El flequillo de Anna Gabriel

Alejandro Tercero
4 min

El nuevo look que la prófuga exdiputada autonómica de la CUP Anna Gabriel lució este martes en su entrevista con el diario suizo Le Temps ha sorprendido a propios y extraños. La suavización de su imagen --en especial la desaparición de su legendario flequillo y de sus no menos míticas camisetas de manga corta por encima de las de manga larga-- ha sido la comidilla del día en los mentideros de la política catalana. Sí, así están las cosas por Cataluña, donde desde hace años --con los gobiernos paralizados por el proceso infinito-- nos entretenemos en este tipo de asuntos.

Según diversas fuentes, su radical cambio --al más puro estilo de Tu cara me suena-- responde a los consejos de sus asesores con el objetivo de recabar más apoyos a su causa, sobre todo a nivel internacional. Lo óptimo era alejarse del estereotipo de activista antisistema que se asociaba con su aspecto.

Esta decisión choca frontalmente con una de las más destacadas virtudes que se le atribuyen a los miembros de la CUP​ --y cuya ausencia ellos mismos acostumbran a reprochar a sus socios y adversarios--: la coherencia. No parece muy congruente renunciar a una imagen deliberadamente utilizada como símbolo de los principios libertarios con el único propósito de sacar rédito político.

Si la posición de Boya recibió múltiples elogios por su coherencia, no hay duda de que la espantá de Gabriel no puede ser tildada de la misma forma

Sin embargo, la volatilización del flequillo de Gabriel es una metáfora de otras incoherencias mucho más relevantes. La más destacable es la diferencia entre su actitud y la de su correligionaria Mireia Boya. Boya sí acudió a declarar ante el Tribunal Supremo pese al riesgo de ser encarcelada, y reafirmó que la DUI --y todo el proceso de ruptura unilateral-- iba en serio, dejando sin coartada a sus exsocios del PDeCAT y ERC. Gabriel, en cambio, ha preferido darse a la fuga. Si la posición de Boya recibió múltiples elogios por su coherencia, no hay duda de que la espantá de Gabriel no puede ser tildada de la misma forma.

Tampoco parece muy coherente que una activista anticapitalista como Anna Gabriel corra a refugiarse de la justicia española en Suiza, "la meca del capitalismo salvaje", como ayer definía al país helvético nuestra compañera en Crónica Global Laura Fàbregas. Lo lógico habría sido --siguiendo las recomendaciones de Fàbregas-- instalarse en la Venezuela de Maduro, pero ha optado por asentarse en "la patria de los bancos", donde probablemente pasará una larga y confortable temporada.

Por si eso no fuera suficiente, la adalid de la lucha contra los poderosos ha contratado los servicios de Olivier Peter, con despacho en Ginebra, uno de los abogados más prestigiosos en derecho penal internacional --defensor habitual de los terroristas de ETA--, al alcance de muy pocos bolsillos.

Y es que Anna Gabriel puede ser muy antisistema, pero no tiene un pelo de tonta… aunque se corte el flequillo.

Artículos anteriores
¿Quién es... Alejandro Tercero?
Alejandro Tercero

Es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Barcelona (UB) y Agente de la Propiedad Inmobiliaria (API). Ha realizado estudios de Periodismo Digital en la UOC. Ha desarrollado su labor profesional en el ámbito del periodismo político y de la comunicación empresarial. Dirigió el digital La Voz de Barcelona -diario del que fue cofundador en 2008- hasta su fusión con Crónica Global, en 2013. Ha presentado y dirigido el programa 'Voces', en Radio Intereconomía Cataluña. Ha participado o participa en tertulias sobre actualidad política en TV3, Catalunya Ràdio, RNE-Radio 4, TVE-Cataluña, RAC1, BTV, Televisió Badalona, Radio Intereconomía Cataluña, Canal Català TV y Cuatro. Es coautor del libro 'Cataluña. El mito de la secesión'.

¿Quiere hacer un comentario?
Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Más información