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Turull, kamikaze con airbag de Mas

Roberto Giménez
5 min

Jordi Turull ha dicho tres días después de la festividad patronal por excelencia en España, la Virgen de agosto, que el próximo verano Cataluña habrá conseguido ser un Estat Nou, la República independiente de su casa. No ha quedado claro si se refería a Badalona o Sabadell en la sección de dormitorios, por aquello del placer del sueño.

Cuando caiga el próximo agosto le recordaré al chico de los recados que anteayer fue de Jordi Pujol, ayer de Artur Mas, hoy de Carles Puigdemont, y mañana del que le suceda

Está claro que Turull lo ha hecho para calentar los motores y animar la trobada anual al personal indepe en sesión de precalentamiento para celebrar la última Diada de un país irredento, y que lo ha hecho siguiendo las consignas de su jefe superior, que es Artur Mas. Puigdemont es el chico de los recados institucional de Mas, Turull es su chico a su plena disposición las 24 horas del día, 365 días al año, incluido el 11-S.

Cuando le oí por el órgano de Agitación y Propagada de televisión, TV3, sonreí con cierta pena porque me recordó al escritor Yukio Mishima. Digo con pena no por Turull sino porque el mejor novelista japonés del siglo XX, que estaba como una regadera, se hizo el harakiri completo (el Seppuku), en defensa del honor del Japón inmortal corrompido por el espíritu occidental. Mishima fue el último samurái.

Hago un favor a Turull al compararlo a Mishima, pero es lo que tenemos en este pequeño país de barretina y espardenya.

El próximo verano, si aún puedo escribir, recordaré a Turull su boutade de 2016 y no me responderá porque no lee otra cosa que el catecismo de Ara o el de El Punt Avui. No me responderá porque me conoce bien desde hace muchos años, de cuando era el mandamás de la extinta Convergència del Vallés Oriental. Entonces, cuando hablaba conmigo, me parecía un chico tímido y apocado salido con la matrícula en serie de la fábrica de producción indepe de la JNC. Las Juventudes de Pujol nunca han negado lo que son, y siempre han sido, separatas de mena, con la bandera con el triángulo azul de la estelada...

Sí, cuando caiga el próximo agosto le recordaré al chico de los recados que anteayer fue de Jordi Pujol, ayer de Artur Mas, hoy de Carles Puigdemont, y mañana del que le suceda. Él siempre será el sacrificado mayordomo de la República independiente de su casa. En IKEA haría la mar de bien de ordenanza para abrir la puerta de los clientes de Sabadell o de Badalona, lo haría igual de bien que en la extinta CDC o el PDC.

PD: Antes de enviar este artículo a Crónica Global he buscado las palabras literales de Turull, y ha dicho que dentro de un año seríamos independientes, "siempre que la gente lo quiera...". Con la última frase se salva por los pelos de mi chanza. Borren lo que he dicho de Mishima. El japonés era un auténtico kamikaze; el de Parets es un suicida con airbag incorporado. No aspira a la independencia sino a vivir del cuento, un cuento que mamó de niño.

El único problema es que este niño ya se nos hecho mayor: ha cumplido 50 años. Es lo que tienen los indepes: el síndrome de Peter Pan.

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¿Quién es... Roberto Giménez Gracia?
Roberto Giménez

Durante treinta años ha sido director del Vallés, era el segundo semanario más antiguo de Cataluña, y fue director de Honor de El Vallès del siglo XXI. Ha escrito diez volúmenes de la serie 'Casi treinta años y un día' -en Sant Jordi de 2017 se publicó el último: 'Mis Enemigos Íntimos'-. Son las memorias del director del semanario comarcal más leído en Cataluña, que desapareció seis meses después de que lo dejara. Cada Sant Jordi publica una edición de 100 ejemplares que se agotan el mismo día. ¿Por qué no hace más? "Son para mis amigos", responde. Retirado antes de tiempo, con 55 años, por culpa de una bala traidora en la médula... También se le puede seguir en Facebook -cada día laborable publica 'La libreta azul'- y en Twitter. No es el capitán Araña. Sus amigos dicen que es honesto y leal, pero eso se lo dicen porque son sus amigos. Para entrar en su cofradía exige Derecho de Admisión. Vale quien sirve, pero no sirve cualquiera.