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Abrir las terrazas en invierno

Gerard Mateo
7 min

Novedades en Cataluña, y no solo por la restitución de Josep Lluís Trapero como jefe de los Mossos d’Esquadra. La Generalitat tiene a bien ahora abrir un poco la mano y relajar ciertas medidas restrictivas. Los centros de estética y masajes serán los primeros. Y, en unos 10 días, las limitaciones de las otras actividades ahora prohibidas serán también más laxas, comenzando por aquellas que se realizan en el exterior. Ello incluye la apertura parcial de las terrazas de bares y restaurantes… sí, justo cuando llega el frío. O morimos de Covid-19 o será un trancazo el que se nos lleve por delante.

Los sectores afectados por las restricciones coinciden en las malas formas de la Generalitat a la hora de tomar estas decisiones tan drásticas. Ni una consulta, ni un aviso. Se suponía --o eso decían los consellers-- que el Govern gestionaría como nadie la pandemia en su máxima expresión si tuviera todas las competencias para ello. Pues resulta que las tiene y la evolución del Covid-19 es similar a la de lugares que han apostado por medidas menos rígidas (han muerto además 1.000 catalanes desde la declaración del segundo estado de alarma, algo que jamás ocurriría en una Cataluña independiente). Y la economía se hunde como en ningún otro sitio. No solo eso, sino que quien un día fuera epidemiólogo de cabecera de Quim Torra, Oriol Mitjà, ahora aplaude a Madrid, aunque esta postura se mezcla con otras guerras particulares.

Pero volvamos a las restricciones. Partimos de la base de que es muy complicado gestionar una pandemia y sus consecuencias. Y la primera ola puede tener un pase, pero no la segunda. No se han hecho los deberes; faltan médicos y rastreadores, y se han tomado decisiones a lo bruto, en lugar de analizar sector por sector; negocio por negocio. Son tan malos (en el sentido más amplio del adjetivo) nuestros gobernantes que tratan a todos por igual, sin contar ni siquiera con datos concluyentes que avalen su postura. Por ejemplo, en Cataluña no se ha notificado ningún contagio en los centros de estética, pero estos comercios han pagado el pato. Tampoco la cultura reporta datos a este respecto.

En el caso de la restauración sí ha habido algunos brotes, pero muchos son por la relajación de los clientes más que por la ausencia de medidas de seguridad en los locales. En lugar de hacer pedagogía se opta por cerrarlo todo a cal y canto y culpar del caos a Madrid (esto es ya más typical catalan que la sardana, los castellers y la botifarra amb seques). ¿De qué sirvió la inversión de los restauradores en mamparas, geles y demás objetos de prevención?

La última idea del bombero Ramon Tremosa, consejero de Empresa, pasaba por abrir las terrazas de la restauración al 50% entre la una y las cuatro de la tarde, lo justo para servir algunas comidas. No hay que ser un erudito para observar que esta solución es insostenible; que, dentro del drama, a los restauradores les vale más seguir cerrados que abrir solo en esas condiciones. Lo ve todo el mundo, menos el que cobra por sugerir esta medida “insuficiente” que huele a “tomadura de pelo”, en palabras del gremio. Son las cosas del inefable Tremosa, que tiene fama de vago y debe jusitificar su sueldo. 

Con todo, la propuesta no ha prosperado, y la restauración estará, al menos, 40 días (desde el 16 de octubre) sin levantar la persiana más que para servir algún pedido a domicilio. El récord español del número de bares y restaurantes se tambalea. Pero no preocuparse, que el Govern, el que decía que no habría casos de Covid entre otras mentiras, tiene la solución: posiblemente abrirá parte de las terrazas, en horario más amplio que el sugerido por Tremosa, ahora que viene el frío. Otra genialidad. A nadie se le ocurre que en invierno la gente prefiere consumir en interior y que sería mejor controlar esta opción y tomar todas las precauciones para que sea viable. Así las cosas, muchos permanecerán con la persiana bajada y otros jamás la volverán a subir. ¿Para qué?

A pesar de todo, este movimiento de la Generalitat, que permitirá una flexibilización de las restricciones, parece que responde a un intento de salvar la campaña de Navidad. Bueno, sabemos que las reuniones familiares deberán ser muy limitadas y que ni siquiera habrá cabalgata en Barcelona, pero hay que consumir (el que pueda, porque este año será dramático, por desgracia, para muchas familias). Que se apresuren en levantar las medidas prohibitivas para que los comercios abran sus puertas, porque entre la pandemia y las supermanzanas y el impuestazo de Ada Colau, parece que los negocios físicos están tocados de muerte. Siempre nos quedará Amazon...

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¿Quién es... Gerard Mateo?
Gerard Mateo

Barcelona, 1990. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Comenzó su camino profesional como colaborador en las publicaciones deportivas digitales Madrid-Barcelona y Defensacentral, antes de dar el salto al Diario Gol. Con posterioridad, y tras casi cinco años, aterrizó en Crónica Global, donde hoy por hoy ejerce de redactor jefe de actualidad y edición. Buscando explicación a todo.