Menú Buscar
Pásate al modo ahorro

La doble Cataluña

Xavier Salvador
6 min

Que Cataluña ha sido gobernada por un cierto carlismo en los últimos años es una afirmación próxima al Perogrullo. Es suficiente leer cualquiera de las encuestas que se publican en las últimas horas con motivo de las elecciones del día 21 para darse cuenta de que en el interior del territorio catalán existen dos Cataluñas. Por un lado, las demarcaciones electorales de Barcelona y Tarragona y, por otro, las de Lleida y Girona.

Tanto en la provincia de Tarragona como en la de Barcelona el independentismo es minoritario, pierde de manera clara. Se da la circunstancia unificadora de que ambas circunscripciones administrativas tienen en común un cierto peso de la industria en su actividad. Cuestión diferente es lo que sucede en las otras dos, lugares en los que el soberanismo se impone en preferencia de los electores. Aquí la economía está basada, de manera principal, en la agricultura y los servicios turísticos.

Si no fuera por la actitud cainita congénita de los catalanes, que hemos sido incapaces en casi 40 años de autogobierno de pactar una ley electoral más ajustada a las realidades, el problema político en el que nos vemos sumidos no hubiera acontecido jamás. De hecho, el ínfimo coste en número de sufragios que tiene un diputado por cualquiera de las tres circunscripciones pequeñas genera una sobrerrepresentación de los lugares con menor concentración de población que actúa como un agravio comparativo con la zona más poblada alrededor de la capital catalana.

En el caso de Barcelona, la morfología sociológica del territorio equipara e iguala por sí misma: tiene el mismo valor democrático un voto en Santa Coloma de Gramenet que en Vic; en Cornellà que en Manresa; en Montcada i Reixac que en Torelló. Es lo cierto, aunque entre el área metropolitana de Barcelona y la llamada segunda corona de poblaciones de la provincia existan divergencias políticas muy visibles. Las elecciones municipales en cualquiera de estas ciudades importantes dan una imagen clara de ello.

Los partidos políticos deberían apuntarse el marco electoral como una de las reformas pendientes y urgentes del nuevo país que correspondería construir entre todos los demócratas para legarlo a las generaciones venideras

El asunto no es exclusivo de Cataluña, sucede lo mismo en España. Los nacionalismos periféricos catalán y vasco alcanzan un exceso de representación en términos de número de diputados en el Congreso por la aplicación efectiva de aquella antigua visión política que intentaba que los territorios alejados no estuvieran excluidos del debate general. Eso valía para tiempos en los que las comunicaciones y la información fluían de manera distinta a la del siglo XXI, pero es un completo agravio en términos de ciudadanía y derechos individuales en la actualidad.

Tampoco en España ha existido voluntad de ajustar las normas electorales a las nuevas realidades sociales. Quienes se benefician del antiquísimo sistema de representatividad se niegan en redondo a perder el privilegio y, aquí viene el contrasentido, lo hacen amparados en la propia legislación que les convierte en indispensables para la gobernabilidad y la búsqueda de mayorías.

Los partidos políticos, de hecho, deberían apuntarse el marco electoral como una de las reformas pendientes y urgentes del nuevo país que correspondería construir entre todos los demócratas para legarlo a las generaciones venideras. Se habla, y no poco, de los retoques a la Constitución, pero algunas de las cuestiones que darían prosperidad, estabilidad y seguridad jurídica están muy unidas a los sistemas vigentes de representatividad parlamentaria. Como decía Arturo Pérez-Reverte en una entrevista televisiva reciente estamos confundiendo el uso del término equidistancia, que es muy usual en la política actual, con el de ecuanimidad. Y, por supuesto, nuestra ley electoral ha dejado de ser ecuánime en sociedades interrelacionadas y bien comunicadas.

De regreso al contencioso catalán, lo de Girona, y en menor medida Lleida, es merecedor de estudio aparte. ¿Cuáles son las razones de esa pulsión independentista de ambos territorios? ¿Su proximidad con Francia? ¿El aislamiento? Seguramente todo es mucho más prosaico y se explica en términos generales por la menor permeabilidad que a lo largo de siglos han tenido ambos territorios a la emigración venida de otros lugares de España. La falta de mestizaje, de interrelación, ha acabado conformando un imaginario endogámico, menos obrero y cosmopolita, de tintes claramente carlistas, que ha derivado en la actual resistencia ultramontana en su composición sociológica.

Artículos anteriores
¿Quién es... Xavier Salvador?
Xavier Salvador

Pese a nacer en Barcelona en un ya lejano 1965, he acabado siendo un tipo de pueblo. Hoy ejerzo como consejero delegado de CRÓNICA GLOBAL después de haber dado bandazos periodísticos por ahí durante años (El Observador, Diari de Barcelona, El Periódico, Economía Digital...). He escrito dos libros. El más leído, Pujol KO, junto a varios autores. Del otro (El yugo milenario) es del que me siento más orgulloso, pero fue un divertimento intelectual de otro tiempo y otro lugar. Me gustan las personas auténticas, trabajar en equipo, la familia y el buen vino. Bonhomía, digitalización y periodismo en estado puro, vamos.