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Un ejemplo futbolístico de la irrealidad del mundo 'indepe'

Roberto Giménez

por Roberto Giménez

29.05.2016
6 min

Soy consciente de que nunca conseguiré cambiar de opinión a los indepes de sentimiento. En todos mis escritos pongo el acento en la cabeza, no en el corazón. Pero soy consciente porque ese sentimiento de entender que lo catalán es una mirada española lo tengo yo también marcado a fuego en mi corazón. La diferencia es que no empleo ese sentimiento íntimo para defender lo que defiendo. Me basta la cabeza, reservo el corazón.

Si hoy lo explicó así, es porque el tema del que voy hablar supera la razón y ocupa el segundo nivel de la mente, el estadio paleo mamífero, el de las emociones, que es el que compartimos con el resto de los mamíferos. Más allá de la primera capa estrictamente instintiva, la reptil, las emociones, para hablar de fútbol. En concreto, de la emoción nacionalista de una parte de los socios del Barça.

Ese mundo imaginario lo comparten todos los indepes de corazón, sean civiles o religiosos

En diciembre de 2012 tuve una comida (almuerzo) con un sacerdote amigo de la Prelatura del Opus Dei, el nombre oficial es la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. Este sacerdote --cuento el pecado, no el pecador-- en esas fechas había hecho una oferta a la ANC para que le compraran banderas esteladas para los balcones, al precio de ganga de un euro la unidad, la diferencia con el PVC sería la ganancia neta para la ANC.

Este sacerdote había heredado de su padre un pequeño taller textil en Barcelona, dedicado a fabricar toldos, y sus máquinas podían producir miles de esas banderas de un material acrílico mucho más resistente que la tela, y a precio de chinos. Porque el cura, para la causa, no quería hacer negocio. Le salía del corazón. Al fin, sólo necesitaba dinero para pagar a sus dos empleados y al sobrino que hacía de encargado. Su nómina era la de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, que como todas las ordenes religiosas hacen voto de pobreza.

Creo que consiguió su objetivo porque las esteladas oficiales de la ANC no son de tela, y por eso aguantan bien la intemperie. Digo que creo, no lo aseguro, porque fue el último encuentro que tuve con él.

El mosén es el arquetipo de un forofo del Barça y me hablaba de la ilusión que le haría ver jugar a la selección catalana de fútbol la Eurocopa y los Mundiales. España había ganado los tres consecutivos y, como el plantel era el Barça, daba por seguro que la selección catalana iba a emular a la española, como dos y dos son cuatro.

Ese mundo imaginario lo comparten todos los indepes de corazón, sean civiles o religiosos. Los curas tienen además un plus místico mucho más profundo en el Opus que los iluminados de la secta del Palmar del Papa Clemente.

Para que Cataluña tuviera derecho a una selección nacional tendría que tener, previamente, una Liga profesional propia, y eso significaría la desaparición de la potencia futbolística actual del Barça

Le eché un jarro de agua helada a la cara cuando le pregunté si estaba soñando. Un cura del Opus no está acostumbrado a que un laico le suelte esta fresca. Y le expliqué una evidencia que no ven, porque están ciegos en una pasión fuera de la realidad.

Le dije que para que Cataluña tuviera derecho a una selección nacional tendría que tener, previamente, una Liga profesional propia, y eso significaría la desaparición de la potencia futbolística actual del Barça. No por voluntad de los socios ni de su junta directiva, sino por la propia realidad del mercado.

El Barça tendría que jugar una liga contra el Lleida, Girona, Tarragona, Sabadell, Terrassa y tal vez el RCD Espanyol (si cambiara de nombre y no optara por continuar en la Liga Española, cosa harto improbable). Con esta Liga catalana autóctona el Barça no podría pagar a sus cracks, que emigrarían a otros clubes económicamente más potentes. No hace falta que cite a los clubs más interesados en recibir esos jugadores.

Así que adiós a esos proyectos faraónicos del futuro Camp Nou.

Y, si esto le iba a pasar a la Liga del Barça, otro tanto le ocurriría a la selección catalana: le pasaría como a la escocesa o la galesa. Existen oficialmente, pero nunca pueden acceder a las grandes competiciones internacionales porque son eliminadas en las previas, porque su mercado autóctono no genera suficientes recursos para hacer frente a las grandes naciones. Alemania, Italia, Inglaterra, Italia o Rusia. Me dejo la nuestra para no ofender.

La cara del cura le cambió. No le descubrí la sopa de ajo, pero lo parecía. Y cambiamos de tema; hablamos de lo mal que estaba la economía y el mundo...

Es curioso comprobar cómo personas inteligentes pierden el oremus de la realidad. Es una constante en el mundo indepe.

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