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Asumen competencias que no les corresponden y paran los golpes dirigidos a la Generalitat, pero el extraño agradecimiento de Quim Torra a los alcaldes que están al pie de cañón en esta crisis del coronavirus es una carta en la que les insta a que pidan dinero a papá Estado. Nada nuevo bajo el sol. Tratar a los ayuntamientos, especialmente los situados en el cinturón rojo, como un contrapoder es lo que llevó a Jordi Pujol a cargarse la Corporación Metropolitana en 1987. El granero de votantes neoconvergentes está en la Cataluña interior, mimada por el nacionalismo tanto en forma de subvenciones como en obras públicas de las que se ha beneficado más la red clientelar de CDC que el propio ciudadano.

A pesar de esa pugna territorial y de ese favoritismo político, los ayuntamientos han dado prioridad a la proximidad y el bien común. Incluso los consistorios ideológicamente más recalcitrantes han pasado por alto determinadas consignas y han optado por pactos municipales que han reventado las costuras identitarias de Quim Torra ahora y Carles Puigdemont antes. Lo vimos en las últimas elecciones municipales, cuando el presidente catalán se dedicó a hacer llamadas al orden a dirigentes locales díscolos. Recuerden cómo la lió en Santa Coloma de Farners (Girona), donde reside parte de su familia, cuando su candidata negoció un pacto con el PSC.

También ahora los alcaldes neoconvergentes comienzan a darse cuenta de que la pugna Generalitat-ayuntamientos les perjudica. El ejemplo más paradigmático es el del alcalde de Igualada, Marc Castells (PDeCAT), quien ha pasado de hacer tándem con la consejera de Salud, Alba Vergés, para atacar al Gobierno español, a sacarle los colores a la Generalitat por la falta de ayuda en un confinamiento total que huele a banco de pruebas preelectoral. Harto de ejercer de conejillo de indias, Castells se ha rebelado. Puede que también ahí haya un pulso partidista entre PDeCAT y Puigdemont, enfrascados en buscar un candidato para las elecciones catalanas. Pero lo sucedido en Igualada demuestra que, a nivel local, no todo es blanco o negro. Que los maximalismos no sirven de nada, pues en situaciones críticas, el ciudadano quiere más calor y menos color político.

Alcaldes y concejales son abordados en la calle por ciudadanos que quieren soluciones, no problemas. Suelen tener pocos recursos y muchos fuegos que apagar. De ellos dependen unos servicios sociales colapsados ante esta epidemia del Covid-19. Nadie ha nacido enseñado en materia de alarma sanitaria, y menos en esta pandemia que no entiende de fronteras, clases sociales o preferencias ideológicas. El único que entiende de eso en estos momentos en Cataluña son Torra y Puigdemont, mientras Ciudadanos y PP, quienes habían endurecido su discurso en los últimos meses, han bajado el tono.

Torra no se pregunta qué puede hacer por los alcaldes, sino qué pueden hacer éstos en su lucha mezquina contra el Gobierno español. Que alcaldes de PSC y En Comú Podem ofrezcan su infraestructura al Govern y que la respuesta de la dirección general de Protección Civil sea recordarles “que no es función de los municipios la determinación de las necesidades de desplegar hospitales de campaña o de otros recursos similares" es casi obsceno.

Sobre todo, después de haberles encasquetado el reparto de 160.000 tarjetas monedero a beneficiarios de becas comedor concedidas por la Consejería de Enseñanza, con las dificultades que conlleva localizar a familias desestructuradas que cambian de móvil constantemente, con cuentas embargadas y, en algunos casos, sin domicilio conocido. Afortunadamente, ese colapso se está solucionando. No así la infantil rabieta del Govern con la llegada del Ejército a Cataluña para ayudar en la lucha contra el coronavirus. O el freno al reparto de tests de detección rápida del Covid-19 adquirido por la Diputación de Barcelona y que iba destinado a los ayuntamientos.

En efecto, son muchos los alcaldes que han reclamado esa intervención para realizar tareas de fumigación o construir hospitales de campaña. Las trabas que la Generalitat está poniendo en Sabadell (Barcelona) a los trabajos de los militares suponen dar una vuelta de tuerca a ese ninguneo de las administraciones locales. Es indignante. Es infame.

Por todo ello, gracias alcaldes. Gracias por recordar que los más vulnerables ante esta epidemia necesitan más calor y apoyo, y menos aluvión de cifras estadísticas. Gracias por ponerle positivismo a esta tragedia que nos ha tocado vivir. Gracias por todas esas iniciativas locales, algunas imaginativas, que alivian la soledad y el miedo de muchos. Gracias sin peros.

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¿Quién es... María Jesús Cañizares?
María Jesús Cañizares

Periodista. Es subdirectora de Política de Crónica Global. Es licenciada en Ciencias de la Información por la UAB y ha cursado estudios de Derecho. A lo largo de su carrera se ha especializado en información política y del ámbito judicial.