Tsipras y Syriza, un respeto merecido

Manel Garcia Biel
10 min

Las elecciones de este domingo en Grecia han dado el triunfo a Nueva Democracia con el 39,6% de los votos, el partido de la derecha tradicional griega. Hay que recordar que este partido fue el responsable de la crisis griega dilapidando los fondos recibidos de la UE e incluso falseó las cuentas auditadas que había presentado en la Unión Europea.

Las elecciones han producido una fuerte polarización entre Nueva Democracia y Syriza; los otros partidos quedan por debajo del 10%. Tsipras y Syriza han sido derrotados a pesar de haber obtenido un apreciable 31,6% de votos que los sitúan como la única futura alternativa de izquierdas al nuevo gobierno de la derecha. Ahora quizás sea el momento de hacer un balance del que ha sido el gobierno de Syriza y extraer algunas conclusiones que pueden cuestionar el supuesto fracaso del gobierno de la izquierda alternativa en Grecia.

Podríamos decir que Tsipras podría representar un héroe de las antiguas leyendas helénicas, un héroe humano que se enfrenta a los “manantiales del Olimpo”, en este caso bajo la forma de la “troika” y los poderes de la UE. Hay que recordar que Syriza llega al gobierno con una desastrosa herencia económica y social derivada de los gobiernos anteriores y en un momento en que el país está sometido al control de los poderes y los memorándums de la UE imponiendo su política de austeridad...

Tsipras y Syriza llegan al gobierno con un programa de regeneración, el denominado Programa de Salónica, para hacer frente a una situación de crisis profunda con un país en bancarrota y con un 25% de paro (50% en los jóvenes). El objetivo era dar una respuesta democrática a la crisis de forma que sus derivadas no afectaran como siempre a los sectores más desfavorecidos y donde se planteaba por primera vez una propuesta de reforma fiscal en profundidad.

El gobierno de Syriza presentó su programa de reformas a la UE y la propuesta de renegociar la deuda para hacer posible pagarla. Pero desde la UE se le negó toda negociación y se le planteó un “diktat” de recortes sociales sin precedentes para aplicar a la mayoría de la población en sueldos, pensiones, subsidios y servicios públicos y sociales a cambio de prestar recursos económicos a la debilitada economía griega. Fue un verdadero “chantaje”, hasta el punto que Europa se negó a propuestas razonables del gobierno griego como la de aplicar un incremento del 2% a las rentas más altas a cambio de no recortar las pensiones más bajas. Todo fue inútil. La UE desde el inicio no quería negociar, sino humillar a un gobierno que no le gustaba políticamente.

Tsipras y Syriza intentaron hacer frente al chantaje de los poderes europeos apelando a una respuesta democrática. Y convocaron a un referéndum al pueblo griego sobre la aceptación o no de los recortes propuestos por la UE. La respuesta fue abrumadora, un 61% de los votantes rechazó la propuesta de los poderes europeos.

La respuesta de la UE fue fulminante y ha sido sin duda la actuación más dictatorial y antidemocrática de su historia. Optó por asediar y ahogar la economía griega, el BCE dejó de dar fondos a los bancos griegos que se quedaron sin dinero, fue lo más similar a los antiguos “asedios por hambre”. La UE aplicó a su manera la antigua doctrina de la “soberanía limitada” de Breznev.

Tsipras y su gobierno tuvieron que hacer frente a un difícil dilema, optar por salir del euro y crear una nueva moneda devaluada o claudicar. Muchos dirigentes europeos, en especial el ministro de Economía alemán, Wolfgang Schäuble, señalaron a Grecia la salida del euro. El presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, dijo claramente que “Grecia si opta por el no opta por una nueva moneda”.

Tsipras y Syriza, a pesar de lo doloroso de la situación, no dudaron: marchar del euro no era una solución, sino que había que continuar entre el sector más avanzado de la Unión Europa. Y para ello tuvieron que capitular.

Hay que destacar que, últimamente, y quizás previendo que la derecha ganara en Grecia, el presidente de la Comisión Europea ha dicho: “Tenemos que lamentar la falta de solidaridad durante la crisis griega. Hemos estado insuficientemente solidarios con ella, hemos insultado a Grecia”. Palabras que llegan tarde y que solo son esto, palabras sin ninguna actuación.

A estas alturas, el gobierno de Syriza ha salido ya de la “tutela” de los acreedores, y además ha hecho frente sin prácticamente ayuda de la UE a la llegada de la multitud de refugiados evitando el crecimiento de la xenofobia. Y ha sido capaz de poner fin a un largo contencioso político en los Balcanes como era la cuestión del reconocimiento mutuo con Macedonia del Norte, haciendo frente a sentimientos profundamente nacionalistas alentados por las derechas y la Iglesia ortodoxa.

A pesar del “diktat” europeo, el gobierno de Syriza ha mantenido políticas sociales de apoyo humanitario a los más desprotegidos, mediante medidas que denominan de “socorro”. Se ha establecido una tarjeta para ayudas básicas a ciudadanos sin recursos que se recarga mensualmente entre 70 y 220 euros/mes. Ayudas al alquiler para los que no pueden hacer frente al pago de vivienda. El denominado “subsidio social” durante los años 2017 y 2018 que este año llega al 32% de la población con un coste de 2.500 millones de euros. Asistencia sanitaria gratuita para más de dos millones de personas que habían sido excluidas del sistema. Una eficiencia fiscal que ha permitido conseguir un superávit primario del 1,75% respecto a los presupuestos del Estado. Las tasas de paro han bajado un 7%, y un 20% en cuanto al paro juvenil.

En lo referente a los refugiados y a pesar de la precariedad se ha hecho una actuación notable dentro de la difícil situación que vive el país y evitando las tensiones sociales. Se ha conseguido escolarizar a un 40% de los 60.000 niños refugiados con el objetivo de integrarlos en clases normales el próximo curso.

Como conclusión podemos decir que Syriza y Tsipras son un ejemplo de lo que debe ser una política de la izquierda alternativa. No se pueden rehuir los problemas en política, hay que encararlos por difíciles y dolorosos que sean. En Grecia se ha demostrado como desde la izquierda alternativa se pueden asumir riesgos y hacer compatible el equilibrio entre las convicciones profundas y el sentido de la responsabilidad pragmática con un claro sentido de Estado, por delante incluso de los intereses partidistas y por la responsabilidad que se tiene con aquellos a quien se quiere representar. Sin duda, Tsipras es un ejemplo del que tendrían que aprender muchos dirigentes que se llaman de la izquierda alternativa y a los cuales solo les gusta quedar siempre “bien” “puros” y “sin mácula” que los ensucie.

Era muy previsible que Tsipras perdiera las elecciones griegas. No ha tenido tiempo de recuperarse de los “memorándums de la troika”. Por otro lado, las clases medianas se han resentido del impuesto de “solidaridad”, un 2% para las rentas de más de 200.000 euros para ayudar a los más desfavorecidos, y que se han sublevado contra Tsipras. Y también hay que tener en cuenta que el acuerdo sobre Macedonia del Norte ha puesto en su contra al nacionalismo griego y a la poderosa Iglesia ortodoxa. A pesar de esto Syriza solo ha bajado un 5% de los votos respecto a su victoria del 2015, un castigo reducido para los tiempos que ha tenido que administrar.

La dificultad de los tiempos de los “memorándums de la troika” ha pasado factura, pero siempre quedará el ejemplo de una gestión de honestidad y de defensa las clases desfavorecidas. Y quedará el recuerdo de la vergonzosa actuación de la Unión Europea con Grecia. Y ante la dificultad existencial actual de la UE quedarán las palabras de Alexis Tsipras: “Si alguien amenaza a Europa, no somos quienes luchamos para cambiarla, sino los que lo hacen por derrumbarla”.

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¿Quién es... Manel García Biel?
Manel Garcia Biel

Economista y sociólogo. Ha sido secretario de Comunicación y Portavoz de CCOO de Catalunya.

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