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Cosas que se pueden hacer en Cataluña en plena pandemia

Gerard Mateo
6 min

El virus está desbocado en Cataluña. La segunda ola tiene pinta de tsunami, por más que se empeñen en repetir que nada tiene que ver con la primera, que ahora hay mucho más control y se toman medidas con tiempo. Lo dicen los mismos que no vieron la llegada del coronavirus… así que lo mejor es empezar a rezar y extremar todas las precauciones.

La Generalitat es cierto que ha ido poniendo parches al virus, ya sea con aislamientos perimetrales o con límites de reunión. Pero, al parecer, el SARS-CoV-2 se comporta como el agua que se acumula ante una compuerta. Cuando se abre… Así que el Govern va un paso más allá y opta ya por “hundir la economía”, como denuncian los restauradores. Es decir, cerrar bares y restaurantes, dar la puntilla a las discotecas, y poner restricciones al comercio, los gimnasios y los parques. El Gobierno aplaude la iniciativa y la pone como ejemplo. Respira porque sabe que le evita, por ahora, una intervención en Cataluña y el consiguiente enfrentamiento con el independentismo, mientras los separatistas se cuelgan medallas en plena guerra por el poder.

No hace tanto, los líderes independentistas declaraban que en una Cataluña independiente habría menos muertes. La realidad, como se observa, es que el virus también está descontrolado bajo su gestión, pero ¿a alguien le sorprende? ¡Si ni siquiera son capaces de notificar al TSJC en tiempo y forma este cerrojazo! Además, reconocen que las medidas adoptadas solo retrasarán el desenlace, no lo evitarán. Y no lo evitarán, primero, porque son acciones que se antojan precipitadas, tomadas con celeridad para, seguramente, evitar la intervención del malvado Gobierno. También hay que entender estos movimientos en la precampaña electoral catalana, con la guerra entre ERC y JxCat de por medio. Postureo político.

Y el segundo motivo por el que estas medidas han sido, son y serán ineficaces (todos sabemos que 15 días no cambiarán nada) es por la relajación de la población. Todavía no entiendo cómo, después de tres meses encerrados, no murió el bicho. Será que alguien no se portó bien. Más de uno y de dos. Más recientemente, se han dado casos de reuniones de más de diez personas (cuando este era el límite) y de más de seis en las últimas semanas. Por no repetir el mal uso que se les da a las mascarillas. Por cierto, el coronavirus sigue entrando en las residencias de mayores, a pesar de las supuestas medidas de seguridad. O bien los familiares se saltan las distancias en un despiste de los trabajadores --grave--, o bien los cuidadores no extreman las precauciones en su vida privada y profesional --muy grave--, o bien… más vale no pensar.

La situación es muy preocupante. Es posible que termine peor que la primera ola. Ya no solo por la salud, sino por la economía. Parece que es más fácil cerrar los bares y los restaurantes (como si la gente no se fuera a reunir en casa, de forma irresponsable como ha venido haciendo, del mismo modo que se va de puente en cada festivo, o hay jóvenes que organizan un botellón) que aumentar los controles y explicar cómo se usa la mascarilla: para evitar contagios en una comida, hay que cubrirse boca y nariz después de cada bocado y de cada sorbo. ¿Tanto cuesta entenderlo? ¿Y hacerlo entender? Se ve que sí. Al final, todo es una cuestión de educar a la sociedad. Pero es mejor dar un exceso de indicaciones contradictorias y pelearse que trabajar para frenar el golpe y comenzar a remontar. ¿Quién pagará esto? Ellos, que saben por qué actúan así, seguro que no.

Pero no quería terminar sin justificar el titular, porque en Cataluña todavía se permiten ciertas actividades en plena pandemia. Por ejemplo, la Diada independentista --que si bien es cierto que las cifras no eran las de ahora, cualquier concentración es una temeridad--. Por ejemplo, el vandalismo de los CDR con motivo del primer aniversario de la sentencia del 1-O. Por ejemplo, mantener la ofrenda a Lluís Companys, porque es un acto en el que está descontado que se va a atacar a España. Y eso, ir contra el "Estado", va por delante de cualquier pandemia. Cataluña, a 16 de octubre del 2020.

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¿Quién es... Gerard Mateo?
Gerard Mateo

Barcelona, 1990. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Comenzó su camino profesional como colaborador en las publicaciones deportivas digitales Madrid-Barcelona y Defensacentral, antes de dar el salto al Diario Gol. Con posterioridad, y tras casi cinco años, aterrizó en Crónica Global, donde hoy por hoy ejerce de redactor jefe de actualidad y edición. Buscando explicación a todo.