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Badalona, la convergencia de distintas realidades

Gerard Mateo
5 min

El dramático incendio de la nave okupada de Badalona es un buen ejemplo de que todo es según el color del cristal con que se mira. La desdicha y la ventura convergen hoy en la cuarta ciudad catalana. Y, para más inri, es muy posible que esta desgracia sirva para más bien poco; estaremos unos días con lamentos diversos y protestas y, algunos, aprovecharán para mezclar en este suceso otras cuestiones, como ya ha comenzado a ocurrir. ¡El mundo!

Las sirenas comenzaron a sonar en la noche del miércoles y, a partir de ahí, la historia conocida: numerosos muertos y heridos entre aquellos que, años atrás, abandonaron sus tierras y dejaron lo poco que tenían en busca de una vida mejor. La desesperación y la ilusión llevaron a cerca de 200 personas a vivir amontonadas en una nave insalubre, pero con un techo (que ya no existe) bajo el que guarecerse y resguardarse de la lluvia, sí, pero también del frío que ya llega. Nadie, en su sano juicio, vive por gusto en tan tremendas condiciones. Y no es el único emplazamiento okupado en la zona. Un polvorín.

Por ello, la tragedia de Badalona aflora que dos realidades tan distintas pueden compartir espacio y tiempo. ¿Cómo sería pasar allí el confinamiento? Más aún, la una se alimenta de la otra. El llamado primer mundo asume la miseria del tercer mundo como un problema cuando la tiene encima, aunque, como es el caso, ojos que no ven, corazón que no siente. Solo cuando ocurre una desgracia de tal magnitud algunos recuerdan que ahí hay algo muy mejorable. Ahora toca ponerse las manos en la cabeza, pero estas personas llevaban muchos años malviviendo en la nave que okuparon, y nadie había hecho nada al respecto. Bueno, sí, el propietario.

Tras el incendio, todas las miradas buscan al dueño del local, que lo compró hace unos años y permitió que en él vivieran personas en situación irregular (al menos, nunca ha denunciado la okupación). Es decir, el único que ha hecho algo por estas personas (aunque no fuera él quien tuviera que ocuparse de ello, ni mucho menos) tiene todas las papeletas para cargársela ahora, ya que es su obligación tener su nave en óptimas condiciones, aunque la tenga sin usar durante años. De traca. De nuevo, ¡el mundo! Es de suponer, eso sí, que se ha producido un efecto llamada hasta llegar a 200 inquilinos.

¿Delincuencia? Es difícil señalar a alguien en concreto, sobre todo si no hay un registro de las personas que comparten estancia. Es cierto que en esa nave se han juntado tipos de toda condición, y que en los aledaños se han vivido algunas escenas tensas. Ahora bien, los vecinos, por lo general, no se puede decir que estuvieran encantados de tener un local abandonado repleto de ciudadanos en condiciones infrahumanas, pero tampoco se quejan de alborotos. Eso sí, este drama ya les sirve a muchos como arma política. A los de un lado y a los del otro.

Por una parte, se encuentran los defensores del orden; quienes, en última instancia, casi criminalizan a las víctimas de la tragedia. Por la otra, aparecen los que ponen el derecho a la vida digna y a la vivienda por delante de todo, sin nada a cambio; quienes, incluso, aplauden cualquier okupación, con el argumento de que todo aquel que se apropia de una casa ajena es que no tiene donde caerse muerto (cuando no es así, y conviene recordarlo, como tampoco es una cuestión con la que deban cargar los propietarios). Pero, el colmo, es que en mitad de esta calamidad sean los mismos supervivientes los que compren discursos que no tienen nada que ver con ella, como el lema Black Lives Matter que mostraron algunos de ellos durante una marcha improvisada. ¿Hay racismo en el incendio de Badalona? (Algunos dirán que sí). ¿No hay pobreza autóctona? (Y cada vez, más).

Hay cosas que no cambiarán ni en este anómalo 2020.

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¿Quién es... Gerard Mateo?
Gerard Mateo

Barcelona, 1990. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Comenzó su camino profesional como colaborador en las publicaciones deportivas digitales Madrid-Barcelona y Defensacentral, antes de dar el salto al Diario Gol. Con posterioridad, y tras casi cinco años, aterrizó en Crónica Global, donde hoy por hoy ejerce de redactor jefe de actualidad y edición. Buscando explicación a todo.