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Sandro Rosell, la BPA y los catetos celtibéricos

Gonzalo Baratech
7 min

La fiscalía ha decidido recurrir la sentencia absolutoria de Sandro Rosell, expresidente del Barça. Por tanto, las vicisitudes procesales de este avispado traficante de derechos audiovisuales del fútbol no sólo no han concluido, sino que siguen abiertas a más indagaciones de incierto desenlace.

El pasado 24 de abril, la sala de lo penal de la Audiencia Nacional dio en exonerarle del delito de blanqueo de capitales. La sala adujo que no se había podido probar la comisión de los desmanes que se le atribuían. Como se carecía de pruebas palmarias y concluyentes, los magistrados no tuvieron más remedio que fallar a favor del reo. Ante la duda, es preferible un culpable en la calle, que un inocente en la cárcel.

Este episodio revela una vez más que la verdad de los hechos es una cosa, y otra muy distinta la verdad judicial, es decir, la que se construye de forma fehaciente en los sumarios. Pero es indudable que los abundantes trasiegos financieros y mercantiles realizados por Sandro Rosell le hacían altamente sospechoso. A ello contribuía, en particular, el hecho indiscutido de sus intrincadas ramificaciones por los paraísos fiscales más exóticos.

Estos reductos del dinero negro no se caracterizan precisamente por su transparencia. Bien al contrario, se erigen en barreras infranqueables para la acción de la justicia e invitan a toda suerte de recelos sobre quienes se acogen a ellos, como es el caso de nuestro famoso intermediario en tejemanejes futbolísticos.

La jueza Carmen Lamela trató de desenredar la madeja durante casi dos años, mas no logró obtener evidencias palpables sobre la perpetración de los supuestos delitos. Así lo reconoció luego la sala de la Audiencia al eximirle. A la sazón, muchos opinadores entendieron que aquí paz y después gloria. Sin embargo, la apelación de la Fiscalía permite suponer que se ahondará en las investigaciones sobre Rosell. Nadie sabe a ciencia cierta cuál será el veredicto final.

No es intempestivo recordar que el descubrimiento de sus andanzas arrancó en 2017, cuando la Audiencia Nacional recibió una comisión rogatoria del Gobierno norteamericano. El expediente partía de las diligencias instruidas por la Fiscalía de un distrito de Nueva York, acerca de los millonarios sobornos cobrados por altos dignatarios de la FIFA.

Como la denuncia provenía de los Estados Unidos imperiales, la Audiencia Nacional se puso en posición de firmes y a la orden, en una bochornosa demostración del lamentable y mezquino provincianismo carpetovetónico. Sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, la Audiencia desplegó la caballería contra Sandro Rosell.

Carmen Lamela ordenó su apresamiento y Rosell fue conducido directamente al penal. Nada menos que 21 meses permaneció a la sombra por un mero asunto dinerario, con claro abuso discrecional de la prisión preventiva. La larga estancia entre rejas constituye una condena que no se debe desear ni al peor enemigo. La pericia de su abogado Pablo Molins ha logrado un triunfo en toda regla con la anhelada absolución.

Mutatis mutandis, el aldeanismo celtibético descrito recuerda otro de corte similar, acaecido en nuestra vecina Andorra. En efecto, en marzo de 2015, el Tesoro y el servicio anti-blanqueo de EEUU emitieron una nota oficiosa. En ella acusaban a la Banca Privada de Andorra (BPA) de lavar dinero a gran escala. La pasta procedía de mafias y otras organizaciones criminales de Rusia, China y Venezuela.

De inmediato, el Ejecutivo de Andorra al pleno de sus efectivos acató sin rechistar las pretensiones americanas. Ordenó manu militari la intervención de BPA. Y dictó la fulminante expulsión de los miembros del alto mando de la casa, con Ramón e Higini Cierco a la cabeza. Acto seguido, los tribunales del Principado les incoaron una causa penal.

Por su parte, el Banco de España y el Ministerio de Economía salieron en tromba contra Banco de Madrid, filial de BPA, y decretaron su incautación. Hasta la bananera Panamá tomó cartas en el asunto y se apropió de la agencia allí abierta por el banco pirenaico.

Los hermanos Cierco, propietarios de BPA, asistieron impotentes al espectáculo de que en horas veinticuatro las jerarquías de los valles les requisaran su banco. Un año después, la entidad, ya rebautizada Vall Banc, se adjudicó al fondo americano JC Flowers, por 29 millones de euros.

Así, Banco Madrid acabó presentado quiebra, debido a la estampida de sus clientes. Y la subsidiaria panameña terminó sus días liquidada. Como lo cortés no quita lo valiente, los prebostes de los valles remataron la faena absolviendo a los Cierco.

Las peripecias de Sandro Rosell y la BPA ponen de manifiesto que, por estos meridianos ibéricos, las autoridades pecan con harta frecuencia de un paletismo pueblerino cuando los yankies están al otro lado del teléfono.

Ocurre que los EEUU son todavía la gran superpotencia del mundo. Y cuando esta gran nación le pone la proa a alguien, aviado va. Que se lo digan si no a los suizos, cuyo sacrosanto secreto bancario se esfumó para siempre el día que los americanos decidieron yugularlo.

Pero por la cuenta que nos trae, más valdría que jueces y gobernantes se tomaran las cosas con calma y analizaran bien los asuntos, antes de adoptar medidas infaustas que pueden acarrear consecuencias irreparables. Cuando se juega con la vida y la hacienda de las personas, toda cautela es poca.

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¿Quién es... Gonzalo Baratech?
Gonzalo Baratech

Baratech forma parte de una estirpe periodística catalana de larga tradición. Licenciado en Administración de Empresas por la European University y máster en Social Media Branding & Digital Strategy por La Salle-Universidad Ramón Llull, es coautor del libro Mas-Colell, el ‘minessoto’ que fracasó en política, de reciente publicación. Ha colaborado en Economía Digital y con anterioridad en La Vanguardia Digital y el diario Avui.