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El Barça es mucho más que unas primarias

Xavier Salvador
9 min

A finales de enero, el Barça decidirá qué quiere ser en los próximos años. Las elecciones al club siempre son un acontecimiento social en Cataluña, que es donde residen la mayoría de los socios con derecho a voto. El Barça es, en términos de masa social, lo más próximo a la sociedad civil catalana: transversal, plural y poliédrico. En su dimensión electoral se parece mucho más, en cambio, al Parlamento catalán, donde el nacionalismo lleva décadas en el ejercicio del poder gracias a su elevada notoriedad en aquellos espacios que más ponderan para gobernar. Entre los que tienen carnet abunda el independentismo sociológico.

Las próximas elecciones a la cúpula de la entidad deportiva no son, sin embargo, unos comicios más. Se celebran unas semanas antes de que Cataluña regrese a las urnas para escoger a sus gobernantes autonómicos. Tendrán lugar, además, en un contexto deportivo pésimo si se compara con los últimos años triunfales, pero en la línea de lo acontecido en la historia contemporánea de la institución. Para acabar de emocionar, al rico Barça de las últimas décadas se le ha complicado la cuestión económica por la pandemia y por una política de fichajes de jugadores y de políticas salariales discutible.

Cuando el socio deposite su voto el 24 de enero en las urnas tendrá en la mente todas esas circunstancias anteriores. La papeleta de cada uno se escogerá gracias a un debate entre dos inquietudes principales: la política y la gestión.

Desde tiempos inmemoriales los políticos catalanes han atacado la fortaleza culé para poner a su disposición la enorme caja de resonancia internacional que supone. Memorable fue el intento de Jordi Pujol para destronar a Josep Lluís Núñez a través de la candidatura de Sixte Cambra. El fracaso fue tan sonado que Cambra jamás acabó de levantar cabeza en política a pesar de los cargos que desempeñó después.

Hoy, con la ANC dispuesta a extender sus tentáculos a cualquier institución catalana (como logró hacer con la Cámara de Comercio) el riesgo de convertir al club en un brazo armado de sus intereses secesionistas es más que una posibilidad. Brazo armado no al estilo que describiera Manuel Vázquez Montalbán, sino como el altavoz permanente de la reivindicación nacionalista y en elemento propagandístico internacional.

Que gane uno u otro no será baladí. Entre las precandidaturas que se han presentado dos de ellas destacan por sus posibilidades reales y su perfil independentista y de derecha nacionalista. Tanto Víctor Font como Joan Laporta son y han sido activistas del soberanismo. Font es accionista del subvencionado diario Ara y aunque se presente como independiente en lo político la hemeroteca acumula no pocas vergüenzas. Su proximidad a Pep Guardiola, Ferran Soriano y el magnate Jaume Roures es otro elemento que sobrevuela sobre una candidatura interesada por colonizar el negocio barcelonista y construida a modo de neopeneuve. A Laporta le costará desprenderse de la imagen de batasuno con corbata que ha acumulado en los últimos años. Ni la presencia teóricamente estabilizadora del exdirector general de la Fundación Bancaria La Caixa Jaume Giró como eventual número dos del equipo bastará para borrar de la memoria las payasadas acumuladas por el que ya fue presidente y ahora regresa como mágica y madura tabla de salvación.

Que cualquiera de ellos acabe dirigiendo el club es una mala noticia para Cataluña, pésima. Por eso sorprende la distancia y cautela con la que los partidos constitucionalistas catalanes observan estos comicios. Una victoria de Font o Laporta, incluso de un pacto entre ambos, resultará un elemento de distorsión de la opinión pública sin parangón, más nocivo todavía que el control de los medios de comunicación que ha logrado el nacionalismo.

En el ámbito de la normalidad política sólo cabe situar a Emili Rousaud. Es lo más parecido a Florentino Pérez de los candidatos que concurren. Empresario de éxito, joven y forrado de millones gracias a los dos pelotazos que acumula con su Factor Energía. Una tranquilidad para la caja del club, porque será el único que no llegará con intención de aprovecharse y medrar en lo personal. Rousaud es un personaje de corte apolítico, al que la fractura de la sociedad catalana solo le preocupa en tanto que afecte a su negocio y a la estabilidad jurídica en la que se desarrolla. Al otro candidato no nacionalista, el abogado Toni Freixa, le precede su histórico interés por la entidad, de la que ha sido secretario y portavoz. En política ha coqueteado con Lliures, el partidillo de un incombustible Antoni Fernández Teixidó, una formación política que busca el acomodo ante las próximas autonómicas y que nace como reacción catalanista moderada al procés y a las barbaridades independentistas de los últimos años. En ese contexto más lejano de la pulsión política también podría encuadrarse Xavier Vilajoana. El suyo es el perfil más futbolero de todos y, si supera la recogida de firmas, podría albergar posibilidades. Tratándose de los tres constitucionalistas que participarán en la elección, quizá tendría sentido una aproximación entre ellos para no disgregar el voto de los socios y acabar favoreciendo a las opciones soberanistas.

Cuando el socio del Barça acabe votando a la vuelta de las fiestas no sólo decidirá sobre la remodelación del Nou Camp o la continuidad de Leo Messi, sino que con su elección determinará el grado de politización o independencia del club, la posibilidad de perder el enorme apoyo que los colores obtienen en lugares donde el nacionalismo sienta fatal o el grado de ridiculez colectiva a realizar en el futuro. No, las elecciones al Barça no serán solo unas primarias de las autonómicas. Los asesores de imagen de los candidatos independentistas trabajarán por presentarlos como seres asexuados en lo político, pero nadie debe olvidar de dónde vienen y para qué. Que se le entregue otra institución capital al soberanismo aldeano que nos gobierna sería un nuevo error fundamental de los catalanes. Bastante tenemos con la estulticia que campa por la Cámara de Comercio o el desgobierno de los dos lados de la plaza Sant Jaume como para que el Barça se sume al cesto de despropósitos con el que cohabitamos.

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¿Quién es... Xavier Salvador?
Xavier Salvador

Pese a nacer en Barcelona en un ya lejano 1965, he acabado siendo un tipo de pueblo. Hoy ejerzo como consejero delegado de CRÓNICA GLOBAL después de haber dado bandazos periodísticos por ahí durante años (El Observador, Diari de Barcelona, El Periódico, Economía Digital...). He escrito dos libros. El más leído, Pujol KO, junto a varios autores. Del otro (El yugo milenario) es del que me siento más orgulloso, pero fue un divertimento intelectual de otro tiempo y otro lugar. Me gustan las personas auténticas, trabajar en equipo, la familia y el buen vino. Bonhomía, digitalización y periodismo en estado puro, vamos.