El “sin perdón” de Otegi

Joaquim Coll
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No pocos medios de comunicación y comentaristas en España sufren un clamoroso déficit de compresión lectora, del que se derivan titulares y análisis de opinión que no se corresponden con la realidad de los hechos. La declaración este lunes protagonizada por el coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, junto al secretario general de Sortu, Arkai Rodríguez, con motivo del décimo aniversario del adiós a las armas por parte de ETA, ha sido interpretada por algunos como una petición de “perdón” a sus víctimas cuando no es en absoluto cierto. Lo hemos leído en El País, pero también en la página web de la emisora Onda Cero, o en el diario catalán ARA, entre otros. Si analizamos con detalle el comunicado del 18 de octubre, el supuesto perdón de Otegi en nombre del mundo abertzale no aparece por ningún sitio. En realidad, el objetivo político de la declaración es otro muy distinto. Vayamos por partes.

En cuanto a las víctimas de la violencia terrorista, el comunicado hace una mención especial y les dedica las siguientes líneas: “Queremos trasladarles nuestro pesar y dolor por el sufrimiento padecido. Sentimos su dolor, y desde ese sentimiento sincero afirmamos que el mismo nunca debió haberse producido, a nadie puede satisfacer que todo aquello sucediera, ni que se hubiera prolongado tanto en el tiempo. Debíamos haber logrado llegar antes a Aiete. Desgraciadamente, el pasado no tiene remedio, nada de lo que digamos puede deshacer el daño causado, pero estamos convencidos de que es posible aliviarlo desde el respeto, la consideración y la memoria. Queremos decirles de corazón que sentimos enormemente su sufrimiento y nos comprometemos a tratar de mitigarlo en la medida de nuestras posibilidades. Siempre nos encontrarán dispuestos a ello”. Como se puede observar, la palabra perdón no figura en el texto, ni hay una voluntad en ningún momento de pedir disculpas por el daño causado. Se lamenta, eso sí, el dolor y el sufrimiento que han padecido las víctimas de ETA durante tanto tiempo. Qué menos a estas alturas, la verdad, pero pedir perdón es otra cosa muy distinta. Tampoco hay una denuncia inequívoca de lo que fue la barbarie terrorista. Es cierto que es un paso en la dirección de empatizar con las víctimas, pero la declaración está lejos de transitar hacia el reconocimiento de una culpa. En el fondo, se viene a decir que hubo un conflicto violento que causó sufrimiento, lo cual se lamenta muchísimo, pero no se cuestionan las sinrazones de ese proceder de asesinatos y extorsiones durante 50 años. Como no hay un reconocimiento de haber causado --directa o indirectamente-- un daño carente de ningún tipo de justificación, Otegi está todavía lejos de pedir perdón. 

Lo que resulta sorprendente es que el “sin perdón” de Otegi haya sido leído por algunos tan a la ligera, como si fuera una declaración importante cuando empatizar con el sufrimiento de los otros es en 2021 muy poca cosa. Ni una palabra tampoco sobre los cientos de asesinatos que siguen sin resolverse, sin que se conozca quienes fueron sus autores materiales. ¿No tiene nada que decir el líder EH Bildu sobre eso? ¿Cómo piensa mitigar el dolor de los familiares de los asesinados al que se compromete en el comunicado? ¿Por qué no deja el mundo abertzale de rendir homenajes públicos a los etarras cuando salen de la cárcel? En realidad, lo esencial de la declaración no son las víctimas, sino su insistencia en una “paz justa”, que pasa por la excarcelación de los presos etarras y la “resolución democrática” del conflicto político, es decir, el ejercicio de la autodeterminación. En definitiva, no estamos ante una solicitud de perdón, sino frente a un gesto de compasión del mundo abertzale hacia las víctimas de ETA como forma de maquillaje de su discurso. Un gesto que no puede ser sobredimensionado por los demócratas porque una parte significativa de la sociedad vasca, la que apoyó el terrorismo o lo justificó, sigue pendiente de efectuar una recapacitación moral.

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¿Quién es... Joaquim Coll?
Joaquim Coll

Doctor en Historia contemporánea y especialista en el catalanismo y las políticas de los siglos XIX y XX. Ganó el Premio Ciudad de Barcelona Agustí Duran i Sanpere en 1998. Colaborador habitual en medios de comunicación.