La tendencia Illa

Valentí Puig
04.04.2021
4 min

Para suponer que el PSC está cambiando de paradigma la evidencia no es suficiente, pero ya puede hablarse de un desplazamiento estratégico del maragallismo al tarradellismo. Es una hipótesis que solo el tiempo podrá contrastar, pero son ya indicativas las intervenciones sin ambigüedad de Salvador Illa en la burbuja amarilla del Parlamento autonómico y en no menor proporción su uso del castellano desde la tribuna.

En términos fácticos, dada la incomparecencia de los grupos que querrían reinventar el centro-derecha tanto como los resultados del PP y de Cs –en parte suplantados por Vox—, resulta ser que el PSC de Illa de una u otra manera también ocupa –como denota la querencia de los poderes económicos— parte del espacio que debiera ser el centro no independentista.

Por eso es aconsejable considerar los futuros movimientos de Illa desde ese cambio de paradigma, por contraste con un maragallismo que mimetizaba en buena parte el tono pujolista, se subsumió en dos tripartitos incoherentes y entró en el azar ruinoso de un segundo Estatuto.

Para quienes propugnamos la necesidad de un bloque político que defienda –con o sin catalanismo— los valores liberales-conservadores, el voto de orden y, sobre todo, el imperio de la ley y la reactivación económica, la hipótesis Illa no encaja con el horizonte doctrinal, pero al mismo tiempo puede valorarse que es lo que hay y que ese es el terreno de juego por ahora. En circunstancias de esta naturaleza, a cada votante le corresponde decidir cuál es su voto útil o cuál es el mal menor.

La división a cara de perro del independentismo beneficia a Illa y a la vez puede llevarle, por activa o por pasiva, a una mayor dependencia de ERC, fatídica desde el Tinell a José Montilla, con ese episodio funesto del maragallismo que fue el encuentro del entonces vicepresidente Carod-Rovira con ETA. Es indudable que al Illa tarradellista todas las connotaciones negativas que son constitutivas de ERC no se le escapan. Sin embargo, si tiene la voluntad de evitar como sea unas nuevas elecciones autonómicas, ¿qué opciones reales le quedan para ser gobierno u oposición en una Cataluña desarbolada institucionalmente, políticamente irresoluble y económicamente en declive? Ese es un crucigrama maldito en tres dimensiones. Quitarse de encima a JxCat y seguir amarrados a ERC no garantiza en absoluto la estabilidad elemental aun siendo el partido más votado, entre otras cosas porque históricamente ERC nunca ha sido de fiar. ¿Es o no más operativo ser oposición al engendro que preside Puigdemont en el Waterloo de la anti-Cataluña real, razonable y acorde con la ley? ¿Cómo atajar las iniciativas secesionistas de un Parlamento autonómico presidido por Laura Borràs, a pesar de la vicepresidencia pugnaz de Eva Granados y la migración de letrados?

Y todo esto ocurre en plena pandemia, en un momento de confrontación ente China y Occidente, a sabiendas de lo que puede costar un embarrancamiento en el Canal de Suez o la fatiga europea. Quién sabe cuándo la ciudadanía de Cataluña podrá respirar saludablemente ya fuera de la fatídica burbuja amarilla.

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¿Quién es... Valentí Puig?
Valentí Puig

Nació en 1949 en Palma de Mallorca. Escritor en catalán y castellano con más de cuarenta obras publicadas, su trayectoria periodística --básicamente como articulista pero también como corresponsal en Londres-- va desde 'ABC' a 'El Pais' y tantos otros medios. Se considera autonomista y conservador de centro. Su último libro es la novela 'Barcelona 2101'.