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‘Caixabankia’ o la reaparición de Fainé

Xavier Salvador
9 min

Menorca, agosto de 2020, primera quincena. Entre relajadas comidas y cenas familiares, el banquero número uno de España tras la desaparición de Emilio Botín evacua también llamadas telefónicas y algunas citas. Este año, la isla balear ha sido un punto de encuentro más habitual del Ibex y de notables de diferentes ámbitos. El presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete; el de ACS y el Real Madrid, Florentino Pérez; políticos del nacionalismo soportable ya retirados como Xavier Trias y gastrónomos y cazadores de capital como Josep Maria Sanclimens estuvieron por los alrededores de la residencia insular del protagonista de la gran noticia financiera de 2020.

Los primeros 15 minutos de cualquier encuentro con Isidro Fainé Casas (Manresa, 1942) son determinantes para comprender qué circula por la mente del hombre de negocios más singular y poderoso de España. Un cuarto de hora para comprender sus idas y venidas, sus filias y fobias y sus intereses en cada momento acostumbran a ser las únicas claves que el catalán muestra someramente y deja entrever a quienes intentan anticipar sus movimientos o sus estados de opinión.

Desde hace años, Fainé habla bien, muy bien, de José Ignacio Goirigolzarri. En términos profesionales podría decirse que el directivo de Manresa está enamorado del vasco. Goiri le parece el mejor gestor bancario del país. Ha vivido fusiones, guerras de poder entre clanes poderosos del BBVA y, con sencillez y sin exabruptos, ha salido airoso. El último de todos ellos ha sido trabajar para el Estado convirtiendo la quebrada Bankia en un banco competitivo y recuperable.

En otros tiempos, por ejemplo con Jordi Pujol al mando del barco catalán, Fainé hubiera pasado por el confesionario del político antes de dar paso alguno. Con un Gobierno de la Generalitat inexistente, era suficiente con que Nadia Calviño Santamaría (A Coruña, 1968), vicepresidenta del Gobierno y ministra de Economía, conociera sus intenciones y las bendijera.

Sus conversaciones menorquinas dieron pistas a los más iniciados sobre las maquinaciones futuras del presidente de la Fundación Bancaria La Caixa, entidad dueña del mayor paquete accionarial de Caixabank y de Criteriacaixacorp. Los primeros minutos versaban casi siempre sobre el presidente del banco. Jordi Gual Solé (Lleida, 1957) era la incógnita de una ecuación que Fainé estaba a punto de aplicar por la vía de la absorción de Bankia.

También un verano, apenas hace cuatro años, Fainé propuso a Gual ante el Banco Central Europeo (BCE) para presidir Caixabank. Aunque parezca poco tiempo ha sido suficiente para que maestro y discípulo se hayan distanciado silenciosamente. Tres han sido las razones: la política, los dividendos y la confusión de papeles. La presión que ha sufrido Fainé en toda España, pero también en Europa, con el procés ha sido mayúscula. Ha sido acusado de connivente, cobarde y hasta colaboracionista. No solo respondió con los traslados de sedes sociales fuera de Cataluña. Muchos cambios posteriores en sus entornos directivos han tenido que ver justamente con una decidida voluntad de distanciar al grupo que comanda de cualquier coquetería secesionista. El grupo La Caixa es inequívocamente español e indiscutiblemente constitucionalista. Si alguien albergaba dudas, la operación con Bankia puede dejarlo más claro. Gual, sin embargo, le había cogido gusto a pasear su tarjeta por los cenáculos políticos nacionalistas. Profesional del entorno personal de Artur Mas (aquel político astuto que acuñó un histórico: “¡Que no nos traten de tontainas, los bancos extranjeros se van a pelear para estar en Cataluña!”), el presidente del banco catalán ha participado durante su presidencia en algunos cenáculos de perfil nacionalista que volvían a sembrar dudas sobre la higiénica independencia del grupo.

La caída en desgracia de Gual tiene además otra explicación en esta poliédrica y silenciosa descomposición: confundió su rôle. Si alguien le preguntaba no dudaba en recordar que el banco y la fundación propietaria eran cosas distintas. Que el BCE le había encomendado acometer inequívocas políticas de buenas prácticas que separaran una dimensión de la otra. Quien había sido escogido para ejercer como presidente florero (institucional, un chairman) olvidó sus orígenes. En el entorno de Fainé algunos se preguntan: ¿suponía eso en la práctica que el banco iba a volar solo? O, todavía más sangrante: ¿fue informado Fainé de que Caixabank modificaba su política de dividendos poniendo en riesgo su adorada obra social? ¿Estaba de acuerdo el representante del primer accionista con esa decisión o el consejo de administración del banco se había emancipado?

El fair play de Fainé y del propio grupo proporcionarán un buen acomodo a Gual en el conglomerado sistémico resultante de la absorción de Bankia, pero ya toda España y el sector financiero al completo son conocedores de que ambos silban canciones distintas. Ninguna de amor, por cierto.

La futura Caixabankia tendrá muchas virtualidades desde un análisis financiero y de mercados. Si prospera, además, cerrará muchas bocas: las de aquellos que daban por amortizado a Isidro Fainé por razones de edad o de dedicación a la filantropía y a su cristiana obsesión por lo social. Se equivocaron. Es el gran muñidor de la operación que alumbrará a un gigante bancario en el mercado español. El diseño ha vuelto a ser cosa suya (con Jorge Lucaya siempre entre las sombras), como tantas otras decisiones menos conocidas. Algunas incluso con dudas sobre la mesa, como el papel de Criteria, un instrumento societario que aún debe decidir qué pretende ser cuando sea adulto y acabe de llenar la caja, si un fondo de inversión, una incubadora de startups o una tenedora de acciones de perfil patrimonial.

La inopinada resurrección de Fainé ha cogido a muchos en España con el paso cambiado. Los primeros, sus detractores –con campañas sibilinas desde sectores del independentismo–; los segundos aquellos que le dieron anticipadamente por muerto desde que se dedicó en lo profesional a la fundación (lo que el propio interesado denomina “servicio”). Pero el manresano no estaba muerto, estaba de parranda, y menuda preparaba para recuperar el foco.

Por si eso fuera insuficiente, los cambios recientes que ha implementado no han sido del agrado de quienes se habían acostumbrado a años de inmovilismo. Otros, los Masanell, Nin, Rosell, Giró, García Bragado et alter deberán esperar al cumplimiento de sus negativas profecías. El banquero ha regresado y, con Goiri del brazo, aún pueden acontecer muchas cosas en Naturgy, Suez, Telefónica… Incluso en el Barça. Quién sabe si hasta en el solterón Banco de Sabadell.

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¿Quién es... Xavier Salvador?
Xavier Salvador

Pese a nacer en Barcelona en un ya lejano 1965, he acabado siendo un tipo de pueblo. Hoy ejerzo como consejero delegado de CRÓNICA GLOBAL después de haber dado bandazos periodísticos por ahí durante años (El Observador, Diari de Barcelona, El Periódico, Economía Digital...). He escrito dos libros. El más leído, Pujol KO, junto a varios autores. Del otro (El yugo milenario) es del que me siento más orgulloso, pero fue un divertimento intelectual de otro tiempo y otro lugar. Me gustan las personas auténticas, trabajar en equipo, la familia y el buen vino. Bonhomía, digitalización y periodismo en estado puro, vamos.