Carta ‘indepe’ a los Reyes Magos

Xavier Salvador
4 min

“Estimados monarcas de Oriente,

Soy un catalán independentista que, aunque rechazo la monarquía española y trabajo por la República catalana, desearía que en 2017 sus gráciles majestades nos proporcionaran la condición de estado catalán soberano. Mi bondad ha sido intachable durante el último año: acudí a todas las manifestaciones a las que fui llamado, incluso acompañé a nuestros líderes ante los tribunales cuando fueron citados a declarar. Hubo alguno que no acudió porque el correo no llega a la Cataluña interior por el déficit de infraestructuras y los robos constantes de Madrid, pero al final pudieron hacerlo cuando los Mossos le refrescaron las fechas. En síntesis, me porté como un buen y honrado miembro del pueblo catalán desde el 1 de enero al 31 de diciembre pasando, claro, por el 11 de septiembre.

Les hago esta petición a ustedes en nombre de muchos otros catalanes que piensan como un servidor, pero también de Òmnium Cultural y de la Assemblea Nacional Catalana. Ambas organizaciones, a las que les compré una vez una camiseta, nos piden asistir a la cabalgata con nuestras banderas estrelladas. Ellos creen en ustedes. También, aunque no lo hayan pedido, sería un buen regalo para nuestro presidente, Carles Puigdemont, y para el vicepresidente, Oriol Junqueras. Estoy seguro que el presente sería bien recibido asimismo por la presidenta de nuestro Parlamento, Carme Forcadell, y por todos los catalanes sometidos al imperialismo español que nos acompañan en este cometido, desde los intelectuales a los mediáticos.

Sólo ustedes pueden facilitarnos a estas alturas el cumplimiento de ese deseo, de ese anhelo histórico. Apreciados Melchor, Gaspar y Baltasar, su magia es ya nuestro último recurso, una especie de esperanza final para convertirnos en un país diferente de España. Hablo en nombre de nuestros dirigentes y líderes, que nos animan a pedirles en la cabalgata que recordemos nuestro cristiano deseo de independencia.

Ya puestos a pedir, quisiera encargarles un buen cargamento de carbón para don Mariano Rajoy, el presidente español que con su quietismo ha conseguido que Artur Mas dejara la Generalitat, que su lugarteniente Francesc Homs se haya convertido en el gran destructor de Convergència Democràtica y que el partido de una buena mayoría de catalanes esté pendiente de achatarramiento. Rajoy, Miquel Iceta, Albert Rivera, Lluís Franco, Joan Coscubiela y hasta la alcaldesa Ada Colau son los grandes responsables de que la plena soberanía de nuestro país no prospere como debiera y como reclama el disciplinado pueblo catalán. Me gustaría que sus balcones se llenaran de carbón y no del dulce precisamente.

Otros años pedía a sus majestades una paz ambigua, una solidaridad general y una fraternidad mundial que este año no me sale. Estamos apurados y sin saber si este 2017 tendremos referéndum u otra botifarrada popular como la del 9N. Por eso es más importante que nunca su intercesión. Amigos como Agustí Colomines, Toni Albà, Santi Vidal, los diputados de la CUP y muchos otros catalanes que hemos trabajado con intensidad estos últimos meses nos merecemos el preciado obsequio.

Les ruego que se tomen muy en serio esta carta y mi petición. No vale aquello de que los reyes son los padres. Muchos catalanes, como escuché decir un día en TV3, creemos que las ilusiones --si madrugas mucho, mucho-- nos hacen mejores como país.

Majestades, besos y abrazos”.

Fdo. Un ciudadano independentista.

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¿Quién es... Xavier Salvador?
Xavier Salvador

Pese a nacer en Barcelona en un ya lejano 1965, he acabado siendo un tipo de pueblo. Hoy ejerzo como consejero delegado de CRÓNICA GLOBAL después de haber dado bandazos periodísticos por ahí durante años (El Observador, Diari de Barcelona, El Periódico, Economía Digital...). He escrito dos libros. El más leído, Pujol KO, junto a varios autores. Del otro (El yugo milenario) es del que me siento más orgulloso, pero fue un divertimento intelectual de otro tiempo y otro lugar. Me gustan las personas auténticas, trabajar en equipo, la familia y el buen vino. Bonhomía, digitalización y periodismo en estado puro, vamos.

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