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Las tres tortugas bobas

04.11.2017
Gregorio Morán
7 min

No sé por qué los tomamos en serio. Es verdad que han puesto la economía en el punto del colapso, que han logrado abrir en canal la ciudadanía mostrando las vergüenzas de una sociedad antes pudorosa, también consiguieron retar al Estado en romerías cansinas donde se repetían coplas dignas de cabreros, con un tufo montaraz que emulaba el carlismo adaptado a abades y abadesas.

Todo eso es cierto, pero la historia probablemente los sitúe en su lugar de émulos de Pitarra; un cómico tan desconocido en las Españas, como dicen los más leídos de seminario y sacristía, como ajeno a estos sabios de aldea. Recuerdo aún la campaña, vieja de varias décadas, encabezada por algunos talentos de secano, sobre la necesaria retirada de la E de España ¡en las matrículas de los coches! Como se ve, y entonces nos pareció una niñería de conductores malcriados, era un modo de llamar la atención sobre la identidad aplastada por las escuelas de conducir. Los muchachos, a la sazón muy tiernos, ya apuntaban maneras.

El pasado lunes, mientras explotaba el confeti de la independencia, la playa de San Carlos de la Rápita, costa de Tarragona, echaba a la mar tres tortugas bobas, especie animal marina que en ocasiones se engancha en las redes de los marineros y, cuando son gente proba de su oficio, suelen entregar al centro de recuperación de animales marinos, sito en el Prat. ¡Vaya lugar para instalar una sede marítima! Pero lo cierto es que unos y otros hicieron bien su trabajo y se pudieron salvar las tres tortugas bobas, bautizadas con los nombres de Kika, Fortunata y Marta, de un peso considerable, entre los 22 y los 40 kilos.

Después de provocar un incendio social y político, el pirómano huye y deja a sus cómplices en la estacada

La casualidad en ocasiones se parece al destino. Desconozco por qué se llaman "bobas" a cierto tipo de tortugas, pero como estoy al tanto de los bobos que nos rodean, porque los sufro, me cabe entender por qué ese día se abrió con tal novedad un informativo de TV3; "la nostra", que nos amenaza por más que la paguemos a un precio exorbitante dada su inanidad y su pésima intención. Sin pretenderlo, porque sería un gesto de gallardía ausente de todas las televisiones autonómicas por derecho de nacer, que hubiera escrito Calderón, pero lo cierto es que la metáfora de las tortugas bobas me llevó de cabeza a personalizarlas.

Imagínense que las tres tortugas bobas fueran el día de su vuelta al mar --¿rumbo a Ítaca? ¿o sencillamente al carajo?-- el expresident Puigdemont, el exvicepresidente Junqueras y la presidenta del Parlament, Forcadell. Avanzaríamos mucho en nuestra salud mental y en el desarrollo interrumpido del sentido del humor si nos dejáramos de zarandajas y pusiéramos a cada cual en el lugar que le corresponde. Detengámonos un momento en la trasmutación de las simples almas de Kika, Fortunata y Marta en sus equivalentes políticos.

No sé si la indignidad de Puigdemont equivale a los comportamientos de una tortuga por más boba que sea. Porque existe una dignidad de los animales que en ocasiones, muchas, los humanos no alcanzamos. Después de provocar un incendio social y político, el pirómano huye y deja a sus cómplices en la estacada. Es obvio que no sólo existe el riesgo de fuga que provoca la detención inmediata sino que el principal culpable es el primero que delata ante jueces y fiscales el camino a emprender. Poner tierra por medio y no avisar a sus cómplices para que opten en la medida más ajustada a su capacidad de transgresión.

¿Para cuándo la relación de los doscientos y pico asesores que, sin tener ni idea de cómo se lee una partitura, han ocupado sus asientos para mayor gloria de las tortugas acojonadas?

El delincuente convicto y confeso deja a los pies de los caballos de la judicatura, siempre implacable y arrolladora, a sus compañeros de aventura circense. Unos para cumplir el victimario del payaso que se lleva los golpes y la otra para anunciar los números que van saliendo a la pista. De orquesta, un conjunto sinfónico a lo Bruckner, centenario en músicos, sin otra partitura que repartirse las arcas del erario público. ¿Para cuándo la relación de los doscientos y pico asesores que, sin tener ni idea de cómo se lee una partitura, han ocupado sus asientos para mayor gloria de las tortugas acojonadas?

Como ocurre con los asesores de Estado, estos otros del jefe de tribu jamás aparecerán negro sobre blanco. Forman la red más sólida de la estructura mafiosa que gobiernan los impunes y que siempre se salvan de la quema, incluso no pierden sus trabajos; sencillamente se los intercambian. En ellos, en su voracidad de animales marinos, en su impavidez, está el secreto de las tortugas bobas. No los tomen en serio, pero protejan sus carteras.

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¿Quién es... Gregorio Morán?
Gregorio Morán

Gregorio Morán Suárez (Oviedo, 1947) publicó durante casi treinta años --y hasta julio pasado-- sus populares 'Sabatinas Intempestivas' en 'La Vanguardia'. Es autor de diferentes libros sobre la dictadura y la transición a la democracia en España. Entre ellos, 'Adolfo Suárez: historia de una ambición' (1979), que constituyó una de las primeras biografías sobre el que fuera presidente del Gobierno español y uno de los artífices del tránsito a la democracia y la Constitución de 1978. Treinta años después regresó con una actualización del mismo personaje en 'Adolfo Suárez: ambición y destino' (2009). Formó parte activa de los movimientos contrarios al franquismo y militó en el Partido Comunista de España (PCE), donde después de años en el exilio parisino abandonó la pertenencia a finales de 1976, poco antes de su legalización definitiva. En su recorrido por los medios de comunicación, también ha sido articulista de 'Mundo Obrero', 'Cambio 16' y 'Diario 16', entre otros.

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