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Ciudadanos escasamente patriotas

Guillem Bota
05.10.2020
5 min

Los catalanes no están a lo que deberían estar, y he aquí que el propio Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat revela en una encuesta que dan prioridad a la gestión de los servicios públicos que a la resolución del procésy que sólo un 36,8% (20 puntos menos que hace unos meses) ve prioritaria la resolución de este conflicto. Así no hay manera. Hace un tiempo, tuvo que salir el ahora diputado Eduard Pujol a meter en vereda a los catalanes, recordándoles que de tanto criticar las listas de espera sanitarias, se estaban desviando del verdadero objetivo, que no es otro que la independencia. Hay que ver, cuán poco patriotismo. Habrá que volver a darles el toque a los ciudadanos, puesto que según el CEO, de nuevo tienen en la cabeza tonterías como gestionar mejor los servicios públicos, como si la sanidad, la educación o los servicios sociales, tuvieran importancia alguna. Triste e ingrata labor la de los políticos independentistas, esforzándose en convencer a los catalanes de cuáles deben ser sus prioridades, y éstos empeñándose en llevarles la contraria.

Claro que la creciente desafección ciudadana por el procés también puede ser debida a que cada vez son más los que no recuerdan que hay eso, un procés en marcha, por más que se lo recuerde periódicamente TV3. La memoria es muy traicionera, y probablemente son escasos los catalanes que saben cómo empezó esta costumbre de quemar contenedores un par de veces al año, lo tienen interiorizado como tienen que el 14 de febrero es San Valentín o que en julio reciben paga doble, algo que está ahí, en el calendario, pero nadie sabe por qué motivo. O que llevan un lacito amarillo en la solapa porque lo lleva todo el mundo, a saber qué significa, será una moda como la de hacerse tatuajes en el cogote. A mí, por ejemplo, alguien me dice que se han cumplido quince años del famoso referéndum y me lo creo a pies juntillas, son tantas las cosas que han sucedido desde entonces, que tres lustros me parecen pocos. Incluso deberían explicarme qué se preguntaba en tal referéndum, a lo mejor sería el de la OTAN, yo qué sé.

En ese contexto, no es extraño que la mayoría de catalanes opinen que su Govern debe dedicarse a gestionar los servicios públicos que son de su competencia. Lo extraño, en todo caso, es que todo un CEO deba preguntar cosas tan de perogrullo, no imagino yo que a ningún otro gobierno del mundo se le inste --aunque sea mediante una encuesta-- a gestionar aquello que es de su competencia, qué va a gestionar si no. A eso es precisamente a lo que se dedican los gobiernos normales, y a un ciudadano también normal, le parecería una majadería que alguien le preguntara a qué debe dedicarse su gobierno, porque daría por sentado que a gobernar, como su nombre indica.

Claro que los gobiernos normales, una vez detectados los problemas de sus ciudadanos, proceden a solucionarlos, o por lo menos a intentarlo, con mayor o menor fortuna. En Cataluña, no. Aquí, cuando los catalanes declaran cuáles son sus preocupaciones, el gobierno les dice que no, que ni pensarlo, que se quiten eso de la cabeza, que hay asuntos más importantes, en realidad que hay un sólo asunto importante. Si los ciudadanos no están por la labor del procés, se les da procés día y noche, hasta que queden convencidos, que para eso tenemos radios y televisiones dispuestas. Lo cual no deja de ser un gran avance, porque para un gobierno incompetente, es mucho más fácil convencer a los ciudadanos de que sus problemas no existen, que tratar de solucionarlos.

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¿Quién es... Guillem Bota?
Guillem Bota

Guillem Bota quiso ser siempre torero, pero haber nacido en un pueblecito de la provincia de Gerona (Fornells de la Selva, 1970) sin plaza de toros, le dificultó la vocación. No se rindió el maletilla, y embarcó en un carguero rumbo a América, con un hatillo y un viejo jersey de su madre que hacía las veces de capote, como único equipaje. Quiso la mala fortuna que el carguero atracara en Buenos Aires, ciudad en la que abundan las porteñas mas no los morlacos, con lo que desvió su atención de éstos a aquéllas, con desigual fortuna y algunas cogidas. A orillas del río de la Plata empezó a colaborar con distintos periódicos e incluso se atrevió con dos libros de relatos -le marcó conocer en persona a Roberto Fontanarrosa-­, siempre bajo seudónimo que ocultara a sus allegados el fracaso en la lidia. Regresó a su tierra más viejo pero más sabio y con cinco hijos allende los mares. Se instaló en el Ampurdán con la vana esperanza de que se le pegara algo de Josep Pla y de que no lo localizaran las madres de sus retoños.