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La tibieza de Iceta, estrategia o desidia

Joaquim Coll
7 min

A finales de julio escribí aquí mismo (Sobre Iceta recae la responsabilidad) que al PSC le correspondía en estos momentos ser la alternativa al independentismo, una vez que Cs ha sido incapaz de aprovechar el enorme éxito que obtuvo en las autonómicas de 2017. El clima en Cataluña tres años después ya no es el mismo y el discurso de la superación de bloques que Miquel Iceta lideró, con escaso rédito entonces, tiene ahora políticamente mucho más sentido y recorrido. Que en España el Gobierno de Pedro Sánchez tenga amarrados los nuevos Presupuestos y en buena medida también la legislatura, debería mejorar las opciones del PSC. Al fracaso sin paliativos del independentismo, se une la angustiosa crisis socioeconómica provocada por la pandemia, de manera que hay una exigencia ciudadana cada vez más atronadora para que los políticos se dediquen a solucionar problemas reales en lugar de alimentar fantasías o la confrontación partidista. El líder socialista quiere representar la concordia y la reconciliación entre los catalanes, y esa es una bandera que ya nadie podrá arrebatársela. Ahora bien, su tono cuando juzga al Govern es tan amable y condescendiente que nadie diría que está haciendo oposición. Lo hace tanto en las preguntas parlamentarias, donde rápidamente se conforma con las explicaciones que antes le ofrecía Quim Torra o ahora Pere Aragonès, como en las entrevistas periodísticas, que son un vehículo importantísimo para trasladar al posible votante sus mensajes y propuestas de cara al 14 de febrero.

La tibieza de Iceta en los medios, su falta de nervio y ambición, es tan desconcertante que a menudo parece sentirse a gusto en el papel de comentarista bienintencionado, irónico y a veces brillante, en lugar de ejercer de líder político que quiere ganar unas elecciones. Este lunes tuvimos la enésima prueba de su talante vaporoso en la entrevista que le hizo Xavier Graset en el Canal 3/24. Por la mañana, la vicepresidenta de PSC y portavoz parlamentaria Eva Granados había denunciado duramente en rueda de prensa que el Govern disponía de un superávit de 891 millones que podría gastar en combatir el Covid, pero que era incapaz de ejecutarlo por pura incompetencia. No se trataba de una crítica menor, sino de una descalificación en toda regla cuando además los independentistas no paran de quejarse de que no tienen dinero. Sencillamente gestionan mal y en sus gastos priorizan la propaganda y el clientelismo, como se ha certificado en las revelaciones telefónicas del caso Voloh. También el lunes, a lo largo de todo el día, la caída de la página web de las ayudas para los autónomos, con una convocatoria surrealista que solo permite atender a las 10.000 primeras solicitudes, levantó una oleada de críticas y de indignación enorme de la que se han hecho eco incluso los medios gubernamentales de la Generalitat. Pues bien, Iceta en la entrevista de esa noche en TV3 no dijo nada de lo uno ni de lo otro. Se limitó una vez más a repetir los mensajes de hace tres años entorno a la necesidad de superar la polarización, la defensa de su política de alianzas con el catalanismo liberal, y a surfear amablemente las preguntas del entrevistador. Acudió a la cita con Graset sin mayor propósito que el de trasladar buenrollismo como carta de presentación. ¿Es estrategia o desidia?

A tres meses de las elecciones, esa actitud tan sumamente desenfadada es incomprensible, como también lo es que sea incapaz de recoger y  amplificar como líder del PSC las críticas que sí hacen muchos de sus diputados en el Parlament. ¿Sus apariciones mediáticas están coordinadas con el trabajo de oposición de su grupo parlamentario? No lo parece en absoluto. Y no solo es eso, el problema es que tampoco traslada ningún mensaje al posible votante sobre qué significaría pasar definitivamente la página del procés en euros. ¿Por qué no ejemplifica cuánto nos ahorraríamos si se acabase el despilfarro propagandístico o se eliminasen todos los chiringuitos y subvenciones clientelares? Tampoco se esfuerza por explicar con tres ejemplos qué haría si fuera president de la Generalitat en los primeros 100 días. Pues bien, ya va siendo hora de que Iceta, de cuya inteligencia nadie duda, se lo tome en serio y abandone ese tono graciosamente burlón pero ya muy visto. De lo contrario, la impresión es que se resigna a solo recoger los pequeños frutos del hundimiento de Cs, ganando media docena de diputados, y poniendo una vela al PDECat para que ERC y JxCat no sumen y el PSC pueda entrar en el juego de los pactos. Quedan tres meses para las elecciones y sobre Iceta recae la responsabilidad de que el constitucionalismo tenga alguna opción que no sea testimonial. Por ahora va camino del suspenso.

 

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¿Quién es... Joaquim Coll?
Joaquim Coll

Doctor en Historia contemporánea y especialista en el catalanismo y las políticas de los siglos XIX y XX. Ganó el Premio Ciudad de Barcelona Agustí Duran i Sanpere en 1998. Colaborador habitual en medios de comunicación.