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¿Se ha malvendido el Barça?

Xavier Salvador
6 min

Que el Barça está frágil no es ningún descubrimiento. Se comprobó el sábado en lo deportivo, pero quizá sea el menor de sus problemas venideros. Tras los últimos acontecimientos que ha vivido el club, perder en Madrid casi le resultará útil a la nueva directiva para transmitir y recrearse en la pena ante lo que viene.

Una buena parte de la opinión publicada se planteaba que debía impedirse el acceso del independentismo a la institución como había sucedido con la Cámara de Comercio de Barcelona o como algunos intentaron con la patronal Pimec. Fue un error estratégico, porque ese resultaría a la postre el menor de los males. Joan Laporta es independentista, pero no es lo que más le preocupa en su jerarquía de prioridades. Junto a su socio Xavier Arbós mantienen un pequeño bufete legal que no es de los que mejor factura o acompaña a las empresas en la Ciudad Condal. Convendrá monitorizar su marcha a partir de ahora. Si Laporta se hace el nacionalista en el Barça seguro que tendrá otra finalidad real que la política. Eso, por tanto, debería preocupar poco.

Las elecciones y la investidura del nuevo presidente han puesto sobre la mesa un asunto más peliagudo. ¿Nos hemos vendido el Barça por cuatro euros? Esa es una pregunta que flota en el ambiente al ver como la candidatura ganadora no tenía resuelto uno de los principales elementos de cualquier aspirante: disponer de un aval del 15% del presupuesto anual, algo más de un centenar de millones de euros.

Quizá alguien pudo pensar que esto funcionaba como antaño. Se ganaban las elecciones y los bancos hacían cola para ser los avaladores de los nuevos directivos y establecer una relación de mutuos favores. Laporta lo vivió en su paso anterior y debió pensar que en esta ocasión sería similar. La alquimia final del aval merecería un tratado monográfico. Mal comienzo no disponer de los recursos y tener que improvisar unos avalistas de los que se sabe poco y/o generan mucha desconfianza y oscuridad.

Estaría bien que algún socio con un poco de tiempo libre pidiera ver el aval para desmenuzarlo. Si los directivos actuales no lo facilitan, seguro que la justicia podría lograrlo. Conviene saber si esconde compromisos extraños. ¿Puede que exista conflicto de intereses entre los avalistas y algunos miembros de la junta directiva?, ¿ha puesto dinero de forma indirecta algún representante de jugadores que aspire a recuperar el favor y la pasta?, es más, ¿puede que algún miembro de la plantilla haya contribuido también al aval de Laporta con el objetivo de frenar una eventual y millonaria rebaja de salarios?

A pocos días de la investidura, a Laporta le abandonó uno de los acompañantes de lujo, de los que más había presumido y que estaba llamado a ser la voz y la ejecutoria económica de la nueva etapa. Aquello jamás se explicó del todo bien y las elipsis mediáticas que pactaron Laporta y Jaume Giró aún añaden más sombras a las preguntas anteriores.

Que un empresario que vive de los derechos del fútbol sea uno de los avalistas más relevantes de esta nueva junta directiva tampoco es para exhibirlo en una vitrina de buenas prácticas de las organizaciones. Que, además, Jaume Roures admita, cuando se ve obligado a dar la cara, que sus millones solo querían evitarle al club unas nuevas elecciones resulta bastante sintomático del agradecimiento que le deberán todos los nuevos directivos.

Quizá estemos manteniendo la ficción de que el Barça es de sus socios y que sigamos con la entelequia decimonónica de que el modelo culé es mejor que el de las sociedades anónimas deportivas. Pues qué lástima, porque a la vista de cómo está la situación sería mucho más transparente un modelo en el que se conocieran de verdad a los propietarios y sus intereses reales. Y si cotizara en el mercado bursátil aún podríamos respirar más aliviados por la obligación de dar información real y transparente de las cuentas.

En fin, que lo del Real Madrid del sábado no deja de ser un tropiezo menor. E incluso sea bienvenido: que los triunfos deportivos no acaben tapando la verdadera fragilidad de este Barça.

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¿Quién es... Xavier Salvador?
Xavier Salvador

Pese a nacer en Barcelona en un ya lejano 1965, he acabado siendo un tipo de pueblo. Hoy ejerzo como consejero delegado de CRÓNICA GLOBAL después de haber dado bandazos periodísticos por ahí durante años (El Observador, Diari de Barcelona, El Periódico, Economía Digital...). He escrito dos libros. El más leído, Pujol KO, junto a varios autores. Del otro (El yugo milenario) es del que me siento más orgulloso, pero fue un divertimento intelectual de otro tiempo y otro lugar. Me gustan las personas auténticas, trabajar en equipo, la familia y el buen vino. Bonhomía, digitalización y periodismo en estado puro, vamos.