anglosajón –esa fórmula tiene enormes detractores, pero también muchos defensores— se puede convertir en una gran palanca para el independentismo en los próximos años.

Se trata de aprovechar todos los resortes autonómicos para la desconexión, para lograr estructuras de estado, sin que el Gobierno central de turno se ponga nervioso. Mientras se han cazado moscas en Madrid, en Cataluña se iban dando pasos en la dirección contraria, lo que muestra el grado de deslealtad y de traición que supuso el movimiento que culminó en el otoño de 2017.

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¿Quién es... Manel Manchón?
Manel Manchón

Periodista barcelonés, especializado en política y economía. Jefe de la sección de Opinión y del cultural Letra Global.