Faus, 5–Giró, 0

Xavier Salvador
10 min

Tras una década perdida, las jornadas del Círculo de Economía de esta pasada semana han recuperado para Barcelona una pizca del liderazgo en el debate económico español que el procés alejó de la capital catalana. Los principales protagonistas del mundo económico, político y empresarial español tuvieron la oportunidad de compartir puntos de vista y pareceres sobre la situación. El título de la reunión anual no era otro que La gran reconstrucción como un guiño a la necesidad de imponerse a la crisis provocada por la pandemia y, no menor, a las dificultades institucionales derivadas de la convulsión política vivida en Cataluña y el afloramiento de radicalismos populistas por doquier.

Javier Faus, presidente de la institución organizadora, ha remontado con este acto un accidentado inicio de mandato. Aquellos miembros del lobi de opinión que le afearon su resistencia a cumplir con las liturgias y tradiciones de la entidad, que incluso amenazaron con una rebelión por su carácter ejecutivo y presidencialista, deberán admitir que el líder de Meridia Capital acertó con el formato, la vivacidad y la ubicación del encuentro de este año. Parte de ese sector crítico arrugó el morro y bajó la cabeza ante el éxito indiscutible del líder del Círculo. De hecho, las críticas con las que lo habían obsequiado en los meses pasados actuaron de catalizador para que Faus cerrara una de las mejores reuniones anuales de los últimos tiempos.

Barcelona también se benefició. Rescata parte de los hábitos que antaño poseía en materia de generación de ideas y liderazgos en materia económica. Sacar la reunión anual de Sitges fue un acierto para darle mayor visibilidad y alcance. El teniente de alcalde socialista del Ayuntamiento de Barcelona, Jaume Collboni, ha sido un discreto colaborador de Faus en el objetivo de recuperar algún motivo de alegría después de años de un gobierno municipal insulso empeñado en reducir la ciudad a la peor caricatura de lo que fue.

Las jornadas del lobi han tenido una vertiente política de primer orden. El empresariado se ha pronunciado de forma mayoritaria a favor de la concesión gubernamental de los indultos a los políticos catalanes encarcelados por su participación en los hechos de octubre de 2017. El Círculo de Economía, pero también un incansable y cada vez más valorado Josep Sánchez Llibre, presidente de Foment del Treball, han actuado como tractores de un estado de opinión que ha propiciado que la misma CEOE y hasta los obispos se mostraran partidarios de la medida de gracia como elemento pacificador de un conflicto irresoluble de momento en las urnas. Hoy Pedro Sánchez intentará rematar su propuesta ante la sociedad civil catalana con el acto del Liceu.

Faus trajo al rey, Felipe VI, al presidente del Gobierno español, al de Corea, al de la Generalitat, a los principales líderes del tejido empresarial español, a Mario Draghi, a los sindicatos y las patronales. El elenco fue de primer nivel y contagió a los asistentes un incipiente optimismo sobre las capacidades reales para superar el trance económico y político de los últimos tiempos. Ana Patricia Botín (Santander), Pablo Isla (Inditex), José María Álvarez Pallete (Telefónica), Francisco Reynés (Naturgy), Ángel Simón (Suez-Agbar), José Ignacio Goirigolzarri (Caixabank), Josu Jon Imaz (Repsol) y otros participantes dieron un mensaje posibilista sobre el tiempo que viene. La pandemia remite, los fondos europeos se acercan, la colaboración público-privada se ha mostrado eficaz, el ahorro nacional está disponible y la política no tiene ningún escenario de inestabilidad electoral en el corto plazo que amenace una recuperación rápida y vibrante de la economía española. Quedan retos abiertos, por supuesto. Digitalizar, según explicó la secretaria de Estado de digitalización, Carme Artigas, o internacionalizar, como insistió el presidente de la Cámara de España, Josep Lluís Bonet.

Una de las grandes incógnitas era conocer cómo asistiría la Administración autonómica catalana, cuyo Govern acaba de constituirse. El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, que lidera desde ERC un Ejecutivo de coalición con JxCat bajo el foco de la CUP, resultó más razonable de lo previsible en su intervención ante el auditorio. Quizá algo más izquierdista que independentista. Los republicanos son un partido que suscita más dudas que certezas al mundo de los negocios. Aragonès dictó un discurso aceptable, pujoleó y acabó fotografiado junto al Rey a la par que las bases secesionistas dormían satisfechas por el falso plante con el que se intentó, sin éxito, ningunear al monarca.

La comidilla de las sesiones la protagonizó Jaume Giró, consejero de Economía de la Generalitat. Contra sus manifestaciones privadas tendentes a convertirse en el hombre del equipo gubernamental encargado de tender puentes y lanzar procesos de diálogo político, el periodista convertido a la cosa pública dejó anonadada a la concurrencia de las jornadas con la reivindicación de Carles Puigdemont y Andreu Mas-Colell, la supuesta represión del Estado (hizo un soliloquio sobre lo difícil que es hacer política en una España anormal en términos democráticos), los mantras del primer nacionalismo pujolista (déficit fiscal, expolio…) e incluso minimizando el efecto de la fuga de sedes sociales de empresas durante la etapa dura del golpe al Estado. Si la semana pasada se pedía en esta misma columna un voto de confianza para el consejero por su trayectoria anterior, la salida pública del armario del viernes hace difícil confiar en que su mandato avance por la vía del consenso. Aquellos que, tal y como pasó en su día con Isidro Fainé, sospecharon que Giró ejerció de caballo de Troya del secesionismo en la cúpula del grupo La Caixa, tras escuchar su discurso salieron de la reunión del Círculo de Economía libres de dudas sobre el particular. Con Ada Colau rebajando el tono de la turismofobia y de su singular y habitual populismo progre, Giró resultó el elemento más disruptivo de cuantos participaron en las jornadas. A irreductible parece que no le ganará nadie en esta legislatura.

Por si alguien aún albergaba dudas, Giró fue este mismo sábado al programa bandera del independentismo en la televisión pública catalana. Allí intentó explicar, con más romanticismo que racionalidad, una visión de lo que acontece en Cataluña. Se ha trasmutado en un aprendiz de brujo. Suavemente desafiante y hasta provocador, sus intervenciones de las últimas horas distan kilómetros del discurso de antaño. Diríase que alguien en Waterloo le ha abducido. De la noche a la mañana, el consejero se presenta como el que saca más pecho en materia nacionalista del Gobierno de Aragonès.

Un periodista de Crónica Global fue quien le sacó los colores en el programa FAQS de TV3 y le pidió que aclarase su posición con los presupuestos. Respuesta: para elaborarlos contaré con la CUP más que con el partido ganador de las elecciones últimas. Con ese planteamiento, Giró se invalida para futuros procesos de acercamiento, de extensión de puentes con Madrid o de cualquier otra función que no pase por enarbolar banderas de metadona identitaria en la narcosala catalana. Interpretando los datos a su antojo, Jaume Giró ha pasado en una semana de promesa política a nacionalista de piedra picada. Y quienes hace justo una semana pedimos un voto de confianza hacia la persona del flamante político hemos quedado superados en nuestra generosidad expectante una vez ha puesto a circular su personaje oculto.

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¿Quién es... Xavier Salvador?
Xavier Salvador

Pese a nacer en Barcelona en un ya lejano 1965, he acabado siendo un tipo de pueblo. Hoy ejerzo como consejero delegado de CRÓNICA GLOBAL después de haber dado bandazos periodísticos por ahí durante años (El Observador, Diari de Barcelona, El Periódico, Economía Digital...). He escrito dos libros. El más leído, Pujol KO, junto a varios autores. Del otro (El yugo milenario) es del que me siento más orgulloso, pero fue un divertimento intelectual de otro tiempo y otro lugar. Me gustan las personas auténticas, trabajar en equipo, la familia y el buen vino. Bonhomía, digitalización y periodismo en estado puro, vamos.