De Barcelona, barcelonés; de L’Hospitalet…

Gerard Mateo
4 min

Vamos a tomar un poco de aire, porque no se habla de otra cosa. Bueno, la dimisión de Bartomeu y la operación Voloh han animado un poco el día a día. Pero el coronavirus se lleva la palma. Es posible que nunca se haya escrito tanto sobre algo como del Covid-19. Es lo que tiene internet. Sin embargo, hay una meticulosa e interesada desinformación alrededor del mundo. Por eso, he venido aquí a hablar de mi libro, que diría aquel, porque en el planeta hay muchas más cuestiones, aunque ahora sea muy difícil abstraerse de la actualidad sanitaria, social y económica que nos toca vivir.

L’Hospitalet de Llobregat es la continuación de Barcelona, pero no son lo mismo. Es una ciudad obrera, con mayoría de votantes socialistas, con mucha historia. Con todo, la urbe que hoy conocemos comenzó a levantarse en las décadas de 1960 y 1970, cuando empezaron a poblarla vecinos de otros lugares de España en busca de un mejor porvenir. Poco a poco, desde la humildad, ha ido sacando la cabeza y, a menudo, sabe aprovechar las oportunidades que deja pasar la Barcelona de Colau. Pero sin desprenderse de sus orígenes. Hoy, junto con Sant Boi, Esplugues, Cornellà y El Prat, forma una isla donde la renta es inferior que en los alrededores. Además, es una de las ciudades españolas con más densidad de población.

De hecho, L’Hospitalet es el segundo municipio de Cataluña en número de habitantes (265.000), y el 16 en el conjunto de España. Todo ello parece insuficiente para que la Real Academia Española incluya su gentilicio, hospitalense, en el Diccionario de la lengua española. Pero hay más: es la única de las 25 ciudades más pobladas de todo el país que carece de este honor. Vitorianos, coruñeses, ilicitanos, ovetenses y cartageneros, aunque son menos, sí están representados de forma oficial en el idioma castellano. Lo mismo ocurre con los olmedanos, los eibarreses y los santiagueños (de Santiago de la Espada, Jaén), por poner algunos ejemplos. ¿Qué ocurre con los hospitalenses?

Dentro de Cataluña, la situación es similar. Ocho de los diez primeros municipios en número de población aparecen en el diccionario de la RAE. Algunos, por partida doble, como tarrasense/egarense y leridano/ilerdense. En esta lista no fallan barcelonés, badalonés, sabadellense, tarraconense, mataronés y reusense. Pero faltan hospitalense y colomense. Por si fuera poco, otras ciudades catalanas, con muchos menos vecinos, también cuentan con una entrada. Son los casos de gironés/gerundense (Girona ocupa el lugar 11 del censo); manresano (15), granollerense (20), figuerense (25), igualadino (28) y tortosino (39), por ejemplo. No quisiera yo añadir más polémicas y batallas absurdas a este 2020, que para eso ya pagamos a los políticos. Pero, sin duda, es una cuestión digna de estudio.

PD. Procés, coronavirus… qué raro que China aparezca en todas las ecuaciones de desestabilización mundial y, a la vez, sea el único país que prevé crecimiento. Y hablando de cosas raras y desestabilización: la Generalitat cierra Cataluña a cal y canto. ¡Ah!, pero permite las manifestaciones, unas protestas que siempre son del mismo signo.

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¿Quién es... Gerard Mateo?
Gerard Mateo

Barcelona, 1990. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Comenzó su camino profesional como colaborador en las publicaciones deportivas digitales Madrid-Barcelona y Defensacentral, antes de dar el salto al Diario Gol. Con posterioridad, y tras casi cinco años, aterrizó en Crónica Global, donde hoy por hoy ejerce de redactor jefe de actualidad y edición. Buscando explicación a todo.