El ‘filántropo’ Gerard Piqué

Xavier Salvador
12 min

Anda Cataluña muy revuelta en el ferragosto. El independentismo se ha concedido una tregua estival mientras veranea con burguesa comodidad. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y su lugarteniente Eloi Badia reciben un monumental abucheo en el pregón de las fiestas del barrio de Gràcia. El abad de Montserrat, Josep Maria Soler, se jubila a los 75 años después de un tiempo al frente del monasterio en el que abundaron los abusos sexuales y la complicidad con el nacionalismo, fenómeno este que se arrastra desde los tiempos de Franco (entonces, como hoy, era nacionalcatolicismo lo que practicaban los monjes que paseaban al dictador bajo palio). Entre tanto, la opinión pública se divide entre los que lloran a Messi y los que están hartos del sainete culé.

Salvo La Caixa, que vive más o menos tranquila, los grandes iconos simbólicos de la Cataluña de siempre están bien convulsos. La Generalitat es poco menos que irrecuperable en términos de gestión y eficiencia gubernamental, la iglesia catalana pierde predicamento popular por más que el independentismo intente ayudarles y el Barça tiene ante sí un reto de siderales dimensiones para encarar el futuro tras la salida de un activo empresarial que generaba considerable riqueza al club ante patrocinadores y espónsores comerciales diversos.

En ese contexto, los listillos siempre aprovechan su oportunidad. El río revuelto da ganancia a los más astutos. Pere Aragonès empieza a acariciar la oportunidad que le dieron sus mayores para gobernar teledirigido y, al final, empieza a creerse con capacidad y autoridad para volar solo y presidir una Generalitat más provisional que nunca. No es el caso de Carles Puigdemont (no pasó por ser jamás el más listo de la clase: su gran mérito siempre fue estar allí y acreditar más pedigrí nacionalista que el resto), quien se remueve radical en su lujoso refugio de fugado para evitar el olvido.

Jan Laporta era uno de los espabilados de siempre, aunque ahora se le aprecia baja forma. Ha conseguido sacarse de encima al carísimo Lionel Messi subrogando las razones emocionales a sus antecesores, aunque ya lleva cinco meses en el cargo. Ha tenido que dar la cara su predecesor, Josep Maria Bartomeu, para pedirle que deje de mirar por el espejo retrovisor so pena de darse un castañazo monumental. Este lunes ha convocado a la prensa para presentar la due dilligence que se ha practicado a las cuentas del club y que deberá aclarar cuál es el nivel de virtual insolvencia. Es la respuesta de Jan a una carta demoledora que le tildaba de incompetente, además de poner sobre la mesa cuestiones de capital importancia como el perdón a Neymar de más de 16 millones en un litigio que el club tenía a su favor.

En ese magma de desgobierno que vive el Barça hay algunos que no necesitan de la asesoría de Iván Redondo para generar un relato personal cada vez más proyectado a su futuro como máximo mandatario de la entidad deportiva. Es el caso de Gerard Piqué Bernabéu, quizá el jugador de fútbol español en activo que ha leído algo más que un tebeo y que dedica su vida a cosas algo más prácticas que darle al joystick de la Play Station y matar a los nuevos marcianos de los videojuegos. El central logró convertirse en tendencia del fin de semana en las redes sociales al serle atribuida la salvación del club gracias a una supuesta y eventual rebaja de su salario. Lo remató con un testarazo ante la Real Sociedad que abrió el marcador y permitió besar el escudo de su camiseta. Las cifras no cuadran y solo con su aportación hubiera sido insuficiente para inscribir a los nuevos fichajes de la temporada. Pero hay más razones. Desde algún estamento del club se explica en voz baja que el acuerdo con los capitanes en materia salarial no es una rebaja en sí misma, sino un diferimiento de una parte del salario anual al final del contrato. Una especie de premio de carrera u otro concepto análogo que permita rebajar el importe actual, pero sin renunciar a ningún derecho de los que tienen reconocidos.

Mosquea que un tipo como Piqué, que quizá algún día entre en una fase de madurez real y no solo aparente, intente arrogarse la salvación del club desde esa perspectiva de extrema generosidad. Nada menos que él, que está construyendo un pequeño imperio empresarial alrededor del deporte. Con su Copa Davis, que tendrá diferentes sedes en Europa, con los clubes de fútbol que va adquiriendo o con el entramado de empresas con las que aprovecha su proyección pública para hacer negocios.

Nada que reprochar a un jugador que se procura una carrera para el día que correr detrás del balón sea difícil, pero sí la forma cómo eso se lleva a cabo, jugando con el sentimentalismo blaugrana, capaz de transigir con todo tipo de personajes de raleas y calañas diversas. Sin ir más lejos, se cuenta la sorpresa de la anterior junta directiva cuando en mayo de 2020 el defensa llamó al expresidente del club al enterarse de que el Barça buscaba socios dispuestos a quedarse con el 49% del proyecto Barça Corporate (academias de fútbol, innovación y digitalización, tiendas por todo el planeta…). Piqué no quería otra cosa que ser la empresa elegida para asumir esa participación en el proyecto a través de Kosmos, su compañía. Cuando Barto le dijo que eso infringía el código ético del club, que ni directivos, ni jugadores, ni personas vinculadas a la entidad podían hacer negocios con la misma, el filántropo Gerard Piqué insistía e insistía buscando un trato de favor. La negativa de la anterior junta directiva fue taxativa y el cabreo del futbolista, mayúsculo. Al final, en las rondas de exposición de la iniciativa logró colar a su representante Arturo Canales (que también trabaja para Xavi Hernández) y Goldman Sachs le explicó de qué iba la cosa. Barto y los suyos dejaron cuatro ofertas preparadas que Laporta no ha puesto en marcha y entre las cuales no figuraba Kosmos. Imaginen si al final en vez de los grandes grupos y fondos interesados por el proyecto el asunto acabara en manos del generoso deportista…

Ni Piqué le perdonó a Barto esa negativa, ni Messi que le obligara a cumplir el último año de contrato que le quedaba. Laporta ganó unas elecciones precipitadas en las que el socio votó mediatizado gracias a que el vestuario y su caja de resonancia mediática eran controlados por un grupo de jugadores al final de su carrera profesional con unos contratos elevadísimos y unos intereses personales y empresariales que nada tenían que ver con al apoyo a unos colores. Ríanse de la política.

Que Messi, rebajándose su sueldo un 50%, y Piqué, interesándose por el más importante proyecto expansivo de la entidad, sean unos filántropos del deporte es tan ridículo como el papel de la prensa catalana que, como sucedió con los mandatos de Jordi Pujol, se ha empecinado en mirar hacia otro lado en uno de los principales focos de poder público de la comunidad autónoma.

Hay más filántropos que Piqué en este entramado. Me advierten de que alguien con un exacerbado instinto para los negocios rentables del mundo del deporte está detrás de la difusión de unas conversaciones que afectaban al presidente del Real Madrid, Florentino Pérez. Son unas cintas grabadas por un periodista deportivo que llevaban tiempo en el mercado y que ningún medio de comunicación quiso adquirir por su irrelevancia y las pretensiones económicas del autor. Hasta que se pone en marcha un proyecto para elaborar una serie audiovisual en formato de documentales sobre la liga española de fútbol y a su promotor se le ocurre que unas pinceladas de lo que está por escucharse adornarían el producto con un contenido inédito. Lanzar una minidosis previa a la opinión pública en la que Pérez se despachaba contra algunos de los jugadores de su propio club era un elemento de márketing que haría más apetecible a las grandes plataformas audiovisuales la adquisición de la serie. ¿Adivinan quién estaría detrás de la iniciativa? Claro, en la baraja española después de la sota y el caballo siempre viene el rey.

Al final, volvemos a lo de siempre, al debate pendiente. Qué tranquilos se quedarían los aficionados si el Barça fuera una empresa capitalista y hasta cotizada en vez de un grupo recrecido de castas de intereses que mueven a los miles de socios a su antojo. Ni Javier Tebas, ni Jan Laporta, ni Gerard Piqué, ni Jaume Roures podrían seguir jactándose de generosos, demócratas y filántropos a la par que preparan más pródigamente sus respectivos futuros. Los que creen que la solución actual protege al Barça del modelo de club-estado se equivocan: la institución blaugrana concentra riesgos de totalitarismo efectivo en la actualidad mayores que si el accionista principal fueran un ruso o un catarí millonarios.

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¿Quién es... Xavier Salvador?
Xavier Salvador

Pese a nacer en Barcelona en un ya lejano 1965, he acabado siendo un tipo de pueblo. Hoy ejerzo como consejero delegado de CRÓNICA GLOBAL después de haber dado bandazos periodísticos por ahí durante años (El Observador, Diari de Barcelona, El Periódico, Economía Digital...). He escrito dos libros. El más leído, Pujol KO, junto a varios autores. Del otro (El yugo milenario) es del que me siento más orgulloso, pero fue un divertimento intelectual de otro tiempo y otro lugar. Me gustan las personas auténticas, trabajar en equipo, la familia y el buen vino. Bonhomía, digitalización y periodismo en estado puro, vamos.