Cautivo y desarmado

Xavier Salvador
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Este próximo septiembre se cumplirán cuatro años del colapso político más intenso de Cataluña desde el restablecimiento de la democracia. Quizá, junto al golpe de estado del 23F, uno de los más serios de la España constitucional.

Casi un lustro después y una década más tarde del inicio del llamado procés, tanto el independentismo como quienes plantaron cara están tocados por el curso de los acontecimientos, unos y otros. Con los presos en la calle gracias al controvertido indulto, el constitucionalismo en Cataluña vive desunido y resiste descompuesto. Las urnas son tozudas con los resultados electorales. Más allá del cambio de hegemonía desde Ciudadanos al PSC su capacidad de respuesta está maltrecha. O, quizá lo más triste, sólo existió un movimiento constitucional serio como reacción visceral a la llegada al borde del acantilado secesionista.

Tiene sentido que Societat Civil Catalana intente recuperar este julio el espíritu de octubre de 2017 entre los múltiples grupos que defendieron a la parte de Cataluña que jamás comulgó con los nacionalistas. Y que los tres partidos que fueron el eje de esa resistencia estén presentes en debatir una mínima sintonía de intereses para cuando el independentismo intensifique de nuevo sus postulados.

La conveniencia de inaugurar una nueva etapa con la medida de gracia de los indultos ha generado millones de dudas y todas estaban justificadas. Al final, una línea de pragmatismo, consistente en darle una patada hacia adelante al calendario, ha triunfado. Entre el posibilismo empresarial y la misericordia cristiana de los obispos hay muchos matices, pero un elemento de conexión: superar los enquistamientos.

Hará bien el constitucionalismo, incluso el que apoya la excarcelación de los presos, en defender sus posiciones a la par que imposibilita que sus contrarios se adueñen del discurso triunfal en esta nueva fase política. PSC, Ciudadanos y PP tienen deberes que exceden las posiciones partidarias si de verdad se desea evitar una hegemonía nacionalista permanente. España sigue estando poco presente en Cataluña y las últimas visitas del monarca o los desplazamientos del presidente están bien, pero resultan insuficientes para normalizar lo que el Estado descuidó en su día. Tampoco es aceptable dejar pasar el relato soberanista de la represión o de la falta de democracia sin una respuesta interna y externa contundente y fundamentada.

Salvador Illa tiene la obligación moral de liderar la defensa del constitucionalismo en Cataluña y, aunque en Moncloa existan otros intereses de gobernabilidad que le lleven a adoptar determinadas posiciones, incluso a convivir con Podemos, haría mal si descuidara ese flanco, el que le permitió vencer en las elecciones autonómicas de febrero pasado como garante de un modelo de convivencia razonable. Y Ciudadanos, y sobre todo el PP catalán, deberían reorientar sus posiciones para impedir que el voto de castigo que se les fugó al griterío iracundo de Vox crezca en el futuro comprometiendo su propia existencia como formaciones políticas parlamentarias en territorio catalán.

El independentismo tiene más interés hoy en apropiarse de nuevo del relato que en golpear al Estado de forma inmediata. Su división interna, con una sorprendente transmutación de papeles entre ERC y JxCat, es una ocasión de oro para quienes están enfrente. No hay que menospreciar su capacidad de recomposición ni minimizar su armadura sentimental. Al secesionismo le une hoy el poder que desempeña en la administración autonómica y por el cual los dos partidos y sus líderes han tragado sapos y culebras hasta gobernar en coalición. Incluso la CUP ha perdido parte de su fuelle político con liderazgos menores respecto a los de antaño.

Quedan por resolver cuestiones que volverán a agitar la vida pública. ¿Qué pasará con el presidente del maletero y su corte de Waterloo? ¿Cómo convivirán Oriol Junqueras y Pere Aragonès en el nuevo papel que cada uno deberá ejercer entre los republicanos? ¿Podrá la CUP mantener el nivel de limpiador de presidentes y altos cargos cuando están más próximas las elecciones municipales? Y la principal: ¿El trabajo para recuperar la crisis económica y poner en marcha los fondos europeos dejarán espacio para el debate nacionalista?

Por más harto que esté el constitucionalismo de responder y frenar la afrenta permanente lanzada por los nacionalistas haría mal en descuidar la protección y bajar la guardia. El independentismo que no se apea de sus imposiciones lingüísticas o cultiva el victimismo como modus vivendi solo nos cansa a los demás. Tiene en su mano el DOGC, los medios de comunicación públicos y la enseñanza. Así que ni está cautivo después de la salida de la prisión ni tan siquiera desarmado.

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¿Quién es... Xavier Salvador?
Xavier Salvador

Pese a nacer en Barcelona en un ya lejano 1965, he acabado siendo un tipo de pueblo. Hoy ejerzo como consejero delegado de CRÓNICA GLOBAL después de haber dado bandazos periodísticos por ahí durante años (El Observador, Diari de Barcelona, El Periódico, Economía Digital...). He escrito dos libros. El más leído, Pujol KO, junto a varios autores. Del otro (El yugo milenario) es del que me siento más orgulloso, pero fue un divertimento intelectual de otro tiempo y otro lugar. Me gustan las personas auténticas, trabajar en equipo, la familia y el buen vino. Bonhomía, digitalización y periodismo en estado puro, vamos.