El 'mantra' de los idiotas

Gregorio Morán
14.10.2017
6 min

El surrealismo ha sido fecundo en el terreno del arte y la literatura pero aplicado a la política se tradujo siempre en irresponsabilidad y aventurerismo, incluso algunas veces trágico. La historia de España está llena, durante el siglo XX, de gestos surrealistas que acarrearon consecuencias desoladoras. Ahora, en el XXI, hemos vivido momentos de alto voltaje surrealista --la corrupción endémica o la crisis bancaria, sin ir más lejos--, luego llegó lo que estamos viviendo en Cataluña.

Un president de la Generalitat dice que declara la República catalana pero lo enuncia en tales términos que no se sabe si lo dice en serio o amaga con hacerlo. Hasta tal punto que sus propios partidarios no tienen la certeza aún de si lo ha proclamado o si va a considerarlo en "las próximas semanas". Una duda que ha dejado al personal adversario en la creencia de que el president está encerrado con su propio juguete y no está dispuesto a que se lo quiten. Una niñería de recién sobrevenido a la política, a quien nadie, fuera de su ámbito personal, conocía ni esperaba nada que no fuera su mediocridad de alcalde por corrimiento de escala, como en el ejército, donde uno asciende a partir de la vacante que deja el inmediato superior.

Las sociedades frágiles se distinguen, entre otras cosas, por un alto concepto de sí mismas, atufadas de profecías autocumplidas, que se basan en el orgullo de sentirse diferentes porque así lo han decidido. Un proceso tortuoso que pasa por una etapa que se acerca al surrealismo: ellos deciden quiénes son sus enemigos, que no son otros que aquellos que les impiden ser plenamente como quieren ser y no como son.

Un president de la Generalitat dice que declara la República catalana pero lo enuncia en tales términos que no se sabe si lo dice en serio o amaga con hacerlo

Esta sociedad nuestra está llena de gentes que se inventaron a sus enemigos y eso no tiene más tratamiento que el psiquiátrico. Que los dos bancos más importantes de Cataluña hayan abandonado el territorio, ellos que tanto alimentaron soterradamente al victimario nacionalista con fondos del Estado, es una manifestación de desvergüenza; lo que en el mundo bancario se califica como la defensa de los fondos amenazados por la irresponsabilidad de sus líderes, los mismos que se lucraron con sus complicidades. Un gesto de cinismo. Pero lo que entra de lleno en el surrealismo es que el vicepresidente, señor Junqueras, de aspecto abacial y acendrada religiosidad, sostenga que al fin y al cabo los dos bancos han llevado sus sedes a los Países Catalanes, porque uno se fue a Valencia y el otro a Mallorca.

Esta gente no respira realidad. No ya realismo sino sentido común, que aseguran es el menos común de los sentidos. Lejos de ellos cualquier tentación revolucionaria; son reaccionarios de cuna y en ese ámbito se mueven con soltura, porque vivimos en una sociedad cómoda y autosuficiente. Me refiero a ellos y a los suyos, porque el resto de la ciudadanía, que sigue siendo mayoritaria, ha de pechar con las necesidades cotidianas que son las que menos preocupan a esta panda de descerebrados cuyos jefes y promotores aspiran a la amnistía que les libre del peso de la justicia.

Donde no se respira realidad se acaba abandonando la memoria, esa memoria que nos obligaría a recordar a aquellos diputados insultados, escupidos y humillados, cuyo president y conseller de Interior hubieron de entrar por el cielo, en helicóptero, en ese mismo parlamento luego convertido en circo mediático donde exhibir el patetismo de unos payasos.

Donde se ha alcanzado la cima del surrealismo en política, allí donde se alcanza sin más el territorio de la idiotez, es en el mantra que considera a Rajoy como el fabricante principal del independentismo

Pero donde se ha alcanzado la cima del surrealismo en política, allí donde se alcanza sin más el territorio de la idiotez, es en el mantra --convertido en verdad de fe por los conversos a la causa del nacionalismo bajo en calorías-- que considera a Mariano Rajoy como el fabricante principal del independentismo. Ni Pujol, ni el abad de Montserrat, ni los desmadrados medios de comunicación al servicio de una Generalitat de reclutas sin fronteras, por citar los más emblemáticos entre otros muchos. El principal creador de independentistas es el enemigo al que no se atreven, ni quieren, ni pueden abatir, Mariano Rajoy. Un político menguado que lo único que puede exhibir es su veteranía, sus modos de registrador de la propiedad y su horrendo castellano de jugador de mus.

Cuando la idiotez se hace ideología, llegan los mantras, esa herencia budista que la psicología vulgar ha convertido en lemas para gente poco dada a pensar por sí misma, y entonces ocurre que las inteligencias perezosas, idiotizadas, no se dan cuenta de que están inventando un personaje que acabará enterrándolos.

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¿Quién es... Gregorio Morán?
Gregorio Morán

Gregorio Morán Suárez (Oviedo, 1947) publicó durante casi treinta años --y hasta julio pasado-- sus populares 'Sabatinas Intempestivas' en 'La Vanguardia'. Es autor de diferentes libros sobre la dictadura y la transición a la democracia en España. Entre ellos, 'Adolfo Suárez: historia de una ambición' (1979), que constituyó una de las primeras biografías sobre el que fuera presidente del Gobierno español y uno de los artífices del tránsito a la democracia y la Constitución de 1978. Treinta años después regresó con una actualización del mismo personaje en 'Adolfo Suárez: ambición y destino' (2009). Formó parte activa de los movimientos contrarios al franquismo y militó en el Partido Comunista de España (PCE), donde después de años en el exilio parisino abandonó la pertenencia a finales de 1976, poco antes de su legalización definitiva. En su recorrido por los medios de comunicación, también ha sido articulista de 'Mundo Obrero', 'Cambio 16' y 'Diario 16', entre otros.

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