¿Se debe legalizar la prostitución?

24.07.2015 04:48 h.
8 min

Tal vez la pregunta previa que deberíamos hacernos sería si el Estado debe velar por el alma de las prostitutas o por sus derechos. O si en un mundo ideal lo deseable sería que desapareciese la prostitución como profesión, o que se deshiciese de la carga peyorativa y el desprecio social con los que hoy cuenta.

¿Desde qué atalaya moral podemos penalizar la venta del propio cuerpo? ¿Por qué la combinación de sexo y retribución resulta inadmisible?

Si nos acercásemos de forma desapegada a la pregunta de si se debe legalizar la prostitución y lo hiciésemos, por un momento, con una mirada libre de principios morales, ideológicos y religiosos, aparcando nuestros prejuicios, en la medida de lo posible, y utilizando tan sólo como instrumentos de análisis la RAE, la Constitución y la Declaración de los Derechos Humanos podríamos llegar a concertar una conclusión razonable e incluso, con un poco de buena voluntad, transformadora.

Ateniéndonos a las herramientas convenidas para responder a la pregunta inicial podríamos asumir con propiedad que: la prostitución es una actividad que se realiza a cambio de dinero, y como actividad que requiere de habilidades concretas es un oficio, y que al realizarse como actividad habitual remunerada se trata de una profesión, y que toda ocupación retribuida es un trabajo, y que todo trabajo es ejercido por un trabajador. Y que todo trabajador tiene sus derechos.

Si podemos concluir, a modo de silogismo, que la prostitución la ejerce un trabajador y que todo trabajador tiene sus derechos ¿no es obligación del Estado velar por que los trabajadores tengan derecho a:

elegir su profesión u oficio libremente;
no ser discriminados por razones de sexo, estado civil, origen, etc...
su integridad física y a una adecuada política de seguridad e higiene?

Más allá de la condición de trabajador, la Declaración de Derechos Humanos contempla que toda persona tiene derecho al respeto de su intimidad y a la consideración debida a su dignidad. Que Nadie será objeto de interferencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra ni a su reputación. Y que toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales interferencias o ataques. ¿Y no estaremos acaso nosotros, al menos parte de la sociedad y algunos gobiernos, faltando a la honra y a la dignidad de las personas que se dedican a la prostitución juzgándoles a ellos y su actividad hasta el punto de creernos autorizados a negarles sus derechos más básicos?

¿No sería lícito que estos trabajadores exigiesen que dejásemos de velar por su conciencia, y nos dedicásemos a cumplir con nuestra obligación garantizando sus más elementales derechos humanos? Porque incluso antes que el derecho a la educación, a un mundo justo y libre a la comida y el alojamiento, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos nos hemos comprometido a defender primero que todos somos libres e iguales y, segundo, a no discriminar.

¿No estaremos discriminando de la peor manera posible al estigmatizar a todos los trabajadores de una profesión negándoles la más mínima autonomía, y victimizándoles hasta el punto de considerarles incapaces de elegir libremente su profesión?

¿Desde qué atalaya moral podemos penalizar la venta del propio cuerpo? O mejor dicho la venta del sexo, porque vender nuestro cuerpo para la publicidad, vender nuestra fuerza física, nuestro tiempo, nuestra energía o nuestras ideas no lo consideramos punible. Tampoco castigamos en nuestra sociedad la práctica del sexo, ni el hecho de ganar dinero con nuestro trabajo nos parece denigrante, aunque se podría disertar largamente sobre si el trabajo, entendido como ocupación retribuida nos hace libres o esclavos o si como fin en sí mismo puede darnos la felicidad, pero volviendo a lo que nos ocupa: ¿Por qué la combinación de sexo y retribución resulta inadmisible?

Las mujeres estamos “autorizadas” socialmente a prestar servicios sexuales puntualmente si lo que obtenemos con ello es afecto, seguridad, familia, posición social e incluso profesional

Las mujeres estamos “autorizadas” socialmente a prestar servicios sexuales puntualmente si lo que obtenemos con ello es afecto, seguridad, familia, posición social e incluso profesional. Según algunas teorías, como por ejemplo las que plantean Mamen Briz y Cristina Garaizabal en su libro 'La prostituición a debate. Por los derechos de las prostitutas' (Madrid; Talasa, 2007), lo que verdaderamente castiga el estigma de puta es la autonomía femenina, y bueno, no podemos olvidar que vivimos en una sociedad patriarcal.

No he hecho más que plantear preguntas tratando de responder una, pero espero haber facilitado algo el camino para que podamos sacar alguna conclusión con un denominador común, y el que se me ocurre es que tendremos que acordar es que en occidente no podemos permitir que hayan trabajadores sin derechos.

Para aquellos que aleguen que no todas las personas que trabajan en la prostitución quieren hacerlo podríamos señalar que tampoco todas las personas que trabajan en los cajeros de un supermercado lo han elegido como mejor opción, pero no por ello deberíamos desposeerles de sus derechos como trabajadores.

Si hemos llegado de acuerdo hasta este punto, quizás sería el momento de ir algo más allá y plantear que, en lugar de dividir entre buenos y malos, castos e impuros, en lugar de tratar de salvar de sí mismos a los que viven de la prostitución, deberíamos escuchar qué tienen que decirnos y no sólo acerca de sus necesidades sino también, e igualmente importante, acerca de sus saberes, que son muchos, a pesar de que en ocasiones pueda interesar silenciarlos.

Por último quiero aclarar que este artículo hace referencia únicamente a la prostitución, en ningún caso hemos querido reflexionar aquí sobre la trata de blancas, la esclavitud o las mafias, delitos y delincuentes que pareciera más fácil de combatir si se tiene claramente delimitado y tipificado qué es un crimen y qué un oficio. El que nos ocupa no debería prestarse a equívocos, ha sido catalogado como el más antiguo del mundo, pero siempre hay quien para asegurarse requiere de más tiempo.

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Prisci 25/08/2015 - 11:10h
Impresentable artículo en la línea "jiliprogre" del relativismo ideológico...A partir de ahora podremos crear módulos en los centros de enseñanza para ser puta, (por cierto para ser puto también?...)... La INEM habilitará cursos y atenderá a las profesionales otorgándoles el carnet de paro... Y claro, si eso conlleva uno de los mayores crímenes que padece la humanidad, como es la trata de blancas, la extorsión y el crimen hacia las "tratadas",la degradación moral y la física de quienes la practican... Eso... eso no nos incumbe... ¡NO TE INCUMBIRA A TI MYRIAM!, pero a los que estamos por un rearme ideológico y moral de la sociedad, por combatir ese "relativismo ideológico" del que presumes...Nos importa y mucho... Por cierto estoy también contra el tráfico de órganos, por muy de acuerdo que estén los que lo aceptan voluntariamente y por muy profesionales que sean los que intervienen. Chao
Prisci 25/08/2015 - 11:10h
Por cierto conozco el libro de Cristina Garaizabal y conozco su actividad subvencionada por el estado y que cuenta y ha contado siempre con el favor, incluso económico, de los grandes propietarios de burdeles de este país... ANELA
Prisci 25/08/2015 - 11:10h
ANELA, Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne.En este país nadie dá punta sin hilo...
Prisci 25/08/2015 - 11:10h
"...Las mujeres estamos “autorizadas” socialmente a prestar servicios sexuales puntualmente si lo que obtenemos con ello es afecto, seguridad, familia, posición social e incluso profesional... "(sic)... Pero de qué está hablando esta mujer?...Dios mío... Se pueden decir las mayores tonterías que no pasa nada!!!
Antonio 25/08/2015 - 11:10h
A Prisci: El relativismo moral extremo es una impostura, porque no es lo mismo un insulto, que una violación. No atacarás la reflexión de Miriam Tey esperpentizándola con el relativismo moral, ni confundiendo dos planos que la autora ha querido expresamente separar y que son absolutamente diferentes, como es la prostitución como opción laboral y la trata de blancas, por ejemplo. Aunque a menudo aparezcan juntos, nada tienen que ver. Lo primero es una opción, lo segundo un delito. Y como tal perseguible. Puede que estemos muy verdes para aceptar que nuestras convicciones, todas nuestras convicciones son fruto de la cultura, y como tales pueden ponerse a disposición de la razón. Eso es lo que ha hecho Mirian Tey con mucho sentido común. Con esta frase, lo dice todo: “¿No sería lícito que estos trabajadores exigiesen que dejásemos de velar por su conciencia, y nos dedicásemos a cumplir con nuestra obligación garantizando sus más elementales derechos humanos?”
Prisci 25/08/2015 - 11:10h
La prostitución como opción laboral....(?)... y por qué no el gangsterismo o el crimen profesional o el contrabandista o el camello o ... Eso es lo que no hace Miriam... mezclarlo todo despojándolo de valores morales e ideológicos... Eso se llama "relativismo·" Y por supuesto estoy en que es uno de los grandes males que nos aquejan... Querido Antonio... Lo siento pero ... no todo vale...
Prisci 25/08/2015 - 11:10h
Así que la prostitución y la trata de blancas a menudo aparecen juntos, pero debe ser casualidad... Querido Antonio refresca tu saber con datos, y datos publicados por todos los organismos internacionales que entienden sobre la materia... Explotación sexual, trata de blancas, prostitución y crímen organizado... forman parte del mismo bucle...E insisto en una cuestión: la legalización de la misma no reduce. sino que aumenta la actividad delictiva de las mafias...y no hagamos afirmaciones gratuitas... Por cierto insisto en que los más interesados en el discurso de Tey y de Cristina Garaizábal son los empresarios de ANELA, por qué será?
Olegario 25/08/2015 - 11:10h
https://agorasocialista.wordpress.com/2011/05/12/opinion-legalizar-la-prostitucion/
Prisci 25/08/2015 - 11:10h
Me he tomado la molestia, nunca mejor dicho : molestia de leer tu propuesta...¡¡¡Menuda empanada mental tenéis los de Agora... !!!...
Marino 25/08/2015 - 11:10h
El artículo de Olegario ataca la sordidez del entorno de los/las prostitutas y se fija en la moral que se opone a la legalización. Los delitos se reducirían, que no erradicarían, con la legalización al igual que el tráfico de drogas. Queda el problema moral: Alude a la católica pero no todo lo que para el catolicismo es pecado es ilegal y las feministas han dejado claro que no se puede vender sexo, fingir afecto incluso sintiendo asco... y son mujeres que practican el sexo libremente, sin los condicionantes psicológicos de la moral católica. El día en que el trabajo se garantice para todas las personas como se garantiza la sanidad o la educación caerá en picado la prostitución. Hubo un momento en España en que la casi totalidad de las prostitutas eran inmigrantes. Es cuando el paro estaba en el 8%, casi en el pleno empleo. Ahí es donde se debe dar la batalla y globalizando. Con el trabajo garantizado, educación en valores y viviendo el sexo en libertad caerá la oferta y la demanda.
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