Rajoy y el clan de los mentirosos

14.04.2018
Gregorio Morán
7 min

Hay que buscar mucho en nuestra historia para encontrar un tipo como Mariano Rajoy. Yo llego hasta la Restauración de finales del XIX para dar con algún espécimen que reuniera esas condiciones de indolencia, torpeza y cobardía, sobre todo cobardía, que caracterizan la singularidad del político más soberbio e inútil que nos ha deparado la democracia. Es posible que haya algún hombre público del Partido Popular que sea honrado y hasta digno, dentro de los escasos límites que le consiente el clan de los mentirosos que acaudilla Rajoy --¿acaso no había gente honrada en aquel comedero patriótico que se llamó Convergència?--. Pero de lo que no hay duda es que lo tienen muy difícil para serlo y aún más para demostrarlo.

La vertiginosa ruta de Mariano Rajoy a la cabeza del partido más votado de España se reduce a un punto, el mismo en el que asienta sus posaderas. No hay más mundo para el actual PP que aquel que sustenta el culo de su presidente. Lo demás queda fuera. Es la estrategia del cobarde. Jamás tomes una decisión porque eso puede alterar el curso de las cosas. En última instancia siempre quedará el postrer día, la hora final, el minuto embarazoso donde los malditos, es decir, todos aquellos que no viven de y por el campo de atracción que está ubicado en su trasero, le obliguen a tomar una decisión. ¿Que la mierda de sus colegas corruptos apesta? Pues esperemos a que todo el mundo ponga el pañuelo en la nariz para evitar el hedor y así no nos adelantaremos a los acontecimientos.

La suerte de Rajoy no es que haya hecho independentistas, como dicen los que miran el dedo y no la luna, sino que gracias a los independentistas Rajoy tiene un apoyo que de otro modo no tendría

Porque los acontecimientos son para Rajoy un virus tan pernicioso que le obliga a actuar y él desea que las cosas vayan tan cosidas y previsibles como los documentos del registro de la propiedad. A veces uno se pregunta por qué un cobarde patológico, que detesta meterse en jarana y decidir, osó un buen día lanzarse a la pelea política. ¿Por una partícula de su ADN familiar? ¿Porque se aburría de jugar al dominó? Las razones pueden ser de ese jaez porque no se trata sólo de un hombre con escondida voluntad de poder sino de un hombre sin atributos, el ideal del funcionario opositor que está al tanto de que la cucaña tiene un límite y no se puede subir más de lo que permite el escalafón.

No es el jefe de un partido político, siempre atento a lo que susurra la opinión y al afán de no perder comba para ganar siempre. Lo suyo es otra cosa que tiene más que ver con el capo de un clan de mentirosos redomados que se esfuerzan en demostrar día tras día que no es por sus méritos, ¡menos aún por sus másteres!, por lo que están donde están, ni siquiera por la ceguera suicida de los votantes sino porque el gran culo de Rajoy les ha animado a ponerse debajo hasta que los aplaste.

Que la universidad, antes y después de Bolonia, era un comedero con garantía de jubilación y un buen pasar entre revistas indexadas y golferías de club de ambiciosos sin audacia, estaba en la mente de todos, empezando por los propios interesados, que no se cortaban un pelo contándolo tras la segunda copa. Encontrar un titulado decente y sin dependencias de quien le prohijó es algo tan difícil como lo del militante honrado de un partido en el gobierno, pero la universidad tenía la franquicia de reservado el derecho de admisión y la omertá que cubre los diversos cuerpos de la administración. Son funcionarios y por esencia atentos a las palpitaciones del poder. Sus veleidades de honestidad e independencia se pasan al tiempo que la resaca. ¿Qué catedrático egregio pondría pegas a una titulación tan digital como un máster? Si además no son presenciales, entonces miel sobre hojuelas y se puede hacer la trampa con la discreción que exige una estafa burocrática.

Lo único llamativo es el afán de ser putas o chaperos y hacerse pasar por señoritas de compañía y caballeros sin tacha. Además de corruptos, titulados impunes

La prevaricación es más un pecado que un delito, y a las experiencias me remito. Lo de Cristina Cifuentes abre la caja de los truenos y amenaza, dicen, al prestigio académico. Boberías. No amenaza nada porque la colusión entre cargos universitarios y cargos políticos es tan estrecha que uno parece la piel de los otros. Lo único llamativo es el afán de ser putas o chaperos y hacerse pasar por señoritas de compañía y caballeros sin tacha. Además de corruptos, titulados impunes.

La suerte de Rajoy no es que haya hecho independentistas, como dicen los que miran el dedo y no la luna, sino que gracias a los independentistas Rajoy tiene un apoyo que de otro modo no tendría. Nadie se imagina a Sánchez gobernando. Con la frivolidad de Zapatero ya hubo bastante.

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¿Quién es... Gregorio Morán?
Gregorio Morán

Gregorio Morán Suárez (Oviedo, 1947) publicó durante casi treinta años --y hasta julio pasado-- sus populares 'Sabatinas Intempestivas' en 'La Vanguardia'. Es autor de diferentes libros sobre la dictadura y la transición a la democracia en España. Entre ellos, 'Adolfo Suárez: historia de una ambición' (1979), que constituyó una de las primeras biografías sobre el que fuera presidente del Gobierno español y uno de los artífices del tránsito a la democracia y la Constitución de 1978. Treinta años después regresó con una actualización del mismo personaje en 'Adolfo Suárez: ambición y destino' (2009). Formó parte activa de los movimientos contrarios al franquismo y militó en el Partido Comunista de España (PCE), donde después de años en el exilio parisino abandonó la pertenencia a finales de 1976, poco antes de su legalización definitiva. En su recorrido por los medios de comunicación, también ha sido articulista de 'Mundo Obrero', 'Cambio 16' y 'Diario 16', entre otros.

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