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Balas, navajas y falsas amenazas

Gerard Mateo
6 min

Las elecciones madrileñas están a la vuelta de la esquina y la cercanía del 4M se percibe en el ambiente, cada día más crispado. Por si faltaba algún ingrediente, han aparecido unos sobres con balas en los buzones del candidato de Podemos, Pablo Iglesias; del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska; y de la directora de la Guardia Civil, María Gámez; así como otro con una navaja dirigida a la ministra de Industria, Reyes Maroto. Unas amenazas deleznables, pero que, por h o por b, impactan de lleno en la campaña.

Hay que condenar la violencia en todas y cada una de sus formas. Y es feo que los políticos lleven tiempo utilizando estos hechos a conveniencia, sean balas o adoquines. Las amenazas a Iglesias y familia son intolerables, pero no vale eso de culpar a la extrema derecha de estos mensajes, sobre todo cuando el caso se está investigando. Una extrema derecha que, por cierto, es recibida a pedradas en numerosos lugares, aunque parece que si le abren la cabeza a algún simpatizante de Vox se lo merece por fascista. ¡Qué peligro!

El caso más sangrante es el de la ministra de Industria. Maroto posó ante las cámaras con una fotografía de la navaja que había recibido y no dudó en señalar a la extrema derecha, inductora según ella de estos hechos con el “discurso del odio”. Lo hizo a pesar de que la investigación estaba en marcha, y muchos la creyeron. Pero resulta que el autor de esta barbaridad tiene algún tipo de enfermedad mental (aunque hay quien, a pesar de ello, lo vincula con Vox). No importa. Todo vale contra el enemigo.

De todos modos, el espectáculo que ofrecen a diario los políticos es penoso. Se basan en el y tú más. En el caso de Madrid, unos (Podemos) centran la campaña en si los otros (Vox) condenan las amenazas, y los otros juegan a deslizar si estas amenazas a los unos son falsas y las promueven ellos mismos con el único objetivo de ganar votos. Intolerable se mire por donde se mire. Ojo, que son nuestros representantes. Tal vez ha llegado el momento de exigir algún tipo de prueba de acceso a la política, si es que de verdad queremos progresar.

Por desgracia, lo que ocurre en Madrid hace ya unos años que lo vivimos en Cataluña. La violencia, por lo general, solo la condenan los políticos cuando les afecta a los suyos. Se han destrozado sedes de partidos de forma recurrente (de todos, pero en especial de los contrarios a la independencia); se han quemado fotografías; se ha amenazado a las familias de los políticos constitucionalistas; se ha señalado a jueces; se ha calificado de facha al contrario a la independencia, y se ha llegado a declarar personas non gratas a ciertos representantes en algunos municipios catalanes. Hay que escarbar para encontrar a alguien que condene todos y cada uno de estos hechos, independientemente del color o del signo político.

Uno de estos casos lo vivimos en Crónica Global en nuestras carnes. En enero del 2018, unos miembros de Arran destrozaron la cristalera de la redacción con nocturnidad y alevosía. En público, pocos lo condenaron; en privado, algunos más. Pero no hubo ni una palabra del Colegio de Periodistas, ni TV3 informó de ello. Tampoco la CUP (por aquel entonces éramos vecinos separados por 20 metros) se dignó a preguntarnos por el ataque de sus cachorros (obviamente). Eso sí, apenas cuatro meses atrás, un cupaire no dudó en pedirnos permiso para utilizar nuestro lavabo durante los registros policiales a su sede durante el 20S. Se lo permitimos, por supuesto.

Las balas amenazantes y, sobre todo, el espectáculo posterior confirman algo que ya se sabía, que los extremos se retroalimentan. Pero no hay que olvidar al resto: si ciertos partidos suben es porque los supuestamente moderados han hecho un muy mal trabajo. Sin olvidar que los políticos rezuman hipocresía en función de quién es el atacado. No deja de sorprender, por ejemplo, que los adalides de la democracia en versión independentista comulguen con personajes como Arnaldo Otegi, Fredi Bentanachs y Gonzalo Boye; o que ciertos sectores negocien con formaciones incapaces de condenar el terrorismo de ETA, porque los moderados entre sí se niegan a ponerse de acuerdo.

En resumen, no se libra casi nadie. Unos y otros son unos irresponsables y, a la vez, responsables de la crispación actual. Para más inri, los tertulianos de cabecera del independentismo pregonan que ya lo advirtieron, que el procés surgió para “frenar al fascismo”, un movimiento que se ha extendido ahora a Madrid, según ellos. ¿Están poniendo límites permisibles a la violencia?

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¿Quién es... Gerard Mateo?
Gerard Mateo

Barcelona, 1990. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Comenzó su camino profesional como colaborador en las publicaciones deportivas digitales Madrid-Barcelona y Defensacentral, antes de dar el salto al Diario Gol. Con posterioridad, y tras casi cinco años, aterrizó en Crónica Global, donde hoy por hoy ejerce de redactor jefe de actualidad y edición. Buscando explicación a todo.