El caso Puigdemont, ¡se acaba la fiesta!

Manel Manchón
6 min

Hay alegría en el campo del unilateralismo independentista. Los fieles de Carles Puigdemont gritan sin rubor alguno, porque la detención en Italia y el correspondiente quiebro a la Justicia española --la Abogacía del Estado deberá esclarecer si realmente había comunicado la suspensión o no de la euroorden-- es un síntoma de que la estrategia es la correcta y de que ERC vive en una nube, poco menos que secuestrada por el Gobierno de Pedro Sánchez. Pero el análisis de fondo muestra al expresidente como un hombre solo, que no desea llegar a ningún acuerdo y que en algún momento deberá tomar una decisión definitiva.

El caso Puigdemont presenta dos vertientes claras. La primera es que el Gobierno español, sea ahora del PSOE o mañana del PP, tiene un problema que debería asumir lo antes posible. No habrá un proceso de cierta normalidad sin el regreso del líder de Junts per Catalunya (JxCat). Y no se puede aceptar la posibilidad de no hacer nada y dejar en Bruselas al exalcalde de Girona durante los próximos 25 años. Eso no implica que el Estado abandone sus obligaciones y que se renuncie a que Puigdemont sea juzgado.

La otra vertiente afecta al propio dirigente político y a una parte no menor del independentismo. Puigdemont, si algún día quiere mirar a la cara de Oriol Junqueras --aunque éste también deberá pedirle perdón por su actitud incomprensible en octubre de 2017-- deberá aceptar que la única solución pasa por su regreso a España, por ser juzgado por los delitos de sedición y prevaricación y esperar un posterior indulto. Jugar al gato y al ratón, intentar con el inefable abogado Gonzalo Boye aprovechar todas las grietas del derecho y las contradicciones de los países europeos y de sus instituciones puede resultar gratificante a corto plazo. Pero, ¿cuánto puede durar? ¿Dos años más, hasta agotar todos los recursos posibles?

Los pasos de Puigdemont serán decisivos para el propio movimiento independentista, lo que no es asumible por la mayoría de ciudadanos españoles --entre ellos los catalanes-- es que se considere que no pasó nada. Que Puigdemont debería volver a España libre y sin obligaciones. La insistencia en pedir la amnistía por parte del independentismo es una burla a todos, porque es tanto como reclamar que se ponga el contador a cero, que nunca ocurrió nada y que podemos empezar de nuevo. Si así fuera, pongamos por caso, el independentismo debería comprometerse a que seguirá todas las vías legales y que no moverá un dedo que suponga atentar contra la Constitución. Y no se ha escuchado nada en ese sentido. Todo lo contrario. Es decir, se pide la amnistía y se señala que si no hay un acuerdo para un referéndum, se retomará la vía unilateral. ¿Cree Puigdemont que toda la sociedad española es tonta de remate?

El caso Puigdemont es vital, no es algo que se pueda ignorar. Sigue siendo un referente, de hecho es una especie de tótem para una parte de la sociedad catalana que actuó con total frivolidad. Es un icono para clases medias y burguesas adineradas que sonríen cuando Puigdemont parece que pone contra las cuerdas a todo un Estado español. No lo hace en ningún caso, pero se juega a la fantasía de que puede hacerlo, y la satisfacción en las amplias casas burguesas es enorme. Es la prueba de la gran decadencia en la que ha caído una buena parte de la sociedad catalana. Pero es así. Es una realidad que los gobiernos españoles no pueden dejar de lado. Nada se podrá conseguir, de verdad, sin el concurso de Puigdemont. Pero hay que dejarle claro que deberá ser juzgado en España, como lo fueron Oriol Junqueras, Jordi Turull, Josep Rull, Dolors Bassa o Carme Forcadell. Y con Puigdemont también deberán ir de la mano Toni Comín y Clara Ponsatí.

La fiesta, la tontería, el engaño y la frivolidad se han acabado. Puede ser muy divertido driblar al juez Pablo Llarena, y a la “justicia española”, pero solo hay un camino para la normalidad, si es que Puigdemont ama, aunque sea un poco, a esa sociedad catalana que él dice liderar.

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¿Quién es... Manel Manchón?
Manel Manchón

Periodista barcelonés, especializado en política y economía. Jefe de la sección de Opinión y del cultural Letra Global.