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España, 7-Cataluña, 0

Gerard Mateo
8 min

Poco se habla de fútbol en estas páginas. Hay otros foros para ello, como Culemanía. Pero, a veces, conviene prestar un poco de atención a uno de los mayores entretenimientos del mundo. Es el opio del pueblo. Durante 90 minutos, los seguidores aparcan sus problemas y se juntan en sentimiento para disfrutar y también para sufrir. Es verdad que el fútbol ha desencadenado alguna guerra, como la que estalló entre Honduras y El Salvador en 1969 después de que las respectivas selecciones se enfrentaran por un lugar en el Mundial de 1970. Fue el detonante. Pero también paró, aunque fuera unas horas, una batalla de la Primera Guerra Mundial. En vísperas de Navidad de 1914, los soldados alemanes y británicos dejaron a un lado las hostilidades para darle al balón.

Por lo general, el fútbol es un buen elemento para evadirse, y es casi una herramienta esencial en los tiempos tan interesantes que corren. Afortunadamente, los éxitos de la selección española, Eurocopa-Mundial-Eurocopa (después le dedicaré unas palabras a la Roja), llegaron en los peores años de la crisis económica. También el fútbol español, en el ámbito de clubes, lleva mucho tiempo ganándolo todo, tanto los premios colectivos como los individuales. No es casualidad, así, que haya partidos a todas horas para tenernos entretenidos, aunque, eso sí, hoy es casi imposible ver un encuentro sin pasar por caja. Y tal como están los ánimos, sobre todo en Cataluña, pero también en el resto de España, creo que falta más fútbol. Los agitadores quieren impedirlo. ¿Por qué será?

Estos ciudadanos tan comprometidos del maremoto independentista (utilizan el término japonés tsunami, mucho más bravo que el catalán sisme submarí) están empeñados en llamar la atención y no han encontrado mejor escenario que el Camp Nou para ello. Con sus amenazas ya lograron aplazar el clásico del 26 de octubre al 18 de diciembre, pero estos dos meses los están aprovechando para organizarse: aseguran que ya son más de 10.000 los inscritos para el acto que preparan con motivo del partido. ¿Corre riesgo la celebración del encuentro? No quiero llamar al mal tiempo, pero si al pueblo le quitan el fútbol, si le quitan un Barça-Madrid con el que los ciudadanos pueden olvidar durante una hora y media sus diferencias, la situación en las calles puede ser aún más delicada.

Bastante tenemos con las alteraciones en la selección nacional (¿querrán que la llamemos plurinacional?) como para quedarnos sin el clásico. El último incidente en la órbita del equipo de todos lo protagoniza el presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Luis Rubiales, acusado de zarandear y empujar a una arquitecta, causándole dolores cervicales y secuelas psicológicas. ¿Qué más puede pasar? La Roja sale a seleccionador por semana desde que Rubiales preside la RFEF. Echó a Julen Lopetegui a escasos días del Mundial (tiene guasa que nos eliminaran los amigos de Carles Puigdemont, los rusos) y colocó en su lugar a Fernando Hierro. Después fichó a Luis Enrique, que tuvo que renunciar al cargo por causa mayor y cedió el testigo a su segundo, Robert Moreno. Pero Lucho ha vuelto y su regreso ha puesto patas arriba el combinado español por cómo se ha producido.

En este caso tan delicado es muy complicado posicionarse. Todas las partes tienen razón, y han ocultado eslabones de la cadena de hechos que impiden hacerse una idea de lo que ha ocurrido en realidad entre ellos. No voy a descubrir nada nuevo, aunque intuyo que, si tuviera que elegir, me quedaría con Robert Moreno por un estrecho margen de ventaja. Pienso que él se vio ante la oportunidad de su vida y tenía muchas ganas de dirigir a la selección en la Eurocopa 2020, como le prometieron cuando Luis Enrique pasó de apartarse del equipo a renunciar totalmente a él. Pero creo también que, entre unos y otros, se la han jugado. Y que ha fallado la comunicación entre los implicados.

Sin embargo, lo que debería preocupar no es si hay un entrenador u otro dirigiendo el equipo de todos. Lo que realmente es indignante es que España lleve sin pisar Cataluña desde 2004, en un amistoso contra Perú (2-1) en el Estadio Lluís Companys de Barcelona. Son más de 15 los años en los que los aficionados catalanes no pueden disfrutar de la Roja. En este periodo, por ejemplo, el combinado ha jugado 14 veces en Madrid; 5 veces en Gijón, Valencia y Sevilla; 4 veces en Murcia; y 3 en Las Palmas, Albacete, Elche, Santander, Málaga y Alicante. Y lo hará por partida triple en Bilbao, en los tres partidos de la fase de grupos de la Eurocopa del verano próximo. La última vez que España jugó en el País Vasco fue... ¡en 1967! ¿Tendremos que esperar medio siglo en Cataluña? ¿De verdad?

Hablando de la Eurocopa. Una de las noticias de la semana es el sorteo de grupos. A falta de un rival que saldrá de la repesca, la Roja se medirá a Suecia y a Polonia. Sí, Polonia, la selección con la que seguro simpatizarán muchos independentistas catalanes, a sabiendas de que es lo más cerca que estarán nunca de jugar un partido oficial de fútbol contra España. Eso sí, siempre podrán recordar que Cataluña disputó dos encuentros amistosos ante el equipo nacional. El primero tuvo lugar el 13 de marzo de 1924 en Les Corts, el antiguo campo del FC Barcelona. Ganó (goleó) España a la selección catalana por 7 a 0. Y en la revancha, en el Estadio de Montjuïc, se impuso el equipo regional al Resto de España por 3 a 1. Ocurrió el 19 de octubre de 1947. En plena dictadura. Qué cosas…

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¿Quién es... Gerard Mateo?
Gerard Mateo

Barcelona, 1990. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Comenzó su camino profesional como colaborador en las publicaciones deportivas digitales Madrid-Barcelona y Defensacentral, antes de dar el salto al Diario Gol. Con posterioridad, y tras casi cinco años, aterrizó en Crónica Global, donde hoy por hoy ejerce de redactor jefe de actualidad y edición. Buscando explicación a todo.