Saturados de mala política

Valentí Puig
07.07.2019
4 min

Ni la tecnocracia ni el mito de la democracia participativa podrían evitar que haya dos clases de política, la que se hace bien y la que se hace mal. Queda una supra-categoría, la gran política, aunque solo sea como aspiración. En este momento y mientras el mundo exige estabilidad y empuje competitivo, en España, con Cataluña como pionera, la praxis de la mala política deteriora la vida pública en momentos de desconcierto y orfandad para sectores del electorado. No es una crisis de la democracia española, pero sí un desajuste intempestivo y turbador.

Con un nuevo Parlamento europeo, el reparto de poder en las cúpulas de la Unión Europea no ha dejado del todo contento a nadie, como no podía ser de otra manera. Ahí la práctica consiste en saber ceder cuando no queda otra salida y ocupar cotas de poder a poco que se pueda. Una vez más, con la Unión Europea puede decirse que, como gran experimento institucional, generalmente aprende algo en cada atolladero, aunque la toma de decisiones sea lenta, en virtud de intereses nacionales contrapuestos, divisoria Norte-Sur-Este-Oeste, mayor o menor potencia demográfica, y también en virtud de intereses propios de las grandes agrupaciones, como el PPE, la socialdemocracia y ahora la parte de pastel que corresponde a los liberales. Sea como sea, las nuevas piezas están cada una en su posición de partida --Comisión, Consejo, Parlamento y BCE--, y el juego recomienza con una agenda muy intensa que va a ser determinante para el peso geopolítico de la UE frente a los Estados Unidos y China.

Por contraste, en el embrollo post-electoral en España --municipal, autonómico y nacional-- están ausentes los cauces del savoir faire. Es una fase de política --mala política-- adolescente, en la que no puede decirse que los partidos con mayor experiencia actúen con mayor sensatez que los partidos de nuevo cuño. Todos consideramos que tener que ir a unas nuevas elecciones generales sería un fracaso, pero tampoco se ve interés en evitarlo, orquestando compromisos, transacciones fiables. Un partidismo desaforado nos satura sin que nos demos cuenta de hasta qué punto las elecciones anticipadas desgastan.

Entre los altibajos del marianismo, su renuncia a ser candidato a la investidura, la gestión tan ineficiente de la consulta ilegal en Cataluña, la moción que apartó al PP del poder, aparece Vox y se asienta el sanchismo. Es postulable que esos hitos en parte sean una explicación del actual impasse, con la posibilidad de nuevas elecciones generales y elecciones anticipadas en Cataluña como parte de un golpe de efecto del independentismo al conocerse la sentencia del Tribunal Supremo. En esta circunstancia, la confrontación entre las distintas facciones y líderes del independentismo altera las formas de representatividad y orden legal. La mala política está garantizada. Hace tiempo que el soberanismo ha orillado la noción de bien común. Se trataría al menos de recuperar la confianza entre la ciudadanía de Cataluña pero, todo lo contrario, sigue esa farsa generalizada que tanto daña a la formalidad de la política.

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¿Quién es... Valentí Puig?
Valentí Puig

Nació en 1949 en Palma de Mallorca. Escritor en catalán y castellano con más de cuarenta obras publicadas, su trayectoria periodística --básicamente como articulista pero también como corresponsal en Londres-- va desde 'ABC' a 'El Pais' y tantos otros medios. Se considera autonomista y conservador de centro. Su último libro es la novela 'Barcelona 2101'.

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