De guerras de independencia, policías sin vacunas, corrupción y TV3

Alejandro peque bw 2
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Cuando pensábamos que ya lo habíamos visto todo, el Consell per la República, el chiringuito inventado por el fugado Puigdemont para su mayor gloria, se ha vuelto a superar. Los protectores de las esencias más puras del procés han recomendado como lectura para este Sant Jordi --día del libro-- la declaración unilateral de independencia (DUI) del 27 de octubre de 2017 (es decir, la segunda DUI, después de la de los ocho segundos del 10 de octubre).

Este episodio solo es una grotesca y esperpéntica boutade más de la larga lista que han protagonizado los líderes secesionistas. Pero deja claro cuáles son sus intenciones: destruir cualquier iniciativa orientada a restaurar la convivencia en Cataluña.

En los últimos días hemos visto algunos ejemplos al respecto. La ANC, uno de los actores más influyentes en el ámbito nacionalista, acaba de anunciar la celebración del Congreso de Independencias Unilaterales para dentro de dos semanas.

Lo más relevante del evento es que se promociona apelando a la independencia de Eslovenia como un ejemplo a seguir (algo que ya hizo el expresidente autonómico Quim Torra hace dos años y medio). Y esto es significativo porque aquel proceso de separación del país balcánico se basó en un enfrentamiento armado con decenas de muertos y cientos de heridos. Un claro aviso a navegantes por parte del nacionalismo catalán radical.

Tan grave como lo anterior es la inaceptable discriminación de la Policía Nacional y la Guardia Civil en Cataluña por parte de la Generalitat. Mientras casi la totalidad de los mossos d’esquadra y de los policías locales han sido vacunados contra el Covid, apenas un 15% de los agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil destinados en esta comunidad --unos 1.100 de los 7.300-- han recibido el antídoto (frente a cerca del 80% en el resto del país). Y esta era una responsabilidad del Ejecutivo autonómico.

La situación es tan grave que incluso la moderadísima y prudentísima ministra de Sanidad, Carolina Darias, se vio obligada a subir el tono de su intervención y poner en su sitio a la senadora de ERC Mireia Cortès esta semana durante una comparecencia en la Cámara Alta. Darias anunció que, ante la dejadez de la Generalitat, el Gobierno se encargaría de vacunar por su cuenta a los agentes desamparados.

El desprecio de la Generalitat hacia los policías nacionales y guardias civiles es digno de desalmados sin escrúpulos. Y la principal responsable de este abandono y menosprecio es la consejera de Salud, Alba Vergés. Tal y como están las cosas, no es descartable que la dirigente de ERC opine sobre estos agentes algo parecido al epidemiólogo estrella del independentismo, Oriol Mitjà, cuando dice que los policías se asemejan a los criminales en las "alteraciones genéticas que predisponen a la violencia". Un fenómeno, el científico este.

Mientras tanto, conocíamos el escandalazo de las multimillonarias ayudas concedidas por la Generalitat al Grupo DiR. La Consejería de Empresa y Conocimiento, en manos de Ramon Tremosa (JxCat), ha otorgado préstamos por 2,6 millones de euros a la cadena de gimnasios para evitar su quiebra. El rescate supone casi un tercio del total presupuestado por el Govern para la reactivación industrial.

Estas cifras ya son de por sí sospechosas. Pero lo son aún más por el hecho de que el principal accionista de la empresa, Ramon Canela, es íntimo de Pujol, socio de su hijo Josep y expareja de la diputada de JxCat Pilar Calvo. Incluso Marta Ferrusola fue presidenta de la Fundació DiR. CDC despareció asediada por los escándalos de corrupción. Pero las prácticas de trato de favor a sus amigos parece haberlas heredado de forma inmutable el partido de Puigdemont. Un nuevo escándalo que coincide con la confirmación de la Audiencia Nacional de juzgar al clan Pujol por formar una organización criminal.

Tampoco podemos olvidarnos del documental sobre el juicio del procés producido por Jaume Roures y cuyos dos primeros capítulos se emitieron el domingo pasado en TV3. Más allá de que Mediapro haya facturado 440.000 euros del ala por las ocho entregas --David Madí, mediante, como quedó claro en las escuchas de la operación Voloh--, la cinta no tiene desperdicio. Es difícil encontrar una tergiversación mayor que la realizada en El Judici. Ya ni siquiera se molestan en disimular que se trata de un rancio ejercicio de proselitismo indepe pagado a precio de oro.

Recomiendo encarecidamente su visionado a quienes todavía creen que el problema del nacionalismo catalán se resolverá con diálogo y con una nueva dosis de estrategia del contentamiento.

Ensoñaciones independentistas desde Waterloo; apelaciones a una guerra de independencia en la ANC; brutal y peligroso menosprecio hacia la Policía Nacional y la Guardia Civil desde la Generalitat; trato de favor de JxCat con los empresarios convergentes de toda la vida, y TV3 desenfrenada con la propaganda a toda máquina.

Y así todas las semanas.

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¿Quién es... Alejandro Tercero?
Alejandro tercero carné

Es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Barcelona (UB) y Agente de la Propiedad Inmobiliaria (API). Ha realizado estudios de Periodismo Digital en la UOC. Ha desarrollado su labor profesional en el ámbito del periodismo político y de la comunicación empresarial. Dirigió el digital La Voz de Barcelona --diario del que fue cofundador en 2008-- hasta su fusión con Crónica Global, en 2013. Ha presentado y dirigido el programa Voces, en Radio Intereconomía Cataluña. Ha participado o participa en tertulias sobre actualidad política en TV3, Catalunya Ràdio, RNE-Radio 4, TVE-Cataluña, RAC1, BTV, Televisió Badalona, Radio Intereconomía Cataluña, Canal Català TV y Cuatro. Es coautor de los libros Cataluña. El mito de la secesión (2014) y Así se escribe en digital (2020).