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Nadie en su sano juicio seguiría jamás una campaña electoral por voluntad propia. Partamos de esta premisa. Los políticos y periodistas que lo hacen es por obligación, pero el resto de los mortales con derecho a voto se ahorran los mítines soporíferos y la retahíla de promesas que se lanzan de forma orquestada durante 15 días. En cada uno de ellos se añadirá una novedad con el objetivo de que alcance los titulares de la prensa avispada que busca algo de novedad. Bien, pues imagínese todo ello pero on line. Bienvenido al camino hacia el 14F.

Cataluña encara unas nuevas elecciones en las que los partidos pugnan ya por tener más votos y escaños (no siempre van de la mano), sino para erigirse como el vencedor de su bloque. En el del no al independentismo en esta ocasión está claro que el efecto Illa barrerá al resto de formaciones, cuyos esfuerzos se centran en soltar el fantasma del tripartito unos, y reivindicarse como la verdadera izquierda los otros. Con otro invitado: los ultras tardofranquistas que, atención, pueden ser una desagradable sorpresa. Esperan ser claves en una formación de Gobierno más compleja que nunca tanto por la multitud de partidos que concurren como por la incógnita de la abstención. Pero a nadie se le escapa que es muy difícil una suma en este sentido.

No está tan claro quién se llevará el gato al agua en el sector independentista. ERC ya ha conseguido que Oriol Junqueras se sume al sarao e intente dar un poco de alegría a un electorado dormido por la pinza Pere Aragonès-Laura Vilagrà, firmes candidatos a ser los más grises de toda la previa al 14F (y eso que compiten con Illa, lo más parecido a un tecnócrata). Al vicepresidente ni siquiera se le ve cómodo ante las masas, está mejor en el segundo plano y queda claro incluso en los debates. Los republicanos están vendidos si quieren sumar adhesiones con este menú.

Laura Borràs, al contrario, es la perfecta política para cualquier arenga. Mantiene las filas prietas gracias a un discurso en que mezcla procesismo, Ítaca e incluso fake sin despeinarse. Convence a los convencidos y solo el presidente de ERC la puede frenar, aunque su futuro en la Generalitat se advierte corto (el siguiente de la lista es Joan Canadell, a modo de recordatorio) y deja una lección clara a todos sus sucesores.

Si decides ignorar la ley de contratos del sector público y trocear una licitación para que un amigo tuyo obtenga contratos públicos, ya que estás convencida de que es el mejor candidato para las tareas, no uses el correo de la Generalitat para darle las instrucciones de cómo burlar los obligados procesos de concurrencia pública. Hecho que demuestra o bien una ingenuidad extrema (que no es el caso de Borràs) o de estar convencida de que lo estás haciendo bien porque así te lo han enseñado. Es decir, un problema más estructural, de mala praxis arraigada, que se te lleva por delante.

Algo que ocurría con demasiada frecuencia en el partido de Jordi Pujol y que ha sido parte de su final, una herencia de la que habló este sábado Artur Mas en una entrevista en El País. Reclamaba “irse a los años noventa” para explicar una podredumbre que también es parte de lo que ocurre hoy en día en Cataluña.

Mas se desmarcó de ella sin complejos. Como si nunca hubiera estado allí. Ni de apuntador. También quedó claro que pasa olímpicamente de sentirse responsable de todo lo sucedido a partir de 2017 en el territorio. El mensaje que lanza es claro: él [PDECat] sí hubiera frenado en el chicken game que llevó a la declaración simbólica de independencia y la aplicación del 155. El core de la campaña de Àngels Chacón: ellos son el independentismo sensato. La Convergència de toda la vida que incluso ya ha sido reivindicada de forma clara incluso por la exconsejera. ¿Toda ella? Pero compite con Marta Pascal, y Cataluña es bastante más que Barcelona.

En cuanto a la CUP, también ha tirado del filón que aún pueda tener Anna Gabriel en una campaña. Lo máximo a lo que aspiran es a ser de nuevo claves y, aunque Borràs ya asegure que en la futura legislatura no les temblará el pulso en la DUI --en la legislatura que dejamos han titubeado--, los antisistema recuerdan que tampoco tienen problemas en no apoyar una tercera investidura de pompa y circunstancia amarilla sin más. Ellos sí son los auténticos herederos del lema Fets, no paraules.

Todo este escenario es de un déjà vu que echa para atrás. El de una Cataluña que cada dos años va a las urnas, donde nadie se responsabilizad de nada --el mantra de JxCat y ERC es que son los jueces los que nos han llevado a ello, como si no fueran los autores de un decreto dictado con el pie que en lugar de aplazar los comicios los suspendía, entre otras, y que no pasaba la prueba del algodón ni de los juristas más adeptos-- y donde la patada adelante es la política imperante. Solo que en esta ocasión nos pilla en pandemia. Quedan muchos días de campaña, quizá nos llevemos una sorpresa.

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¿Quién es... Cristina Farrés?
cristina farrés autores peque

Periodista. Especialista en economía. Directora de Crónica Global desde el 1 de enero de 2020.