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Que cinco años no es nada…

Xavier Salvador
13 min

El miércoles 1 de julio de 2015, los bancos griegos abrieron las puertas y permitieron a los jubilados que cada uno retirara 120 euros. La situación en el país era de máxima tensión. La portada del diario El Mundo titulaba “Grecia cede y acepta las condiciones del Eurogrupo”. La intervención europea sobre los helénicos era un hecho y la crisis económica europea parecía avanzar hacia el final del túnel.

Ese mismo día nació la nueva Crónica Global. En un ático próximo a la estación de Sants en Barcelona, un grupo de siete profesionales nos arremangamos para darle la vuelta a un proyecto de comunicación nacido casi dos años antes y que vivía dificultades de subsistencia. Hubo un cambio accionarial, de propiedad, pero sobre todo aquel verano se apostó por un objetivo periodístico renovado: convertirnos en la referencia política y económica de todos aquellos catalanes que veían con tanto asombro como temor la evolución del nacionalismo hacia posiciones excluyentes y secesionistas.

La mayoría de los que participamos en esa fase inicial procedíamos de un digital económico en cuya gestación y crianza habíamos participado de manera tan activa como exitosa. Pero pese a nuestros orígenes y especialización profesional, la situación catalana había tomado un rumbo tan catastrófico que hacía imposible sustraerse a la narración política de lo que sucedía. Quisimos, también, hacer honor a nuestra cabecera. Las primeras portadas sorprendieron: había mucha información sobre empresas y a la línea de combate antinacionalista que constituía el origen del medio se sumó un periodismo atrevido que iba a por lo factual sin dejar de reflexionar y opinar sobre lo que acontecía.

Entre los poco más de 100.000 lectores de julio de 2015 a los más de cuatro millones totalizados en marzo y abril pasado han sucedido muchas cosas. La más importante de todas ellas es haber logrado granjearnos la confianza de lectores, suscriptores y anunciantes que, aunque con recelo inicial, decidieron impulsar una iniciativa de comunicación de raíz catalana, pero española y europea sin complejos. Ese periodismo periférico, que piensa más allá de la villa y corte madrileña, ha convertido, cinco años después, a Crónica Global en un medio tan necesario como útil a la ciudadanía y en el pilar más sólido del relato constitucionalista transversal editado en Cataluña hoy.

Han sido muchos los que de una u otra manera han contribuido a que este miércoles celebremos el quinto aniversario de nuestra refundación con una salud de hierro como empresa y una nada desdeñable posición de influencia en la agenda catalana. Es más, son muchos los ciudadanos del resto de España que han decidido leernos regularmente para conocer una realidad distinta a la que el ecosistema mediático nacionalista ha pergeñado durante estos años. Desde un primer momento hemos creído que permanecer a pie de obra en el combate periodístico contra la mentira del independentismo resultaba mucho más útil que perseguirlo desde una visión centrípeta del Estado. La información de proximidad ha desnudado con más eficacia a los populismos y radicalismos de todo tipo vividos en Cataluña que la reflexión cenital que se practica desde Madrid.

El éxito del modelo empresarial y periodístico aplicado ha suscitado todo tipo de especulaciones malintencionadas. ¿Quién paga ese proyecto?, ¿de quién es y qué persigue?, ¿cómo ha obtenido una posición de mercado tan destacable sin personajes ilustres detrás? No merece la pena perder ni un minuto en responder a los que son incapaces de comprender que hay una Cataluña periodística que no está en la parrilla de TV3, ni desperdicia su tiempo y energía en estériles y utópicas repúblicas con helado gratis. Que existen profesionales que tampoco quieren alentar una especie de guerracivilismo entre catalanes y son capaces de generar información y opinión desde posiciones centradas, democráticas, inequívocamente constitucionalistas y respetuosas con los intereses de los lectores en un sentido plural y no sectario.

Pero por si toda esa información resultara insuficiente, el dato básico: Crónica Global es propiedad de periodistas, que la administran y gestionan con una visión moderna e inequívoca vocación capitalista. Antes de que muchos otros se jactaran de ello en chiringuitos cooperativos y otros inventos, en este medio descubrimos que nuestra libertad real, nuestra independencia efectiva, se hallaba realmente en la línea final de la cuenta de resultados. Si éramos eficaces y ganábamos dinero estaríamos protegidos de las presiones políticas y económicas. Y así hemos sorteado las dificultades, que no han sido menores (atentado de Arran incluido), para llegar al primer lustro en condiciones de abordar un proyecto cada vez más solido, riguroso y profesional.

En nuestro ADN hay mucho más metal forjado durante estos cinco años. Hemos renunciado a construir un medio de autor o un producto pensado contra otros competidores con ánimo revanchista. Se ha trabajado en nuestra propia definición y en los lectores como principales y casi únicos protagonistas. Este digital es una obra periodística coral que es posible gracias a la calidad de las crónicas políticas de María Jesús Cañizares; posee un indiscutible valor añadido en las radiografías empresariales de Gonzalo Baratech; es inconcebible sin la prosa sarcástica y el humor aplicado de Ramón de España; contiene guiños permanentes a la cultura y al pensamiento más actual con las plumas de Manel Manchón, Carlos Mármol y Josep Maria Cortés; exclusivas e investigaciones sorprendentes del nuevo periodismo que practica Ignasi Jorro; goza de un enorme pulso de actualidad en Madrid y Barcelona que pelea el equipo capitaneado por Gerard Mateo; y hubiera resultado imposible sin el sensato liderazgo de Joaquín Romero en una redacción joven e inexperta.

Hay muchos más en este magnífico grupo. Contar con la proximidad de mentes tan afiladas y plumas privilegiadas como las de Manuel Peña, Pablo Planas, Isabel Coixet, Joaquim Coll, Gonzalo Bernardos, Ignacio Vidal-Folch, Jordi Alberich, José Carlos Díez, Eva Moll, Antonio Yagüe, Jordi Mercader, Toni Bolaño, Pedro Vega, José Antonio Sorolla, Manel García Biel, Ricardo Fernández Deu, Manuel Gómez Acosta, José Antonio Bueno, Ricardo García Cárcel, Carlos Díaz Güell, Guillem Bota… La lista sería inacabable, pero les aseguro que todos ellos han esculpido los cinco años de Crónica Global con un mimo y un tesón que los impulsores agradeceremos siempre. E incluso, en momentos de nuestra corta historia, colaboraron con nosotros profesionales que también contribuyeron al éxito del proyecto, como Carlos Quílez, Sergio Fidalgo, Manuel Trallero, Francesc Moreno, Gregorio Morán, Laura Fàbregas, Joan López Alegre, Carles Enric, Núria Vázquez… Un medio de comunicación es un organismo vivo en permanente ebullición y donde las idas y venidas forman parte de su morfología, del ecosistema natural de la comunicación y el periodismo. Quienes estuvieron ayer son también parte de nuestro recorrido y sus méritos y aportaciones son hoy también piedras que sostienen el presente y el futuro.

¿Y ahora qué? Pues más y mejor, en síntesis. Después de haber construido en España quizá el mejor producto cultural y del mundo de las ideas con Letra Global, de haber dado nuestros primeros pasos en el mundo del motor de la mano de Toni Fuentes en Coche Global, de habernos acercado al universo Barça gracias a Víctor Malo y Culemanía y al del mundo rosa con Crónica Directo, andamos ultimando nuevos proyectos. Nuevas cabeceras, más marcas y todo un universo de iniciativas editoriales del que pronto tendrán noticia. Es el tiempo de Cristina Farrés y Alejandro Tercero, directora y director adjunto, dos profesionales jóvenes, con una trayectoria y un futuro prometedor, conocedores en profundidad de un modelo periodístico y empresarial que dará un nuevo paso al frente en septiembre con el estreno de unas nuevas instalaciones más amplias, modernas y adaptadas a las servidumbres de la pandemia, a la par que preparadas ya para la plena integración del audiovisual.

Practicando el teletrabajo, indignados y críticos como siempre, valientes y arrojados en lo periodístico, este miércoles 1 de julio los profesionales que hacemos a diario Crónica Global nos sentiremos profunda e internamente orgullosos de esta conmemoración. No podremos celebrarlo como nos gustaría, pero aun así hemos pensado que era el momento de ofrecer a nuestros lectores el fruto de nuestro trabajo durante cinco años. Ese mismo día se pondrá a la venta en las librerías Así se escribe en digital, un compendio de normas y recomendaciones que constituye el primer libro de estilo español de un medio nativo digital, útil para todos los profesionales de la información, las redes sociales o para aquellos estudiantes de cualquier variante de la comunicación que deseen adentrarse en nuestro proceloso mundo. Metrópoli Abierta, medio vinculado en la información local de Barcelona y su área metropolitana, también adoptará esa guía de buenos usos para elaborar sus contenidos.

Todo el equipo de periodistas, gestores, comerciales, auxiliares, fotógrafos, diseñadores y técnicos que hoy, o en cualquier otro momento, hace posible que seamos una empresa editora sólida y un medio de comunicación influyente cuenta con el sincero agradecimiento de los accionistas y del consejo de administración. Todos, sin excepción. Pero, para los lectores y anunciantes, permítanme añadir un reconocimiento suplementario: sin ustedes hubiera sido imposible. Gracias de nuevo, por seguir a nuestro lado. Al final, puestos a contar, cinco años no es nada, ¿verdad?

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¿Quién es... Xavier Salvador?
Xavier Salvador

Pese a nacer en Barcelona en un ya lejano 1965, he acabado siendo un tipo de pueblo. Hoy ejerzo como consejero delegado de CRÓNICA GLOBAL después de haber dado bandazos periodísticos por ahí durante años (El Observador, Diari de Barcelona, El Periódico, Economía Digital...). He escrito dos libros. El más leído, Pujol KO, junto a varios autores. Del otro (El yugo milenario) es del que me siento más orgulloso, pero fue un divertimento intelectual de otro tiempo y otro lugar. Me gustan las personas auténticas, trabajar en equipo, la familia y el buen vino. Bonhomía, digitalización y periodismo en estado puro, vamos.