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La dura profesión de periodista en Andorra

Xavier Salvador
5 min

Cuando un país debe recordar que ya es demócrata, que dejó de ser paraíso fiscal y que la justicia lo es, algo va mal. De entrada por lo que respecta a su credibilidad, ya que tanta repetición prueba que el fondo del asunto no es tan diáfano visto desde fuera.

Reflexiono sobre esto porque ayer mismo, en Andorra, se produjo un debate organizado por la Asociación de Profesionales de la Comunicación del país (APCA) a propósito de la libertad de expresión en Andorra. Justo ayer martes se celebraba el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Reflexionar, debatir, analizar, compartir y proponer es sanísimo, pero mucho me temo que los colegas andorranos siguen organizando este tipo de actividades porque la libertad de expresión la sienten comprometida, seriamente amenazada en el pequeño principado pirenaico.

Darle un vistazo a la morfología de su ecosistema comunicativo es terrible: los medios públicos audiovisuales en poder del Gobierno y el resto de medios privados en manos de las grandes familias banqueras del país que controlan a su antojo el relato sobre el país, su eventual modernización o la presunta democratización de la quieren hacer gala desde su gobierno montañés.

Medios públicos en manos del Gobierno y medios privados en poder de la banca

En el último año, Andorra ocupó la posición 33 en un ranking mundial elaborado por Reporteros sin Fronteras que mide la libertad de información mundial. Ha bajado una posición con respecto al año anterior y me atrevo a decir que los autores de la clasificación han sido incluso benevolentes. 

Si hacer de periodista en España ya tiene sus riesgos (visitas constantes a los juzgados para atender demandas propagandísticas que los jueces casi nunca cursan, amenazas, presiones políticas y económicas…), en Andorra es épico. Siempre hay algún valiente, pero por lo general los colegas del país vecino han sido poco dados a airear la debacle de su sistema financiero, la vulneración de derechos humanos con el injustificado abuso de la prisión preventiva para el que fuera CEO de BPA, la relación de su titular de Finanzas con los llamados Papeles de Panamá, la nula búsqueda de responsabilidades políticas en todo lo acontecido con la nota de la Fincen estadounidense o sus consecuencias y así un largo etcétera de cuestiones orilladas, tratadas como en un régimen lejano al occidente del que se proclaman formar parte. 

El manto de silencio que se cierne sobre los medios andorranos –ensimismados la mayoría en analizar con detenimiento cualquier acontecimiento local de índole menor o costumbrista–, es la muestra más evidente de que el periodismo sólo sirve cuando pone el foco sobre los poderes, examina y analiza documentos, contextos y es capaz de cazar abusos de los poderosos, sean gobernantes o poderes económicos. La prensa del Principado ha digerido con enorme facilidad que el ministro de Finanzas del país (el que debiera dar la cara por el deterioro económico que se ha vivido entre las montañas y que pone en riesgo el futuro de sus 75.000 habitantes), Jordi Cinca, haya mantenido contactos con organizaciones y empresas sobre las que planean ciertas sospechas. Todo se ha saldado con una artimaña de Cinca que vino a decir con antelación que su nombre saldría vinculado a Panamá y se acabó la historia. Quienes hemos ejercido el periodismo local sabemos lo difícil que resulta informar sobre personas a las que vas a ver cada día o de forma muy frecuente. Pero justo ese es uno de los activos de buenos profesionales que arriesgan mucho más que su empleo en muchos medios de comunicación del mundo.

Ayer no fue un gran día para la prensa andorrana. Fue un día más. No se festejó como en el resto del planeta que la libertad de información real es un derecho profesional, pero sobre todo de la ciudadanía que la recibe y puede gozar de ella como un elemento de control y evolución democrática de una sociedad. Aunque algún compañero pueda sentirse molesto, no estamos solo ante una cuestión relativa a la propiedad de los medios o a las presiones que se reciben. También es una cuestión de arrestos y valentía. En esa actitud, cuenten con todo nuestro apoyo.

 

 

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¿Quién es... Xavier Salvador?
Xavier Salvador

Pese a nacer en Barcelona en un ya lejano 1965, he acabado siendo un tipo de pueblo. Hoy ejerzo como consejero delegado de CRÓNICA GLOBAL después de haber dado bandazos periodísticos por ahí durante años (El Observador, Diari de Barcelona, El Periódico, Economía Digital...). He escrito dos libros. El más leído, Pujol KO, junto a varios autores. Del otro (El yugo milenario) es del que me siento más orgulloso, pero fue un divertimento intelectual de otro tiempo y otro lugar. Me gustan las personas auténticas, trabajar en equipo, la familia y el buen vino. Bonhomía, digitalización y periodismo en estado puro, vamos.