Aragonès dice no a la Diada, ¿pero irá Giró?

xavier salvador autor
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En 2021, la última vez que los catalanes votamos para la comunidad autónoma, Junts per Catalunya (JxCat) obtuvo 568.002 votos y 32 diputados en el Parlament. Para calibrar la dimensión de esta fuerza política cabe relacionarla con dos datos: estaban llamados a las urnas 5,36 millones de ciudadanos y acudieron a depositar su voto 2,87 millones, el 53,4% del censo; el 20% obtenido por JxCat le dio derecho a 32 de los 135 diputados que forman la cámara parlamentaria catalana. Esas son, al final, las magnitudes. Por encima, ERC tuvo el 21,3% y el PSC, el 23,04%.

El próximo domingo es 11 de septiembre. En Cataluña ya no se celebra la fiesta regional. Ese día se ha convertido en un aquelarre independentista desde hace más de una década. Los convencidos de la secesión han celebrado en los últimos tiempos manifestaciones que son auténticas fiestas de exaltación nacionalista, repletas de cromatismo identitario y clases pasivas.

Este año dos de los partidos que siempre han participado, ERC y la CUP, tienen dudas sobre el provecho de sumarse a la convocatoria de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), organizadora de los fastos. Esta entidad de la sociedad civil ha perdido parte de la fuerza que acumuló en los primeros años del procés. Los partidos la engordaron primero y utilizaron después como coartada para hablar en nombre de una ciudadanía --un pueblo decían ellos, grandilocuentes-- que cuando se expresaba en las urnas decía cosas distintas. Ahora, el presidente catalán, Pere Aragonès, declina su asistencia al acto de la ANC para evitar la pitada del 2021. Sus propios colegas del gobierno le preparan una fotografía de traidor a la causa por la que no está dispuesto a dejarse retratar.

La Diada apunta a ser un bluf este 2022. La mayoría de los desencantados, los frustrados y los seguidores de ERC se quedarán en su casa o se desplazarán a la playa o a la montaña. Nada de darse la sudada anual; este año no se subirán al autobús rural camino de la capital; tampoco piensan en sacar a pasear las señas de identidad de los armarios… Con los presos indultados y conocidas las trapacerías de algunos líderes, mucho catalán independentista ha reflexionado: hoy manejan la tesis de que la secesión es imposible en el corto plazo y se divorcian estratégicamente de quienes siguen empecinados en romper con España por la vía unilateral, el enfrentamiento con el Estado y la radicalidad.

Los herederos de Jordi Pujol envejecen mal. Sin liderazgo claro, JxCat tiene necesidades económicas y debe mantenerse en el Govern para percibir recursos públicos. La presidenta del partido, Laura Borràs, está a punto de pasar por el banquillo con negros presagios. La demoscopia ya insinúa que, del medio millón de votantes de 2021, unos pocos van a descolgarse por la radicalidad del partido, más próximo a una secta o a un credo que a una organización realmente democrática.

Si JxCat no salva el reto de las elecciones municipales de mayo de 2023, que nadie se extrañe si el partido se diluye como Ciudadanos. Los votantes llevan mal la altivez política y hoy sus dirigentes actúan crecidos, por encima de la lógica que emana de sus votos y del número de diputados que poseen. Si Xavier Trias no logra la alcaldía de Barcelona, que lo tiene complicado, y tampoco se integra en un pacto de gobernación, fracasarán en lo local. ERC le robará mucho voto y concejales a los neopujolistas. El zarpazo resultará más intenso en el área metropolitana de Barcelona, donde CiU jamás arraigó. Hoy los republicanos de Aragonés, Gabriel Rufián y el beato Oriol Junqueras tienen claro que lo de ensanchar la base social no se hará a costa de los socialistas, como creyeron, sino de los antiguos convergentes.

Es difícil pronosticar si ERC y JxCat acabarán juntos la legislatura del Govern. El matonismo recíproco de ambas formaciones rezuma una intensidad de botón nuclear. No pueden verse y tampoco romper su alianza para ejercer el poder autonómico del que abominan. Exceso de estómagos agradecidos a los que proporcionar salario y prebendas, les ha unido en un peligroso pacto que ninguna de las partes se cree y, por supuesto, ambas incumplen. Pero, ves per on, les da de comer. “No imagino a Junts diciendo a sus más de 300 asesores y altos cargos que se vayan al paro”, sentenció el sábado el dirigente del PP catalán Alejandro Fernández

En ese contexto, el último en llegar, Jaume Giró, consejero de Economía, se perfila como el relevo natural de JxCat. El periodista aterrizó en política rebotado tras la tormentosa salida del sector privado. Gracias al sacrificio de recorrer el territorio, hablar con los alcaldes y recibir a todo el mundo sin negativas ni displicencias se modela como la alternativa para encabezar la lista electoral en los próximos comicios. Giró apuesta por recuperar el discurso posibilista del pujolismo (liberal en lo económico y con rostro humano en la dimensión social) pero con intensidad y dramatismo indepe.

De ahí que de vez en cuando se despierte de la siesta estival pensando en el populista déficit fiscal. Luego convive en un campo de minas: el persistente enfrentamiento con el hombre más poderoso en lo económico de Cataluña y los chascarrillos que Salvador Sostres, el periodista a sueldo de sus adversarios, le dedica de forma regular en sus artículos hasta ridiculizarlo o mostrarlo como un energúmeno de disminuido intelecto. A Giró le salva, como a los corchos de Girona, que siempre flota. Así se mantiene a flote por más que Isidro Fainé, Sostres y una parte del constitucionalismo desee su hundimiento.

Probablemente, el consejero de Economía irá a la mani de la Diada. En otros tiempos --en los que en Madrid se le percibía como más español que la bandera de la plaza Colón-- tuvo problemas profesionales porque algún miembro de su familia acudía y publicó algunas fotos. Era otra época. De la misma manera que llegó a la política aparentando ser más nacionalista que Borràs o Carles Puigdemont para congraciarse con la estructura de JxCat, hoy todavía necesita el apoyo de las bases para su objetivo futuro.

Giró transporta un peso muerto en su mochila. Su carrera está muy subordinada a que ERC y JxCat acaben juntos la legislatura. De producirse la ruptura entre los socios de gobierno y verse impelido a dejar la consejería, Giró regresaría al sector privado porque no tiene acta de diputado. Mal asunto. También perdería la plataforma pública que le permite su promoción personal en el territorio y ante los poderes. Pese a los euros públicos que invierte en publicidad institucional, un divorcio entre los socios de gobierno no se lo podrá arreglar ni su amigo José Antich ni tan siquiera el armatoste mediático que construye Nicola Pedrazzoli. Si Aragonès se niega a acudir al festival independentista del domingo 11, Giró debería sopesarlo también. Se juega demasiado si persevera en mostrarse como un neosoberanista de pata negra. El futuro le va en ello.

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¿Quién es... Xavier Salvador?
xavier salvador pila

Pese a nacer en Barcelona en un ya lejano 1965, he acabado siendo un tipo de pueblo. Hoy ejerzo como consejero delegado de CRÓNICA GLOBAL después de haber dado bandazos periodísticos por ahí durante años (El Observador, Diari de Barcelona, El Periódico, Economía Digital...). He escrito dos libros. El más leído, Pujol KO, junto a varios autores. Del otro (El yugo milenario) es del que me siento más orgulloso, pero fue un divertimento intelectual de otro tiempo y otro lugar. Me gustan las personas auténticas, trabajar en equipo, la familia y el buen vino. Bonhomía, digitalización y periodismo en estado puro, vamos.