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¿Quién será el contrapoder frente a la Generalitat ‘indepe’?

Manel Manchón
6 min

El peor de los escenarios. Las cosas han cambiado. Hay grietas en el bloque independentista y el hecho de que el PSC ganara las elecciones del 14F con 33 escaños, empatado con ERC pero con más votos que los republicanos, no se puede despreciar. Sin embargo, el aterrizaje de los partidos independentistas se demora. El cemento del poder es demasiado fuerte, y tanto Junts per Catalunya (JxCat) como ERC saben que no les queda más remedio que llegar a un acuerdo para seguir al frente de la Generalitat. Los posconvergentes persistirán en su negociación. No será nada fácil y los dos meses que quedan para no repetir las elecciones pueden resultar muy largos para ERC, que sigue incapacitada para tomar decisiones valientes.

La cuestión es que cualquier cambio real, estratégico, profundo, pasa por desalojar al independentismo del poder. La maquinaria de una administración tan potente, con altavoces como TV3 y Catalunya Ràdio, con la posibilidad de ofrecer cuantiosas subvenciones a medios y a entidades, imposibilita que pueda circular, en la esfera pública, un relato distinto. Y sin la capacidad de convencer a ciudadanos independentistas de que el camino iniciado en 2012 no lleva a ninguna parte, la alternativa política será imposible. El llamado constitucionalismo no tiene la fuerza suficiente para lograr ese cambio de orientación. Sólo desde las propias filas de los dos grandes partidos nacionalistas se podrá aspirar a una rectificación.

¿Qué implica esa reflexión? El poder se resquebraja si delante tiene un contrapoder. Y el PSC, el partido en mejores condiciones en estos momentos de dar la batalla, no ejerce como tal porque sus plataformas de gobierno --en Cataluña-- no pueden inquietar a la Generalitat independentista. No lo puede hacer la Diputación de Barcelona, que está para otras cosas y que, además, en su equipo de gobierno figura también Junts per Catalunya. Sin contar con que su presidenta, Núria Marín, no pasa por sus mejores momentos, con un caso judicial que le incomoda. Tampoco lo es el Ayuntamiento de Barcelona, porque la alcaldesa Ada Colau no deja brillar a Jaume Collboni, el primer teniente de alcalde socialista, y porque el mismo Collboni no considera que pueda forzar la situación.

Pero es en esa instancia donde se jugará la partida. Sólo con un contrapoder, con una alternativa que la ciudadanía perciba como posible y clara, el independentismo comenzará a tener problemas de verdad. Es en las elecciones al Ayuntamiento de Barcelona --en 2023-- cuando esa alternativa debería estar preparada, con la suma de muchas voluntades que consideren que es el propio futuro económico de la ciudad y, por tanto, el motor de Cataluña, lo que está en juego.

El empresariado está organizado y tiene claro que no puede permanecer, otra vez, callado y arrinconado. Foment del Treball, con Josep Sánchez Llibre a la cabeza, pero también Pimec, con el recién elegido Antoni Cañete, o el Circulo de Economía, quieren dar la batalla. Una lucha por la prosperidad, por la racionalidad, por dejar de lado recetas populistas. Y el PSC también admite que debe ser contundente, como ha señado Salvador Illa, en un reproche claro a la anterior dirección de los socialistas en el inicio del proceso soberanista. Pero faltarán más actores, será necesario un apoyo mayor por parte de todos aquellos colectivos o partidos --los movimientos catalanistas que no obtuvieron representación en las elecciones del 14F-- que aspiren, de verdad, a un cambio de rumbo en Cataluña. Sólo desde esa atalaya, desde ese contrapoder, muchos ciudadanos podrán vislumbrar y confiar en que se puede gobernar Cataluña, desde la Generalitat, de otro modo: atendiendo a la mayoría de la ciudadanía, desterrando ya debates decimonónicos sobre la identidad, buscando la colaboración con el resto de autonomías y con el Gobierno central, sea del color que sea.

¿Y en ese lapso? La vigilancia la deberá ejercer la sociedad civil, además de la oposición en el Parlament. Las patronales y sindicatos, las entidades jurídicas, los medios de comunicación valientes, y los propios ciudadanos que no vean satisfechas sus necesidades. Sin ignorar al Gobierno de España, que ya no puede mirar para otro lado o esperar a que ERC reaccione, visto lo visto.

A no ser… que Pere Aragonès, una vez investido presidente de la Generalitat, ponga en práctica lo que piensa, teniendo en cuenta que pertenece a una familia de hoteleros, que saben lo que supone ganarse la vida, y que sufre también la penuria provocada por la pandemia.

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¿Quién es... Manel Manchón?
Manel Manchón

Periodista barcelonés, especializado en política y economía. Jefe de la sección de Opinión y del cultural Letra Global.