Toni Albà como arquetipo del catalán

Guillem Bota
04.03.2019
6 min

Ignoro quien es más cobarde, si Toni Albà desdiciéndose sin desdecirse de los insultos a Inés Arrimadas, o los directivos de TV3 lavándose las manos con la excusa de que aparece a menudo en pantalla pero no está en plantilla. Deben de serlo igual, cosa que los convierte al uno y a los otros en catalanes de pata negra, de aquellos que organizan referéndum y DUI y, en cuanto llega la hora de rendir cuentas, o ponen tierra de por medio dejando atrás familia y compañeros, o se quedan y juran ante el juez que todo fue una broma.

Yo no sé de primera mano, como sí parece saber Albà perfectamente, si Inés Arrimadas tendría en Ámsterdam "sus derechos laborales respetados", doctores tiene la iglesia y en esa sobre la que tratamos tiene Albà toda la pinta de ser un sumo sacerdote. Lo que sé sin lugar a dudas es que, en cambio, Toni Albà no tendría los derechos laborales respetados en parte alguna del mundo, excepto en Cataluña, donde existe --pagada generosamente por todos-- la única televisión pública capaz de contratarlo. En el resto de países del orbe, incluidos los del tercer mundo, que son los que en ámbito televisivo aguantan una comparación con Cataluña, el pobre Albà estaría condenado a la miseria más absoluta por falta de trabajo. Hace años, décadas, que vive de la misma imitación del rey, más digna de un festival de fin de curso que de un escenario, así fuera de mala muerte.

Pero la Cataluña actual es tierra de promisión para todo el que carezca de intelecto, gracia y originalidad, por ello han venido a instalarse aquí lumbreras como Ramón Cotarelo o Beatriz Talegón. Con reírle las gracias al independentismo y denigrar a quien ose discrepar, no le faltan a nadie garbanzos que echar al puchero, aunque disfrute mostrando sin pudor su encefalograma plano, como es el caso. Puesto que Toni Albà es buen conocedor de tal idiosincrasia catalana, se dedica a insultar libremente a todo aquel que piensa diferente a él, cosa que equivale a decir que insulta a todo el mundo que piensa, ya que tal actividad le es del todo desconocida. Sabe que así le seguirán contratando.

No se me interprete mal, no pretendo que TV3 abjure de sus ideales y deje de contratar a quien insulta o desprecia a los que no siguen a la manada independentista. Todo lo contrario, no pretendo ser como la ingenua rana que creía posible cambiar el carácter del escorpión. A mí no me importa ofrecerle trabajo a Albà en TV3, de la misma forma que hay señoras que se dedican a alimentar a los perros callejeros, yo soy muy capaz de dedicar parte de mis impuestos a que no pasen hambre los más miserables de entre los miserables, peor sería encontrarme a Albà en el metro tocando el acordeón para echarse algo al coleto. No, mejor en TV3 que en la Línea 4. Ya hace mucho que estoy convencido de que TV3 no es más que una gran ONG, con la función de ejercer la caridad entre gente que estaría viviendo en cajeros automáticos, y no piensen que el único es Albà.

Si insultando a Arrimadas, el ínclito Albà se ganó el corazón del independentismo, con el canguelis y el querer justificarse de manera infantiloide, va camino de convertirse en catalán del año. No hay nadie que resuma mejor en su triste persona la cobardía catalana de los últimos años: primero cagarla y después apretar nalgas intentando inútilmente absorber la mierda de nuevo hacia adentro. Así es Cataluña y Toni Albà es su máximo exponente. Poco aparece en TV3, tendríamos que poder verlo cada día, y así darnos cuenta los catalanes de por qué estamos donde estamos.

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¿Quién es... Guillem Bota?
Guillem Bota

Guillem Bota quiso ser siempre torero, pero haber nacido en un pueblecito de la provincia de Gerona (Fornells de la Selva, 1970) sin plaza de toros, le dificultó la vocación. No se rindió el maletilla, y embarcó en un carguero rumbo a América, con un hatillo y un viejo jersey de su madre que hacía las veces de capote, como único equipaje. Quiso la mala fortuna que el carguero atracara en Buenos Aires, ciudad en la que abundan las porteñas mas no los morlacos, con lo que desvió su atención de éstos a aquéllas, con desigual fortuna y algunas cogidas. A orillas del río de la Plata empezó a colaborar con distintos periódicos e incluso se atrevió con dos libros de relatos -le marcó conocer en persona a Roberto Fontanarrosa-­, siempre bajo seudónimo que ocultara a sus allegados el fracaso en la lidia. Regresó a su tierra más viejo pero más sabio y con cinco hijos allende los mares. Se instaló en el Ampurdán con la vana esperanza de que se le pegara algo de Josep Pla y de que no lo localizaran las madres de sus retoños.

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