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El lema que ha hecho fortuna tras los atentados de Barcelona y Cambrils es No tengo miedo (No tinc por, en catalán). Será, también, el lema que protagonizará la manifestación de este sábado por las calles de Barcelona. Está bien escogido para mostrarle al mundo entero que no hay rendición ante la barbarie terrorista. A unas horas de esa manifestación y, habida cuenta de los hechos que vamos conociendo en los últimos momentos, entiendo que para muchos catalanes sería más apropiado sustituirlo por Tengo pánico (Jo tinc pànic). ¿Por qué? Sintetizo algunas razones:

  • La descoordinación policial que se ha conocido entre Mossos d’Esquadra, Guardia Civil y Policía Nacional no genera tranquilidad. Los dirigentes políticos del Gobierno de la Generalitat minimizan esa cuestión y se afanan en destacar que la policía autonómica es integral y ha demostrado capacidad de resolución ante un ataque como el vivido el 17 y 18 de agosto. Lo cierto, sin embargo, es que los fallos preventivos y en parte los del operativo de apresamiento de los terroristas no llevan a esa misma conclusión: la actuación no fue del todo correcta.
  • Que los diferentes órganos de inteligencia que trabajan sobre la amenaza yihadista no tuvieran datos suficientes para impedir el atentado tampoco es para tumbarse a tomar el sol y olvidar lo sucedido. Tanto el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) como las divisiones o áreas especializadas de las tres policías han fracasado con estrépito en las tareas de prevención y detección previa. Eso es ya un hecho incuestionable. El imán de Ripoll se paseaba por Cataluña como Pedro por su casa mientras reclutaba y adoctrinaba terroristas para su causa.
  • Como analicé en un artículo anterior, el operativo policial tras los ataques tampoco resultó de una limpieza óptima. No sólo porque un fugitivo rebasara un control policial y pasará casi 100 horas huido, sino porque los contactos de los Mossos con los terroristas se saldaron con la muerte de todos ellos, sin ningún apresamiento que sirviera como fuente de información. No se trata de participar de una oleada mediática contra los Mossos, como denuncian los consejeros del Ejecutivo catalán, sino una constatación que ahora empieza a demostrarse cierta: la juez que intervino en Alcanar avisó y la policía belga mantuvo contactos, cosas ambas ya corroboradas.

Es imposible no tener miedo ante el uso político que el nacionalismo inició desde el minuto uno de los atentados de un hecho de tal gravedad. No perdieron ni un minuto en mostrar autosuficiencia político-administrativa, como si eso fuera lo que preocupa a los ciudadanos y potenciales víctimas de estas brutales acciones o a las víctimas de lo sucedido. Tampoco se entiende que las administraciones catalanas hayan exaltado tanto el papel de los funcionarios policiales autonómicos (que inmediatamente recibirán el elogio del Parlamento) y se hable tan poco, o casi nada, de las víctimas. Pero hay más.

Es imposible no tener miedo ante el uso político que el nacionalismo inició desde el minuto uno de los atentados de un hecho de tal gravedad

  • La manifestación del sábado podría ser la primera en muchos años en las que todos los catalanes pudiéramos compartir el espacio público para reivindicar la paz, el fin de la barbarie y la repulsa más unánime al terrorismo, cualquiera que sea su motivación. Podríamos compartir la calle con independencia de nuestras creencias, ideologías, voto o saldo de la cuenta corriente. Y, sin embargo, dudo de que esa movilización ciudadana no incorpore el subyacente mensaje de que Cataluña avanza hacia un Estado propio. No sólo por los símbolos que allí se exhiban, sino por la propia elección del lema, los preparativos partidarios, las idas y venidas de la CUP...

Sí, lo políticamente correcto resultaría decir Jo no tinc por. Pero sería faltar a la verdad. Jo tinc pànic. Es lo que sale de dentro.

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¿Quién es... Xavier Salvador?
Xavier Salvador

Pese a nacer en Barcelona en un ya lejano 1965, he acabado siendo un tipo de pueblo. Hoy ejerzo como consejero delegado de CRÓNICA GLOBAL después de haber dado bandazos periodísticos por ahí durante años (El Observador, Diari de Barcelona, El Periódico, Economía Digital...). He escrito dos libros. El más leído, Pujol KO, junto a varios autores. Del otro (El yugo milenario) es del que me siento más orgulloso, pero fue un divertimento intelectual de otro tiempo y otro lugar. Me gustan las personas auténticas, trabajar en equipo, la familia y el buen vino. Bonhomía, digitalización y periodismo en estado puro, vamos.