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Torra, el mártir indoloro

José Antonio Sorolla
6 min

La vista en el Tribunal Supremo sobre la inhabilitación de Quim Torra se ha convertido en un nuevo acto de propaganda en el que, el president en el exterior --solo pudo asistir como público-- y su abogado en el interior, no cesaron de lanzar acusaciones contra la democracia y el Estado español.

Entre otras perlas, Torra afirmó que, “incapaz de reformarse en nada”, España “pisa las más básicas nociones de la democracia, de la justicia y de los derechos fundamentales”. Aseguró que “da vergüenza en Europa”, que el Estado sufre “una decadencia galopante”, que la democracia procede del franquismo, que la “unidad indisoluble” está por encima de la independencia judicial y que España quiere “una Cataluña esclava”. En coherencia con estas descalificaciones, rechazó cualquier diálogo con el Estado, pero, como si tal cosa, llamó a ejercer inmediatamente el derecho de autodeterminación.

Nada que extrañar de un personaje que añora los años 30 del siglo pasado, que anima a los CDR, defiende a los alborotadores que protagonizaron los disturbios de octubre del 2019, tras conocerse la sentencia del procés, destituye al conseller de Interior, Miquel Buch, por permitir que los Mossos d’Esquadra cumplan la ley y considera que Cataluña vive en una situación colonial.

En un acto que ha pasado lamentablemente casi inadvertido, la entrega del Premi Internacional Cataluña a Ngugi wa Thiong’o, celebrada el 3 de septiembre, Torra comparó la Cataluña actual con el Àfrica poscolonial, tanto en la libertad de expresión como en la situación de la lengua catalana. ¿Después de estos ejemplos y muchos otros similares, qué nos puede extrañar ya de Torra?

Lo que el todavía presidente de la Generalitat entiende por libertad de expresión centró la vista del Supremo, a la que llegó arropado por las diversas tendencias del independentismo, en tregua por unos minutos, y por representantes de EH Bildu. Nada extraño tampoco cuando el abogado defensor de Torra --y de Carles Puigdemont--, Gonzalo Boye, fue condenado en su día por colaboración con ETA.

Tanto Torra como Boye afirman que el president fue condenado por ejercer la libertad de expresión, “por poner una pancarta”, dice la máquina de mentir del independentismo, igual que repiten aún hoy que los juzgados en el procés lo fueron “por poner las urnas”. Ni Torra ha sido inhabilitado por el Tribunal Superior de Cataluña por ejercer la libertad de expresión, que no ha parado de utilizar cuando ha querido, sino por desobedecer a la Junta Electoral Central al no retirar la pancarta del Palau de la Generalitat --un acto que violaba además la neutralidad de las instituciones--, ni los dirigentes del procés fueron condenados por poner las urnas, sino por desobediencia al Tribunal Constitucional y por subvertir el orden constitucional.

Torra pretende trasladar al Supremo la responsabilidad de su inhabilitación, cuando él mismo se declaró culpable de desobediencia en el juicio celebrado en Barcelona. Culpa al alto tribunal de “hacer caer a otro president”, en referencia al inhabilitado por el 9-N Artur Mas y quizá también a Carles Puigdemont, que huyó a Bélgica sin esperar a ser juzgado. Asimismo, recrimina al Supremo el “castigo a un país entero” que se derivaría, según él, de la confirmación de la condena.

En realidad, todo está ya decidido desde que Puigdemont le dictara a Torra lo que tiene que hacer, que es provocar un periodo de interinidad en la Generalitat, con un president en funciones, con el objetivo de retrasar todo lo posible la convocatoria electoral para dar tiempo a la consolidación de Junts, el nuevo partido de Puigdemont; desgastar a ERC, que controla las carteras más afectadas por el Covid-19, e intentar así el vuelco electoral sobre lo que pronostican las encuestas.

La hoja de ruta está trazada. Torra, sin embargo, declaró solemnemente en Madrid para justificar que no convoque elecciones: “No seré yo quien en este momento tan crítico aboque a una carrera electoral irresponsable que paralizaría la Administración catalana”. Lo dice como si la Administración catalana no hubiera estado paralizada durante su mandato por su incompetencia y por la pelea permanente con sus socios. Y de paso se hace el mártir con el desenlace de su inhabilitación. Un mártir indoloro, eso sí.

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¿Quién es... José Antonio Sorolla?
José Antonio Sorolla

Periodista desde 1974. Ha sido redactor jefe de El País, director adjunto de El Periódico de Catalunya y corresponsal de ambos diarios en París.