‘Eppur si muove’ (y habrá indultos)

Cristina Farrés
5 min

Los indultos no resolverán por sí solos el problema político que arrastramos desde hace una década en Cataluña. El de un proceso independentista que se ha querido llevar adelante como una ruptura abrupta, la unilateralidad, sin tener en cuenta que en el mejor de los casos contaría con el favor del 50% de la ciudadanía. De hecho, hemos necesitado seis años para que un presidente de la Generalitat reconozca en su discurso de toma de posesión que hay muchos catalanes (la otra mitad) que no comparten su proyecto secesionista.

El cambio de tercio del nuevo mandatario catalán, Pere Aragonès, puede parecer de mínimos. Aun así, para las voces más radicales del independentismo supone toda una rendición. ERC también engrosa ahora la lista de botiflers a la patria catalana.

Avanzar para superar la situación de conflicto político permanente en este contexto es complejo, y por muchos mensajes que se lancen en este sentido, los actuales ocupantes de la plaza Sant Jaume hacen tantos equilibrios para no parecer que están haciendo exactamente lo que están haciendo que llegan muchas veces a lo absurdo. Cuestión tan extravagante como la necesidad de ciertos miembros del Govern de reivindicar de forma pública su apoyo a la secesión. Los complejos que arrastran de forma pública.

Los indultos han pasado factura a un Perdo Sánchez que ni con los datos del último CIS en la mano se apeará de la medida. Quiere transcender como la persona que desbloqueó el diálogo con Cataluña y mañana estará de nuevo en Barcelona para reiterar su apuesta personal por esta vía. Lo hará en un acto en el Liceu y tras haber recibido el aval incuestionable de un empresariado catalán harto con la situación. Extenuado de un inmovilismo institucional que afecta, por mucho que se quiera argumentar que se ha llegado a la italianización, y que da alas a los populismos. Especialmente los que han arrollado la colaboración público-privada y amenazan con orillar incluso los proyectos de los Next Generation.

Los indultos por sí solos no son la solución, pero el hastío y el agotamiento de repetir el estancamiento de la legislatura anterior urgen algún movimiento. La reunión del Círculo de Economía de esta semana ha sido un buen termómetro del optimismo con el que el mundo económico catalán recibe la nueva etapa que se abre en Cataluña. 

También pasó por la reunión del lobi que preside Javier Faus el líder del PP, Pablo Casado, y la valoración fue bastante unánime. El discurso económico gusta, y mucho; su perfil de político hábil, con fondo y con mucho futuro, se reconoce; pero se le exige más sensibilidad con la realidad catalana. Especialmente, con la situación económica del territorio.

Desde Barcelona, se le pide no repetir errores del pasado. Como el que narra en sus memorias el presidente del Teatro Real, Gregorio Marañón, sobre la decisión de Mariano Rajoy de cancelar una mesa de negociación con Artur Mas para negociar cómo mejorar la fiscalidad catalana y que contaba con la intermediación de César Alierta e Isidro Fainé. La petición desde Cataluña es que no se regrese a la política del estafermo ni de ceder el rumbo de la oposición a las luchas internas del partido. La presión que ejerce la presidenta de la Comunidad de Madrid, una Isabel Díaz Ayuso a la que se reconoce su olfato político, pero a la que se le afea un populismo que la lleva incluso a poner en la diana al jefe del Estado al contagiarse de los ánimos de la última manifestación de Colón.

En Cataluña se ha empezado a mover algo. La recuperación económica que se espera va de la mano de un clima de cierto optimismo político, un rasgo muy significativo si se compara con el pasado más reciente. Se habla incluso de unos Happy Twenties más acusados en el territorio. Esperemos que tengan un mejor final.

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¿Quién es... Cristina Farrés?
Cristina Farrés

Periodista. Especialista en economía. Directora de Crónica Global desde el 1 de enero de 2020.