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Triana, república independiente

Manuel Peña Díaz

por Manuel Peña

01.07.2016
4 min

Escuché a Rufián en el debate de la Terribas --a casa nostra és casa meva, Sisa a l’inrevés--. Intento entenderle, lo de comprenderle lo dejo para otro día. Y me quedo con su imagen más reivindicada: sus diputados abandonando el Congreso ipso facto se promulguen las leyes de desconexión y se proclame "Catalunya República Independent" (CRI). Lo mejor de Rufíán es que su cadencia oral fomenta la imaginación del que lo contempla. El nuevo fichaje posa con camisa blanca, al estilo primera comunión, como si se acabara de comer su primera hostia. Sonríe.

Hagamos 'cinc céntims' de una historia nacionaltrianera y hallaremos asombrosos paralelismos con la historia nacionalcatalana

Y los imagino a él y a Junqueras --con el ombligo al aire-- con sendas camisetas independentistas, pero no la de la CRI. Ellos son unos adanes y se ponen la primera que se puso a la venta con el lema de "República Independiente" a mediados de los años setenta que, si recuerdo bien, no era ni vasquista ni catalanista. Antes de que Ikea vendiese alfombras con este recordatorio tan doméstico, hubo un barrio que se independizó sentimental e imaginariamente: Triana. Y se hizo público y notorio con la venta y proliferación de camisetas. No era casual la histórica reivindicación de este maravilloso barrio sevillano. Cómo les dolía que se les llamase así, tanto o más cuando un catalanista escucha ahora que Cataluña es una región.

Hagamos cinc céntims de una historia nacionaltrianera y hallaremos asombrosos paralelismos con la historia nacionalcatalana. Cuando los colonizadores castellanos conquistaron Sevilla con Fernando III al frente, la resistencia andalusí se refugió en Triana. Su castillo fue convertido en 1481 por los malvados Reyes Católicos en la sede del Tribunal de la Inquisición Española. Las autoridades españolas --sevillanas para más señas-- les cobraban más y más impuestos pero no invertían en infraestructuras. Las inundaciones del río Guadalquivir segaron muchísimas vidas hasta la segunda mitad del siglo XX, y hasta 1845 el puente fue de barcas. La explotación del colonialismo español fue tan brutal como racista, y en los años 60 los franquistas expulsaron y dispersaron a la numerosa población gitana que durante casi quinientos años había vivido en el barrio. Muerto Franco ¿tenían razones para anhelar la independencia, al menos de Sevilla? Explicada así la historia no les que quepa la menor duda.

No lo hicieron y ahora están pagando las consecuencias, en pleno siglo XXI. Con un parque de atracciones al lado e inundada de turistas, sobrevive sin camisetas independentistas. Hoy sólo se discute si Triana es o no es Sevilla cuando, entre la acalorada y tumultosa multitud, los contendientes tienen como objetivo robar la cartera a un ingenuo trianero o a un alelado sevillano que escuchan el apasionado debate. Véase este curioso corto de 2012.

Los trianeros han asumido el nuevo lema como el mejor y más conveniente: "Triana. Barrio con mucho arte". Y para mayor gloria y venganza histórica, la trianera Susana Díaz ocupa el sillón en el Palacio de San Telmo, al otro lado del río, en tierra de la antigua colonizadora y explotadora Sevilla. Y es que cuando en el poder no importa la procedencia, las tensiones se diluyen hasta disolverse. Quizás un día veamos con normalidad en los medios el eslogan "Catalunya. Regió amb rauxa i seny", pero sólo cuando la Moncloa la habite un catalán, si us plau.

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