Argimon, espabila

Ignasi Jorro
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El consejero "menos político" --según los que entienden-- del Govern de Cataluña, Josep Maria Argimon, empieza a agotar la paciencia del sector sanitario. Argimon fue nombrado en mayo de 2021 y concitó grandes esperanzas del sector, por cuanto su llegada al consejo ejecutivo significaba que un médico llegaba al órgano de decisión del Ejecutivo autonómico. 

Los más críticos le reprocharon entonces su cercanía a Boi Ruiz, exconsejero del ramo y recordado como el gran recortador de la sanidad catalana. También le afearon el "mercadeo de datos" del nonato proyecto Visc+, una de las sombras en la carrera del celebrado conseller. Pero, en general, se le dio una oportunidad a Argimon. Se celebraron sus dotes comunicativas, máxime en plena pandemia mundial, y su elegancia en el debate parlamentario. Más de un electo rival lo reconocía en privado. "Se nota que es médico", decían, como recogiendo aquella premisa de que el maestro y el doctor del pueblo eran los más respetados en otros tiempos. 

Pero al estamento sanitario se le agota la paciencia. La negociación del convenio de la sanidad concertada ha gripado, y los refuerzos prometidos para el circuito 100% público o no han llegado o los profesionales y los agentes sociales que los representan los juzgan insuficientes. El hartazgo es mayúsculo, y con una Barcelona en modo secano, se empiezan a formar nubarrones de tempestad sobre la Ciudad Condal, en este caso en forma de posible huelga sanitaria tras el verano. 

Porque Argimon recibe y escucha, según cuentan, pero no da soluciones. O no puede darlas. La respuesta a los que piden, y lo que piden es razonable, según reconocen desde los colegios de médicos, es siempre "no hay dinero". O hay el dinero que hay. 

El argumento es válido, por supuesto, pues la gestión pública versa sobre el arte de repartir escasos recursos sobre determinadas políticas. Y pocos pensarían en un aumento impositivo en estos momentos en los que la ciudadanía apenas se ha recuperado del zurriagazo del virus. Pero si Argimon no puede, o no podrá, debería tomar una decisión. 

Cuando la pandemia termine de remitir, machacado el patógeno por una vacunación ejemplar de los ciudadanos, el titular de Salud debería reflexionar. ¿Puede aportar Argimon en la etapa pos-Covid? Que el conseller no se esmere mucho en buscar la respuesta, porque la tiene él mismo. Si desea seguir al frente de la consejería que más fondos consume de la estructura autonómica, debe pelear por más recursos. Porque a los sanitarios también se les exigirá. ¿Qué? Con el virus noqueado, se les pedirá que ayuden a enjugar las listas de espera que han quedado. 

Así, el interpelado tiene una oportunidad inigualable, pues Economía y Hacienda y Salud las pilotan ahora dos consejeros de Junts. No se puede culpar aquí a la perenne guerra partidaria en el independentismo. Quizá por ello, el también médico lo sabe y ya ha empezado a lanzar mensajes en este sentido. 

Si sus esfuerzos caen en saco roto, se impone una reflexión. Josep Maria Argimon debe pensar si es momento de que la sanidad catalana viva la tercera huelga en cinco años (2018, 2020, ¿2022?). Lo conoce bien el citado porque las vivió en primera persona. La que estalló cuatro años atrás, como gerente del ICS. La segunda, como secretario de Salud. Si la tercera cuaja, algo que no es seguro en estos momentos, le alcanzará en la máxima responsabilidad: como conseller

Por todo ello debe espabilarse Argimon. Si no tiene espacio para lograr recursos o capacidad de negociación, quizá debería pensar en dejar paso a alguien que sí lo tenga. Porque el sector clama. Y las promesas vacías solo hacen que inflamar a los sanitarios. 

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¿Quién es... Ignasi Jorro?
Ignasi Jorro

Ignasi Jorro (1982), periodista de Crónica Global, especializado en empresa y salud