Pensamiento

'Seny', por favor

13 octubre, 2013 18:00

El independentismo parece más cerca que nunca de conseguir sus objetivos. Ni siquiera los más pesimistas podían prever lo que ha ocurrido en Cataluña en estos últimos meses. Asistimos a una tensión política y social sin precedentes, que amenaza con trasladarse a la esfera empresarial poniendo en riesgo la incipiente recuperación. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cómo es posible que un movimiento político minoritario, casi marginal, tenga ahora tanto impacto?

Creo que casi todas las teorías que se han puesto en circulación descuidan algunos datos y hechos importantes. Al relato fantástico del nacionalismo se oponen otras explicaciones interesadas, parciales o cargadas de prejuicios. Partiendo de malos diagnósticos, nuestros políticos lanzan cada día propuestas que lejos de resolver los problemas pueden agravarlos. Para ofrecer respuestas eficaces, me parece importante en primer lugar calibrar la fuerza del movimiento independentista. Al respecto vale la pena recordar algunos datos.

En las elecciones autonómicas de noviembre de 2012, las fuerzas inequívocamente independentistas (ERC y CUP) sumaron poco más de un 17,2% de los votos. CiU, que evitó por todos los medios incluir la palabra "independencia" en su programa, obtuvo un 30,7%. Las tres fuerzas unidas no superaron el 50% de los votos.

El independentismo goza de un respetable apoyo electoral, pero no parece lo suficientemente fuerte para plantear un cambio radical del modelo de Estado

Todas las encuestas realizadas hasta la fecha sobre un hipotético referéndum de independencia indican que el porcentaje de votos afirmativos no superaría el 55%. Algunas encuestas recientes sitúan ese porcentaje por debajo del 50%. El previsible crecimiento de ERC en unas futuras elecciones autonómicas sería básicamente a costa de CiU, sin que en su conjunto el bloque independentista viera incrementados sus resultados.

En definitiva, el independentismo goza de un respetable apoyo electoral, pero no parece lo suficientemente fuerte para plantear un cambio radical del modelo de Estado y mucho menos para intentar una ruptura unilateral del mismo (de ahí que haya pretendido fundamentar su legitimidad en las grandes movilizaciones y en la ocupación simbólica del espacio público).

En segundo lugar, debemos preguntarnos si estamos ante un fenómeno circunstancial o ante una tendencia consolidada. El análisis de la evolución de la opinión pública en los últimos años parece indicar que más bien lo primero. Entre los años 2006 y 2010 el independentismo creció muy lentamente, pasando de un 15% a poco más de un 20% de apoyo popular (datos del Centro de Estudios y Opinión de la Generalidad de Cataluña). Todos los agravios que supuestamente sufrieron los catalanes durante esos años (la tramitación y recurso del Estatuto, la publicación de las balanzas fiscales, etc.) no parecieron afectar mucho a sus preferencias.

Tras la sentencia del Tribunal Constitucional de junio de 2010 y la multitudinaria manifestación que se produjo un mes después, el independentismo consolidó el nivel de apoyo conseguido anteriormente, pero tampoco experimentó ningún crecimiento significativo. Durante un año posterior a la sentencia, el porcentaje de partidarios de un Estado catalán independiente se mantuvo estable, ligeramente por encima del 20%.

Tenemos que esperar a finales del año 2011 y sobre todo a 2012 para asistir a un crecimiento espectacular del independentismo. Entre febrero de 2012 y octubre del mismo año, los partidarios de que Cataluña sea un Estado independiente se incrementan ¡en un 15,3%! Ese año, el independentismo avanzó en su apoyo social más de lo que lo había hecho en los cinco años anteriores.

2012 es el año del gran salto adelante. ¿Qué pasó? Pues que asistimos a una tormenta perfecta, a una confluencia de factores económicos y políticos única: agravamiento de la crisis económica, incremento del desempleo, intensificación de los recortes y revelación de escándalos de corrupción que afectaban a todas las instituciones del Estado.

En ese contexto se produce la manifestación del 11 de septiembre. Los organizadores de la manifestación demostraron una gran capacidad organizativa. Pero sin duda las circunstancias favorecieron que un gran número de personas saliera a la calle para manifestar su frustración y su disconformidad con la situación.

En las semanas anteriores a la manifestación los independentistas percibieron con claridad que se abría una oportunidad única, y se lanzaron a aprovecharla. Los medios de comunicación nacionalistas lanzaron una ofensiva propagandística sin precedentes, a la que se unieron de forma más o menos consciente otros medios de comunicación dependientes del dinero de la Generalidad.

¿Cómo podemos apoyar a la lengua y la cultura catalanas todavía más, sin perjuicio de la lengua y cultura comunes?

La nueva generación de fanáticos dirigentes de CiU, así como el presidente de la Generalidad, llegaron a la conclusión de que les convenía ponerse al frente del descontento e intentar pilotarlo en beneficio propio. Se escenificó a toda prisa un enfrentamiento con el Gobierno central, se apretó el acelerador de la "agenda nacional", y se convocaron nuevas elecciones con el resultado conocido.

En los próximos años veremos si el gran salto que logró el independentismo en el año 2012 se consolida, o si su apoyo se va erosionando. El nacionalismo está utilizando todas sus fuerzas para mantener funcionando la espiral del silencio que puso en marcha en septiembre de 2012. Por el momento, con cierto éxito: el año 2013 el independentismo ha seguido creciendo ligeramente.

Todo indica que será muy difícil que el independentismo retroceda a niveles anteriores al año 2012. Pero la rapidez e intensidad de su crecimiento, y el hecho de que éste se produjera en paralelo a la crisis, hacen pensar que con el tiempo y la mejora de las condiciones económicas puede perder una parte significativa de su apoyo actual. En este sentido, debemos recordar que la identificación nacional de los catalanes no ha variado de la misma forma en que lo han hecho sus preferencias sobre la organización del Estado: la gran mayoría sigue sintiéndose español y catalán al mismo tiempo.

A la luz de todo lo que hemos descrito hasta ahora, creo que se pueden formular las siguientes conclusiones:

1. El independentismo no tiene suficiente fuerza, ni está suficientemente consolidado como para lograr sus objetivos en un enfrentamiento con el Estado. Tampoco para que ningún gobierno exterior le otorgue legitimidad.

2. En el corto plazo, el Gobierno no debe precipitarse realizando propuestas o concesiones que refuercen al movimiento independentista o le concedan una ventaja que ahora no tiene. Esto aplica especialmente al referéndum o consulta.

3. Podemos esperar a que un cambio de ciclo económico reduzca significativamente la fuerza del independentismo.

4. La duración del desafío independentista y la intensidad de su caída dependerán no sólo del ciclo económico, sino también de cómo se desactive y contrarreste la eficaz maquinaria de propaganda que ha puesto en marcha.

5. Si superada la crisis actual no se actúa decididamente en otros ámbitos como la educación, el independentismo seguirá creciendo de forma más lenta pero inexorable y estará en condiciones de dar un golpe definitivo más adelante, en cuanto las circunstancias le vuelvan a ser favorables.

Santo Tomás Moro afirmó: "Nunca ha habido un hereje que dijera sólo mentiras". Un Gobierno con seny también se preguntaría qué hay de cierto en algunas de las quejas y demandas que los independentistas han aprovechado en su beneficio. ¿Es suficientemente equitativo y eficiente nuestro sistema? ¿Cómo podemos mejorar el funcionamiento y la transparencia de nuestra administración? ¿Cómo podemos apoyar a la lengua y la cultura catalanas todavía más, sin perjuicio de la lengua y cultura comunes? Estas y otras cuestiones merecen ser debatidas, y dar una respuesta a las mismas constituye un reto que debemos resolver entre todos los españoles.