Pensamiento

¿Sabemos adónde vamos?

26 agosto, 2015 02:22

A la vista de nuevas elecciones autonómicas en Cataluña y a los pocos meses de unas generales en España, con la perspectiva de un previsible incremento de los partidos con representación parlamentaria y sin mayorías claras, parece muy probable que en la próxima legislatura se afrontará en el Parlamento español una reforma de la Constitución.

La tendencia evolutiva en cuanto a preferencias ciudadanas es de descentralización sin ruptura

En este entorno, parece interesante reflexionar sobre la evolución de las preferencias de los ciudadanos en relación al modelo de Estado, ya que esto puede ayudar a definir la profundidad y el sentido de las reformas.

Me gustaría poder establecer comparaciones entre las diferentes encuestas que recogen este tipo de datos, pero ni los criterios utilizados para el análisis, ni las preguntas, suelen coincidir. Analizaremos, pues, las encuestas del CIS del CEO por separado, en relación al modelo organizativo del Estado, preferido por los ciudadanos:

-Las encuestas españolas del CIS, preguntan a los ciudadanos sobre sus preferencias, con preguntas que siguen una gradación relacionada con el modelo autonómico, donde se establece la posibilidad de aumentar las competencias o el reconocimiento de la capacidad para independizarse. En ningún caso, pone en duda el modelo de Estado.

-El Barómetro del CEO en Cataluña, pregunta cómo debería ser la relación de Cataluña con el resto de España, presuponiendo dos situaciones en las que Cataluña ya sería un estado, o federado o independiente. Como consecuencia de la gradación, el voto con sentido de pertenencia a España queda disgregado en tres opciones diferentes frente a la opción independentista.

Si miramos los resultados de la encuesta del CIS, en un promedio de los porcentajes obtenidos para los dos últimos años, algo más de la tercera parte se inclina por preferir el modelo autonómico actual y el resto se sitúa a ambos lados de la escala, con preferencia por una mayor centralización:

Sin embargo, cuando comparamos la evolución de los resultados entre 2014 y 2015, estos nos dan a entender un corrimiento de preferencias de la primera opción hacia la segunda y de la tercera hacia la cuarta. Es decir, de las opciones más centralizadoras hacia un Estado autonómico más moderado que el actual y del Estado de las Autonomías actual en un modelo aún más descentralizado. Las propuestas independentistas disminuyen. Por tanto, la tendencia evolutiva en cuanto a preferencias ciudadanas es de descentralización sin ruptura.

Si analizamos dos periodos equivalentes del Barómetro del CEO para Cataluña, correspondientes al segundo periodo de 2014 y de 2015, tenemos los siguientes resultados en porcentajes sobre el total:

En esta encuesta, se observa que durante el último año todas las opciones que significan integración con España han aumentado los porcentajes en detrimento de la opción independentista. En las encuestas catalanas, las opciones de integración con España en 2015 suman un 57,3% y las de voluntad independentista un 37,6%. Por otra parte, una cuarta parte de la población desea una reforma en sentido federal. Los resultados obtenidos en las dos encuestas apuntan a una aproximación de las posiciones más extremas, con disminución del centralismo y del independentismo.

Con una buena reforma de la Constitución, todos estaríamos más satisfechos y nos sentiríamos más comprometidos y corresponsables con respecto a la ley que debe regular la convivencia y nuestro sistema de garantías

Aunque el modelo autonómico ya es bastante descentralizado -considerado en muchos ámbitos como equivalente a un Estado federal- muestra algunas carencias estructurales de alto calado que han tensionado el sistema cuando se ha llegado al final de su evolución lógica. Si no se afronta una discusión seria sobre estas deficiencias, difícilmente podremos rehacer nuestra confianza en el sistema. Sobre todo, después de tantos tira y aflojas vergonzantes, el sistema competencial ha quedado muy dañado.

Lo lógico es perfeccionar con profundidad lo que tenemos, en serio, sin chapuzas y con sentido de estado. Apuntamos, sobre todo en un modelo donde las competencias estén claras para los diferentes niveles y definidas de forma equilibrada en la Constitución, presuponiendo que las que no lo estén pertenecen al nivel territorial más bajo; existan mecanismos de coordinación y codecisión entre las partes, donde se aprovechen las economías de escala; se garanticen derechos y deberes esenciales para todos los ciudadanos, y donde se explicite el modelo social y el de bienestar, así como los mecanismos de solidaridad; un modelo de financiación justo y equilibrado y el respeto a la diversidad.

Con una buena reforma de la Constitución, todos estaríamos más satisfechos y nos sentiríamos más comprometidos y corresponsables con respecto a la ley que debe regular la convivencia y nuestro sistema de garantías.