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Son como niños

10.03.2018
Gregorio Morán
6 min

Hemos pasado, en una especie de salto de la rana, a un nuevo estadio. Antes cofradía de payasos con fronteras, ahora a vivir el dominio de los niños. Niños perversos, pero niños al fin y al cabo. En política, el principio de realidad es el más potente y se necesita mucho empeño y paciencia para lograr transgredirlo. Además, exige unas condiciones favorables que lo faciliten. Nada de esto se da, pero no importa. Seguiremos dando la matraca, como los niños malcriados.

Conforme se va echando luz sobre la conspiración que organizó la fallida rebelión, más parece que estos niños, ya talluditos, hicieron lo que les vino en gana en el terreno de la mentira. ¿Se acuerdan de los aviones que volaban a baja altura sobre Girona? ¿Y del centenar abundante de heridos, la mayoría graves, que el valiente Comín contabilizó en un ejercicio de trapecista sin red ni vergüenza? Ahora sabemos que fue Puigdemont quien garantizó a los suyos que los tanques entrarían por la Diagonal apenas iniciaran la desconexión. Como si fueran niños en el patio del colegio.

A mí, no obstante, la idea más infantil de cuantas se han ido pariendo me parece que le corresponde al secretario de Hacienda de la Generalitat, Lluís Salvadó. Desconozco si tal cerebro de estadista sigue siendo algo además de feminista. A él se debe la idea que no generó que le invitaran a tila con chorrete de Aromas de Montserrat, que fue no obstante muy bien recibida en la pandilla colegial: "Vamos a colapsar Europa".

Nadie en política y mucho menos en la Hacienda podría hacer una afirmación tal sin que fuera ingresado en un centro psiquiátrico por megalomanía en grado superlativo. Los delirios de grandeza, cuando producen agresividad social, deben ser tratados en los hospitales y no en los parlamentos. Lo primero que hacen los niños es perder el sentido de la realidad y engrandecer hasta el delirio a padres, abuelos y bisabuelos. Quizá eso explique por qué algunos ayuntamientos no sólo planteen matar al padre --que en muchos casos no tendría nada de freudiano porque sería como matar a la gallina de los huevos de oro que les da de comer y dinero para gastos-- sino también eliminar simbólicamente la memoria hasta los tatarabuelos, como en la estrafalaria defenestración del Marqués de Comillas. ¡Como sigan la racha se quedarán sin estatuas y sin fondos para menesteres que no contenten a la chiquillería política!

Los personajes de esta farsa infantil son tan iguales en su inanidad que pueden desaparecer sin dejar rastro y sin que los vasallos se pregunten qué ha sido de ellos

Es propio de los niños el aceptar las tonterías de los padres para luego magnificarlas. Sólo los niños listos no se conforman con las respuestas a sus porqués. Eso explicaría la ausencia de preguntas comprometidas a los actuales líderes del independentismo: ¿hasta cuándo seguirán ustedes mareando la perdiz? Con un líder, desconocido hasta anteayer, al que nadie de los suyos se atreve a preguntar por qué ha dejado al pairo a una coalición que él instrumenta a voluntad, como si fuera un Napoleón de aldea y ellos súbditos del emperador del hospital, con su gorro de papel y su espada de madera.

Los personajes de esta farsa infantil son tan iguales en su inanidad que pueden desaparecer sin dejar rastro y sin que los vasallos se pregunten qué ha sido de ellos. La dirigente de la CUP Anna Gabriel abandona sus responsabilidades y se disfraza de señora Pepis para entrar en Suiza y hacer carrera académica. Está en su derecho pero ¿nadie de los suyos pregunta por qué? Los creyentes tienen una fe tan acendrada que perdonan a sus profetas con la misma fidelidad con la que aceptan sus creencias.

Como en el mundo de los niños, todo es de quita y pon. Lo que hagan sus jefes bien hecho está y en ese mundo de certezas no cabe la duda. Son insultantes con los que abandonan la tribu pero serviles con quien domina la grey. Se retiran en bien de sus intereses o continúan la partida por lo mismo, pero ellos, fieles, seguirán con su pajarito amarillo y su banderita y su letanía. Por algo se empieza para colapsar Europa. Lo primero es aburrirla de puro repetirse. Fíjense que hasta Rajoy, el cansino, quiere quitarse de encima el 155, y no es precisamente por la rebelión fallida sino por el engorro cotidiano. Hay un par de centenares de catalanes que viven bien y cobran bastante más que un pensionista por conspirar mañana, tarde y noche, como los tertulianos.

Nada es seguro ni nada es trascendente, pero cada día nos puede deparar una nueva machada  El lunes iba a haber supuestamente una pantomima de elección en el Parlament. Ahora, finalmente no. ¿Los niños seguirán con su juego o se aburrirán? Nadie lo sabe. Ni ellos mismos.

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¿Quién es... Gregorio Morán?
Gregorio Morán

Gregorio Morán Suárez (Oviedo, 1947) publicó durante casi treinta años --y hasta julio pasado-- sus populares 'Sabatinas Intempestivas' en 'La Vanguardia'. Es autor de diferentes libros sobre la dictadura y la transición a la democracia en España. Entre ellos, 'Adolfo Suárez: historia de una ambición' (1979), que constituyó una de las primeras biografías sobre el que fuera presidente del Gobierno español y uno de los artífices del tránsito a la democracia y la Constitución de 1978. Treinta años después regresó con una actualización del mismo personaje en 'Adolfo Suárez: ambición y destino' (2009). Formó parte activa de los movimientos contrarios al franquismo y militó en el Partido Comunista de España (PCE), donde después de años en el exilio parisino abandonó la pertenencia a finales de 1976, poco antes de su legalización definitiva. En su recorrido por los medios de comunicación, también ha sido articulista de 'Mundo Obrero', 'Cambio 16' y 'Diario 16', entre otros.

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