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La 'kale borroka' de Artur Mas

Manel Manchón
6 min

Para salir de una situación de conflicto lo esencial es que se pueda establecer un consenso sobre el diagnóstico, sobre qué ha ocurrido y por qué. Y en eso las diferencias son todavía enormes. Se ha instalado un discurso, protagonizado por el independentismo, que acusa al Estado, a los partidos de ámbito estatal, de no aceptar un principio democrático. Si el independentismo tuviera amplias mayorías, contundentes, ¿qué vía democrática tendría para llevar a cabo su proyecto? Es cierto que eso se debería abordar, y el precedente de la sentencia del Tribunal Supremo del Canadá sobre la petición de Quebec es oportuno.

Pero ese debate deja de lado el asunto principal: la situación catalana se desborda por la incapacidad, por la dejación de responsabilidades de sus gobernantes, porque éstos, viendo lo que llegaba --una ola de indignación ante una crisis económica de enorme envergadura-- prefirieron optar por un proyecto político que lograba un enemigo común, ese conglomerado al que llaman Madrid.

Los hechos de junio de 2011 en el Parlament son determinantes, pero no se quiere aceptar

Todos tenemos nuestros entornos, todos conocemos casos singulares. Pero hay un denominador común: el autónomo que cae en picado; el profesional liberal que es consciente de que nada será igual; el empresario que ha tenido que despedir personal... Todos ellos tomaron la bandera del derecho a decidir y del independentismo como una fórmula ilusionante, para abordar con cierto optimismo el futuro. Y sí, no nos engañemos, siempre ha existido un núcleo estructural de independentistas. Lo eran, lo son y defenderán lo mismo aunque el autogobierno sea prácticamente el mismo que el de un Estado confederal. Es legítimo, es un proyecto político que existe. 

Por eso hay que ir al lugar de los hechos, al momento culminante. A junio de 2011, cuando el Govern de Artur Mas tuvo que aterrizar en helicóptero en el parque de la Ciutadella, para aprobar los presupuestos en el Parlament. Los accesos estaban bloqueados por manifestantes que mostraban su enorme cabreo por los recortes en todas las materias sociales más sensibles que había acometido el Govern de Artur Mas, y que su consejero de Economía, Andreu Mas-Colell, explica con todo lujo de detalles y admite en su libro Turbulències i tribulacions.

Mas calificó a los manifestantes de "auténticos cafres" y pidió que actuara la Fiscalía en... 2011

Artur Mas no se cortó, y estaría bien ahora que todo el independentismo reflexionara sobre sus palabras de aquel momento. Enojado, en la sesión de control en el Parlament, el 16 de junio de 2011, calificaba de “kale borroka” el asedio al Parlament del día anterior. “Espero que esto no acabe sólo en el ámbito de la Fiscalía, sino que pase a los tribunales y haya un castigo ejemplar para aquella gente que cometió un atentado flagrante contra nuestra democracia y nuestro Parlament”, tras calificar a los manifestantes de “auténticos cafres”. Sin embargo, el independentismo censura que se pueda hablar de “kale borroka”, cuando otros manifestantes han asediado delegaciones o subdelegaciones del Gobierno.

A partir de aquel momento, el Govern de Mas cambió sus prioridades. Quiso gestionar, quiso gobernar, pero percibió que lo tendría complicado, y optó por dejarse llevar, por animar y, después, sumarse al carro de la reivindicación y del referéndum de autodeterminación.

Lo explica Mas-Colell, no hace falta interpretar nada. Dice el exconsejero de Economía, dando cuenta de los dos relatos que se construyeron: “El asedio al Parlament representa en una sola imagen el choque de relatos que se produjo durante la crisis: los que atacaron todo lo que los gobiernos realizaban para luchar contra la crisis y que estaban plenamente convencidos de la naturaleza malvada y opresora de los gobernantes, frente a los representantes de la voluntad popular que, en Cataluña, como en todos los sitios, intentaron salir de la crisis de la mejor manera posible, siempre convencidos de que les había tocado lidiar con el asunto más antipático para un político, que es distribuir el empobrecimiento en lugar de distribuir el enriquecimiento”.

No hay valentía para asumir una rectificación, para explicar que todo fue un enorme error

Podían haber sido responsables, mantener el pulso, escuchar y gestionar mejor ese empobrecimiento, tener cintura y asumir que los compromisos electorales a veces es mejor dejarlos en un cajón --no eliminar el impuesto de sucesiones, por ejemplo-- y asumir que gobernar --toda la sociedad debería también valorar más lo que significa eso-- es ingrato en muchas ocasiones.

Sin embargo, la opción fue otra. Y ahora no hay valentía para reconocer que es necesaria una rectificación en toda regla, y que se debe volver a gobernar, con humildad, explicando a los suyos que se trató de un proyecto erróneo, equivocado, que no llevaba a ninguna parte. ¿Lo harán en algún momento?

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¿Quién es... Manel Manchón?
manel manchon

Periodista barcelonés, especializado en política y economía