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Y no estaba muerto

Graziella Moreno

por Graziella Moreno

26.03.2016
4 min

Según el Diccionario de la Lengua Española, la identidad de una persona es el conjunto de rasgos propios de un individuo o de una actividad que lo caracterizan frente a los demás.

Es un problema reincorporarse al mundo de los vivos cuando ya todos se han despedido de ti para siempre, han cobrado la herencia y has pasado a ser un bonito recuerdo en el mejor de los casos

Los periódicos daban cuenta recientemente de lo que titulaban como 'El misterio del hombre incinerado que aparece un mes después deambulando por la calle'. Sucedió en Ciudad Juárez cuando un ciudadano de setenta y cuatro años, dado por muerto por su familia, fue hallado vagando sin rumbo, en mal estado de salud, pero vivo. El 'resucitado' había abandonado el 25 de diciembre de 2015 una clínica de rehabilitación en la que se hallaba ingresado debido a sus problemas con el alcohol y nadie sabía de su paradero. Al hallarse el 31 del mismo mes el cadáver de un hombre con unas características físicas semejantes, se le mostró a la familia que lo identificó "sin estar muy convencidos", pero a pesar de ello fue incinerado y les entregaron sus cenizas. Ahora la hija echa la culpa a la fiscalía, exigiendo que devuelvan la identidad a su padre, y el fiscal, por su parte, replica que debían haberlo identificado correctamente ya que legalmente no cabe realizar pruebas de ADN, estudios dentales o dactiloscópicos si sus allegados no expresan una duda razonable de que pueda tratarse de otra persona.

El reportaje se ilustra con una fotografía del 'supuesto fallecido' sosteniendo en su regazo las cenizas que sus parientes guardaban en casa y que deberían haber sido las suyas. Dato curioso: se explica que el señor había trabajado como embalsamador de cadáveres. Cualquier programa dedicado a lo paranormal encontrará una conexión entre esa profesión y lo sucedido; quizá sea cosa del destino, insinuará el presentador con voz profunda, mientras, de fondo, suena una música que tiene la virtud de ponernos la carne de gallina. Nos acabaremos preguntando si acaso no tiene razón.

Ahora, su mayor preocupación es saber quién es la persona incinerada, que se ha marchado de este mundo sin que nadie sepa quién es

El hecho parece sacado de la canción colombiana que versionó Peret en su rumba 'Y no estaba muerto, estaba de parranda', porque es un problema reincorporarse al mundo de los vivos cuando ya todos se han despedido de ti para siempre, han cobrado la herencia y has pasado a ser un bonito recuerdo en el mejor de los casos. En la canción, la esposa del renacido no quiere saber nada de él; para ella, ha dejado de existir. En esta historia, el padre ha vuelto al hogar y toca hacer borrón y cuenta nueva, pero la familia se declara consternada y, ahora, su mayor preocupación es saber quién es la persona incinerada, a la que ni sus amigos ni su familia han llorado y que se ha marchado de este mundo sin que nadie sepa quién es. A eso se le llama irse sin hacer ruido y quizá sea una de las cosas más tristes que pueda pasarnos.

Esta reflexión no interesa demasiado al señor que, superado el mal trago, nunca mejor dicho dado el problema de adicción que arrastraba, deja claro que sigue aquí y hace suya la frase que Sancho Panza le dice a don Quijote: "Váyase el muerto a la sepultura y el vivo a la hogaza".

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