¡Qué bien lo hace Colau!

xavier salvador autor
10 min

Me quito el sombrero. Es más, les invito a que lo hagan también. Ada Colau Ballano, Ada en el activismo, Ada en la distancia corta televisiva, Ada en sus relaciones poliédricas, Ada en la generación de relato, Ada como nombre de guerra, es una de las más genuinas representantes que ha alumbrado la clase política española en la última década.

Es tan buena la alcaldesa al generar una ficción sobre sí misma, que el resto de fuerzas del consistorio barcelonés le tienen pánico. Igual da que sean la oposición desvencijada y desnortada que sus propios compañeros de gobierno socialista que le rinden pleitesía atemorizados por su fortaleza discursiva.

Colau es un monstruo de la política. Se planta en cualquier plató y con cara estándar de persona creíble perdigonea sospechas sobre todos sus adversarios. Jamás ha construido un proyecto o una iniciativa sobre la ciudad que administra. Lo suyo es definirse por oposición. Quiere ser lo contrario de lo que éramos, todo diferente de lo que le piden. Lo que seamos, eso no fastidien, es otra cosa. Hombre, pensará alguno, construye una ciudad social, con vivienda resuelta para todos los desfavorecidos, donde el empleo sea pleno, un punto de modernidad, un lugar en el que los visitantes se sientan tan a gusto como seguros por sus calles… No, a la alcaldesa la única definición que le preocupa es la indefinición, de género o de cualquier otro signo. Es más, incluso resulta entendible: a la vista de que, incluso con una baja calificación en la opinión de los barceloneses sobre su figura, Colau ganaría las elecciones, para qué narices necesita cambiar o modificar su modus operandi.

Trias, Hereu, Clos… todos fueron alcaldes de la ciudad. Ninguno consiguió, ni por aproximación, una notoriedad equivalente a la atesorada por Ada con la vara de mando. De hecho, el único error en la construcción de su carrera política es haberse quedado fuera, haber desaprovechado la oportunidad para hacer política en Madrid en un tiempo en el que su formación gobierna en España junto al PSOE. Las tiranteces con Pablo Iglesias de hace un tiempo y la acumulación de féminas podemitas en el Gobierno hacen difícil ya su encaje. Tampoco su preparación le permitió sustituir a Manel Castells como ministra de Universidades y se limitó a influir colocando a su padrino en ese lugar.

En el contexto local que se ha reservado (que nadie se equivoque) doña Ada es una fiera. Todavía resuenan sus vendettas contra los empresarios turísticos, contra los que explotaban concesiones de servicios de la ciudad o contra aquellos inmobiliarios a los que consideró responsables de las siete plagas. Si un grupo empresarial como Agbar le planta cara para evitar que sus trapacerías queden inmunes, pues se alía con sus competidores de Acciona para devolverles la pelota. Que los funerarios de Mémora hayan sido incapaces de entenderse con ella, y pese al enorme servicio que prestaron a la ciudad en pandemia, pues nada, se vende la participación municipal en la empresa y largo de aquí. Que en vez de reconvenir hay que sancionar a Idealista por un error en un anuncio de alquiler, pues se hace y luego que arree la compañía con su reputación…

Su formación política lleva mal la crítica periodística. Los fantasmas les aturden. Todo lo que no está expresado en términos que convienen al relato de su equipo es una fake news. Los servicios jurídicos municipales gastan dinero sin fiscalización alguna en perseguir a los medios de comunicación que informan de las actividades de la alcaldesa. Las noticias que elaboran periodistas de este grupo editorial son respondidas todas con una petición de derecho de rectificación. No es que defiendan legítimamente su dignidad política o su credibilidad o transparencia, lo que hacen es un burdo intento de amedrentar la libre información. Después se inventa que hemos tenido que rectificar 13 veces y se queda tan ancha, anchuras de Colau, aunque resulte del todo falso y la única vez que un asunto tomó la vía judicial el Ayuntamiento perdió su envite final y fue condenado por la justicia a pagarnos incluso las costas judiciales. ¿Recuerdan cuando informamos de que las empresas de mensajería no querían entrar en algún barrio barcelonés por la inseguridad? Ada dijo que era falso y que ella, como alcaldesa, podía hacernos rectificar. Pues nada, la fake news, según la justicia, fue ella.

A Colau y a los suyos le preocupa cómo se financia este grupo. Ya les pasó también a los independentistas, que veían en el CNI y en las cloacas del Estado nuestras fuentes de ingresos. Se olvidaron unos y otros de que ni Barcelona, ni Cataluña ni tan siquiera España son como a ellos les gustaría. Que entre Crónica Global y Metrópoli Abierta somos líderes indiscutibles de audiencia digital y que tanto los lectores, como los suscriptores, como los anunciantes que nunca han querido renunciar a ese mercado han dado soporte a nuestros medios. Sucede, y eso le consume neuronas, que el ladrón piensa que todos son de su condición. Además, le cuesta entender que seamos los periodistas los dueños del grupo. A su justo entender le debe parecer que la emprendenduría debe ser cosa de señores con chistera y habano y que los periodistas solo podemos asociarnos en cooperativas de autoempleo financiadas por el Ayuntamiento de Barcelona.

Pero la realidad es otra. ¿Cuánto dinero de todos dedica Ada y los suyos a los medios afines? ¿Cuánto ingresa El Periódico de Cataluña de publicidad institucional municipal ahora que un grupo como el nuestro ya le pasa en audiencia digital y lo relega a una tercera posición en Cataluña según Comscore? ¿Cuánto dedica la alcaldesa a ElDiario.es o a Público, que por cierto tienen audiencias catalanas irrelevantes? ¿Y todos esos blogs mantenidos (mucho cooperativista profesional por dentro) en los que basan la supuesta pluralidad informativa de su partido? ¿De verdad puede atreverse el equipo de gobierno de Colau a presentarse ante la ciudadanía como un conglomerado de virtudes y de normalidad informativa? ¿Los palmeros periodísticos mantenidos y que ejercen como su eco en las redes sociales le han dicho alguna vez que se equivoca y han hecho otra cosa que de caja de resonancia del colauísmo? ¿Se ha publicado alguna crítica en cualquiera de esos medios a la gestión de Colau? ¿Investigamos todos? ¿Piensa acaso que por invertir cero euros en nuestro grupo editorial nos erradicará del mapa? ¿Hablamos en serio de transparencia y de democracia, alcaldesa?

La gran virtud de Colau es su capacidad para construir un relato de pureza y victimismo que, de momento, le otorga buenos resultados. Si su primer mandato resultó un desastre, el segundo le pilla más soberbia, pero resabiada. Se ha equivocado menos. Las elecciones municipales no quedan lejos y la ciudad tendrá la oportunidad de evaluar estos últimos tiempos de mandato. Ella, con los aspavientos de plató televisivo, ha comenzado ya la campaña. Ni dimitirá por más que la imputen ni cejará en el empeño de presentarse como alguien a quien los poderes desean expulsar. Ella y los suyos han sido los más rápidos.

Elsa Artadi, Jaume Collboni (o María Eugenia Gay), el Tete Maragall… lo tienen complicado. Colau es la mejor fake news de cuantas se han elaborado en Cataluña. No tiene proyecto de ciudad. Barcelona no vibra con Ada. Es alcaldesa de parte. A lo más que llega es a practicar un revanchismo político para que disfruten sus acólitos y mantenidos. Lleva el camino de convertir la Ciudad Condal en una metrópoli decadente e insulsa del mismo color que los bolardos que plantificó en el Ensanche barcelonés. Pero, admitámoslo, ¡qué jodidamente bien lo hace!

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¿Quién es... Xavier Salvador?
xavier salvador pila

Pese a nacer en Barcelona en un ya lejano 1965, he acabado siendo un tipo de pueblo. Hoy ejerzo como consejero delegado de CRÓNICA GLOBAL después de haber dado bandazos periodísticos por ahí durante años (El Observador, Diari de Barcelona, El Periódico, Economía Digital...). He escrito dos libros. El más leído, Pujol KO, junto a varios autores. Del otro (El yugo milenario) es del que me siento más orgulloso, pero fue un divertimento intelectual de otro tiempo y otro lugar. Me gustan las personas auténticas, trabajar en equipo, la familia y el buen vino. Bonhomía, digitalización y periodismo en estado puro, vamos.