Hay que ayudar a Giró

Xavier Salvador
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El viernes, con motivo de la presentación del tercer número en papel de Letra Global, la publicación cultural que dirige el periodista Manel Manchón, tuve la oportunidad de charlar unos minutos con mi admirado Josep Maria Sala, un político de la vieja escuela que reúne muchos de los valores humanos que abandonaron la mayoría de sus compañeros en el ejercicio de la actividad pública. Sala, que es un lector confeso de esta publicación, me recriminó con el mejor de los tonos y la más amplia de las sonrisas (las que dejan ver las mascarillas, por supuesto) que en algún artículo de los lunes hubiera sugerido al PSC que hiciera una apuesta por la gobernabilidad con ERC para frenar el gobierno que finalmente se formó entre los republicanos y los neoconvergentes.

Sus argumentos eran, fundamentalmente, que se trata de un tema moral. Ellos habían ganado las elecciones como el partido más votado. Eso impedía, en el esquema clásico de la política partidaria, tender esos puentes. Mi respuesta era que erraban la estrategia: haber iniciado conversaciones con ERC no garantizaba que se cerraran con éxito y quizá hubiera desembocado en el mismo gobierno que finalmente se dibujó. Pero, en caso de haber fructificado, los neoconvergentes, el ala más radical en sentido estricto del independentismo, hubieran quedado fuera del poder y de sus vías de financiación. Además, incluso ante un fracaso, las tácticas de negociación hubieran encarecido muchísimo el acceso al Ejecutivo de Junts per Catalunya y quién sabe qué hubiera sucedido con los chantajistas populistas de la CUP.

El partidismo, la expresión sectaria de la política, ha sido uno de los grandes problemas de la Cataluña de los últimos años. Tanto en el ámbito del independentismo como en el todavía más heterodoxo del constitucionalismo encontramos decenas de ejemplos --las tribus, como tan acertadamente las ha bautizado Juan Soto Ivars--.

Por esa razón, y no por ningún otro interés inconfesable, conviene romper algunos tópicos. Con el gobierno funcionando, Jaume Giró, el nuevo consejero de Economía, podría constituir quizá la única figura del gabinete que ejerciera un papel de político independiente. El ex de La Caixa es a buen seguro el único de todos los que forman parte de ese nuevo Ejecutivo en posiciones preminentes que no tiene una obediencia de partido. Y el área que le tocará capitanear es, posiblemente, la más importante de todo lo que puede contribuir a normalizar Cataluña en los próximos años.

Desde la oposición, desde el constitucionalismo, convendría identificar a Giró como la esperanza estratégica para el diálogo económico. Evitar que se encastille en los temas identitarios por la proximidad con sus compañeros de Gobierno y acabe cometiendo las mismas radicalidades fratricidas a que nos tienen acostumbrados los secesionistas sería un triunfo colectivo. Giró es nacionalista, y aquí se ha dicho y criticado sin cortapisas. Sin embargo, no es un extremista, por más que ahora luzca erróneamente un lacito amarillo en solidaridad con los que le acompañan. Está acostumbrado al pacto y a la transacción y esa debiera ser su principal divisa en el nuevo tiempo. Le he visto renegar de la CUP, que será el principal martillo de herejes con el que deberá enfrentarse. Con él cabe el diálogo. Pactar ahora con el titular de Economía no es tanto generosidad como inversión estratégica de quien lo haga.

Fuera del entorno de protección de La Caixa, donde cometió algunos errores de principiante, Jaume Giró ha demostrado valentía y arrojo. Su necesidad de visibilidad pública le llevó a la candidatura de Joan Laporta al Barça, y cuando tuvo constancia circular de lo que suponía aquella iniciativa dio marcha atrás. Cuando los de ERC le propusieron entrar en el Govern dijo que no, pero ya no supo repetir la negativa al ser Jordi Sànchez y José Antich los que le animaron a acceder en nombre de JxCat. El nuevo consejero no es un especialista económico ni de hacienda pública pese a venir del sector financiero, pero es un tipo trabajador, rápido y muy astuto. Esas tres condiciones son sus principales activos profesionales.

Y es ahí donde sindicatos, patronales, instituciones económicas, lobis, grupos de presión y los propios partidos de oposición pueden obtener réditos tangibles para el conjunto de la ciudadanía. Si se aproximan a él sin apriorismos, Giró será un buen aliado para resolver problemas y escalarlos hasta la presidencia. A través de su figura pueden contar en el Govern con un interlocutor disponible y resolutivo. Una vez transcurridos los primeros días y semanas en los que todos le han dado cera públicamente, llega el momento de entrar en fase estratégica y ayudarle a mantenerse independiente tanto de JxCat como de ERC o la CUP, y que ese papel nos ayude a todos.

Por su parte, el consejero debe realizar un esfuerzo intelectual para no reaccionar iracundo como le sucedió en su primer rifirrafe con Joan Carles Gallego en el Parlament. Su partido le ha rodeado de colaboradores de carnet para blindarle, cosa que deberá torear si no quiere enterrarse en el fangal de su formación política. Ya de paso, en el tono de amabilidad y de exquisita educación que practica, que se olvide de tópicos superados como el déficit fiscal, el supuesto expolio español, los lacitos y otras milongas similares. Que se acostumbre a encajar es el primer aprendizaje que debe proponerse en esta nueva etapa. Su decisión de incorporarse a un proyecto avalado por unas determinadas siglas le sitúa en variadas dianas políticas. Pero si es capaz de descontar esos daños colaterales, su papel puede ser relevante y hasta útil para una sociedad catalana hastiada y fracturada hasta decir basta. Echarle un cable puede resultar útil para el conjunto de catalanes en estos tiempos en los que la estrategia del consenso y del pacto está desterrada de la vida pública por populismos y radicalismos partidistas o, incluso, morales. Por las tribus.

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¿Quién es... Xavier Salvador?
Xavier Salvador

Pese a nacer en Barcelona en un ya lejano 1965, he acabado siendo un tipo de pueblo. Hoy ejerzo como consejero delegado de CRÓNICA GLOBAL después de haber dado bandazos periodísticos por ahí durante años (El Observador, Diari de Barcelona, El Periódico, Economía Digital...). He escrito dos libros. El más leído, Pujol KO, junto a varios autores. Del otro (El yugo milenario) es del que me siento más orgulloso, pero fue un divertimento intelectual de otro tiempo y otro lugar. Me gustan las personas auténticas, trabajar en equipo, la familia y el buen vino. Bonhomía, digitalización y periodismo en estado puro, vamos.